La cultura íbera es el resultado de la sucesión de culturas desarrolladas en la Península ibérica desde la antigüedad, creándose como tal a partir de los primeros contactos con fenicios, etruscos, griegos y púnicos (s. X al VI a.C).

En el siglo V a.C. se puede hablar ya de una cultura completamente íbera, la influencia mediterránea es lo que da a la cultura íbera una cierta unidad cultural, pero la diferencian del resto de culturas mediterráneas por sus orígenes remotos en el neolítico, y a su vez en el paleolítico.

La lengua se cree que tuvo su origen en la cultura centroeuropea de Campos de Urnas, los análisis genéticos corroboran estas influencias, sin perder el sustrato lingüístico que habría antes de la llegada de estas gentes.

El desciframiento de la escritura ibérica, se inicia al menos 400 años atrás durante el Renacimiento. Entonces los estudiosos de la Antigüedad empezaron a interesarse por las monedas antiguas de Hispania, un buen número de las cuales llevaban leyendas escritas en unos signos que a diferencia de las griegas y latinas, no les eran comprensibles, lo que hoy llamamos escritura ibérica y que ellos denominaron «caracteres primitivos hispánicos».

Algunos vieron que ciertos signos de esta escritura ibérica presentaban semejanzas formales con las escrituras fenicia y griega, y eso propició algunos intentos de desciframiento. Quizás el primero en intentarlo fue Antonio Agustín, quien en 1.587 sugirió que la leyenda de una moneda hallada en Ampurias, que hoy leemos untikesken, significaba enporon, Ampurias en griego; Agustín lo adivinó a partir del parecido de los signos para la “n”, aunque no podía interpretar los demás. Con ese mismo método también identificó las letras s y ś. Después Vicencio Juan de Lastanosa hizo una importante recopilación numismática, el Museo de las medallas desconocidas españolas (1.645). A lo largo del siglo XVIII fueron varios los autores que se ocuparon de estos temas, haciendo aportaciones muy significativas. Luis José Velázquez, en un ensayo de 1.752, defendió el origen griego y fenicio de las antiguas escrituras hispánicas. Aunque su propuesta de desciframiento no era adecuada, al menos la vinculación con la escritura fenicia era correcta, pues hoy sabemos que en ella está el origen último de las antiguas escrituras hispánicas. Además, la semejanza formal con el griego y el fenicio le permitió identificar correctamente los signos ibéricos para los valores a, e, r y l.

El valenciano Gregorio Mayans Siscar, uno de los estudiosos más importantes de la epigrafía antigua de España, alardeaba en una carta que escribió a un amigo suyo en 1.759: «Vuestra merced no se canse de interpretar las monedas antiguas españolas, porque esa gloria la tiene Dios reservada para mí, cuando quiera emplear en ese estudio tres o cuatro meses». Sin embargo, en vez de tres o cuatro meses, habría que esperar más de 150 años para que la interpretación de las leyendas de esas monedas se hiciese realidad. También hubo autores que formularon hipótesis fantasiosas, como Juan Bautista de Erro, que en 1.806 rechazaba el origen griego y fenicio de la escritura ibérica y defendía lo contrario, que era la escritura griega la que procedía de la española antigua.

El estudioso francés Aloïss Heiss, en una obra de 1.870, incluía una tabla de leyendas de monedas en la que prácticamente todos los signos ibéricos estaban correctamente transcritos, pero fallaba una cosa: Heiss no se percató de que la escritura ibérica era una combinación de signos alfabéticos y silábicos, algo inesperado. Otro estudioso, el español Jacobo Zóbel, en un libro publicado en 1.880 descifró correctamente las vocales, varias consonantes (l, n, m, s y ś) e incluso algunos signos silábicos (ka, ke, ko y du). Por su parte, el alemán Emil Hübner, en la gran recopilación de inscripciones ibéricas que publicó en 1.893, afirmó que la escritura ibérica procedía de la fenicia y no de la griega, pero no tuvo en cuenta las propuestas de interpretación en clave silábica que ya habían puesto en circulación otros autores. Por otro lado, estudió las leyendas de las monedas siguiendo la estela de un autor anterior, Antonio Delgado. En su nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, publicado en tres tomos entre 1.871 y 1.879, Antonio Delgado había desarrollado la idea de que en muchos casos las monedas con leyendas ibéricas procedían de la misma ceca o lugar de emisión que otras monedas con leyendas latinas, puesto que presentaban el mismo tipo de imágenes y tenían un área de dispersión similar. Esto significaba que el nombre de la localidad que figuraba en las monedas debía ser el mismo. Todo este trabajo previo sirvió de base a los estudios del arqueólogo e historiador español Manuel Gómez-Moreno, quien comprendió que este hecho podía constituir la clave para progresar en la interpretación de la escritura ibérica. Comparando las leyendas de monedas ibéricas y latinas producidas en una misma ceca, elaboró un cuadro de equivalencias fonéticas entre los signos de las leyendas de monedas ibéricas y los valores que, de acuerdo con las leyendas latinas correspondientes, era probable que tuvieran.

En la década de 1940, Gómez-Moreno estableció los valores fonéticos del conjunto de los signos de la escritura, de manera que ahora sabemos como deben pronunciarse términos como ekusu y karkoskar. Desgraciadamente, nuestra ignorancia de la lengua ibérica nos impide comprender el significado de estas palabras y el de los numerosos textos ibéricos que se han localizado, inscritos en láminas de plomo, cerámicas, monedas y lápidas.

Por otro lado, Gómez-Moreno vio bien claro que existían al menos dos variedades de escritura diferentes, la que él denominaba “tartésica” y la que propiamente llamamos ibérica. En un artículo publicado en 1.943 realizó una comparación de la escritura ibérica con otras escrituras del Mediterráneo.

Hoy en día sabemos que no hubo un solo sistema de escritura en la Hispania antigua, es decir, no hubo una única escritura ibérica. La que descifró Gómez Moreno es la escritura ibérica levantina, empleada para escribir tanto la lengua ibérica como la celtibérica; en ella están escritas la mayor parte de las inscripciones paleohispánicas que conocemos hoy.Escritura Ibero levantina.

La gramática y el vocabulario de la lengua ibérica siguen siendo en su mayor parte un enigma. En el caso de las otras variedades de antiguas escrituras hispánicas, la hoy denominada meridional y la llamada escritura de las estelas del suroeste o tartésica para otros autores, subsisten todavía muchas dudas en cuanto a la interpretación de varios de sus signos.

Tampoco se puede asegurar que los signos encontrados sean autóctonos, ya que la península Ibérica siempre ha sido un “puente” intercontinental, lugar de paso, encuentro, asentamiento y mestizaje con otros pueblos. A pesar de que los pueblos íberos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. Los íberos fueron pueblos que evolucionaron desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de estructuras proto-estatales, viéndose ayudados por la influencia de los fenicios y luego de griegos y púnicos, que traerán consigo elementos como bienes de prestigio, que ayudarán a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.

Algunos estudiosos han sugerido la posibilidad de que los íberos podían tener su origen en el norte de África, pero los análisis genéticos de Igenea descartan por completo esta hipótesis. No existen por vía materna, los halogrupos U6 ni L de origen africano, en Igenea emparentan a los íberos con los celtas o incluso con los aquitanos.

Los iberos inicialmente se habrían asentado a lo largo de la costa oriental de España y más adelante se propagaron por la península ibérica. Los halogrupos más característicos de los íberos, son el R1b, H, T, U, V. Pudieron desplazarse hacia regiones que no ocupaban antiguamente, R1b y T son dos linajes con orígenes diferentes y ambos se considera que estaban en la Península en esa época, y también los maternos H, U y V, así como desaparecerían los I paternos y K maternos que en la antigüedad podrían haber sido los más comunes en el norte de la península.

No podemos conocer la composición genética de un íbero por los tests de Igenea. A lo sumo se puede intuir por los linajes directos que nos han llegado, pero los autosomas que es “la composición” aún no se puede completar. Según la publicación por Annals of Human Genetics, la composición genética de los íberos por vía materna era: H (52.9%); U (17.6%); J (11.8%); pre-HV (5.9%); K (5.9%); T (5.9%).

Se afirma que los íberos formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y fueron los creadores de la gran cultura megalítica que surge en toda esa zona, una teoría respaldada por estudios genéticos. Esos íberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente (según la interpretación más tradicional), los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones, en el siglo IX y el VII a.C. y se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el Ebro, donde se mezclaron con los íberos para conformar el grupo Celtíbero.

+INFO:https://cosmoecologos.wordpress.com/2013/09/09/pueblos-de-la-peninsula-iberica/

Fuentes:
http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5716/1/Lucentum_25_02.pdf
www.igenea.com
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-escritura-de-los-iberos_8742/6

Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), nació el 10 de abril de 1.870 en Simbirsk, la ciudad pasó a denominarse Uliánovsk en mayo de 1.924 en honor a Lenin. Su padre, un liberal partidario de las reformas del zar Alejandro II, era inspector escolar, cargo relativamente alto en el escalafón de la burocracia imperial que llevaba aparejado el título de “su excelencia” lo que lo equiparaba a la pequeña nobleza. Su ascenso en el funcionariado estatal lo había llevado a alcanzar la nobleza hereditaria en 1.874.

Nikolái Uliánov, el abuelo paterno de Lenin, hijo a su vez de un siervo de Astrakán, era en parte calmuco, pueblo de etnia mongol. Su abuelo materno Aleksandr Blank (hijo de Moishe Blank, un comerciante de Volinia), era un médico de origen judío convertido al cristianismo, casado con Ana Groschop de familia luterana alemana. Blank se enriqueció, llegó a ser consejero de Estado y en 1.847 se retiró a sus posesiones de Kokúshkino, en Kazán, hacienda donde Lenin pasó parte de su juventud. Su familia era una mezcla de las etnias y tradiciones religiosas que conformaban entonces el Imperio ruso. El mismo Vladímir, conocido de pequeño por su diminutivo Volodia, fue bautizado por el rito de la Iglesia ortodoxa rusa.

El fuerte de Simbirsk fue construido en 1.648 sobre una colina situada en la margen occidental del Volga, con el propósito de proteger el límite oriental del naciente Imperio ruso de las tribus nómadas nogayas.

Los nogayos o nogayes, nogay, en ocasiones también conocidos como “mongoles caucásicos”, son un pueblo túrquico y un importante grupo étnico en la región de Daguestán; hablan el nogayo, y descienden de los cumanos que se mezclaron con sus conquistadores mongoles y formaron la Horda de Nogay.

Nogayo es una palabra que se deriva de Nogai Khan, un general y dirigente mongol de la Horda de Oro descendiente de Gengis Khan.

Kan o jan, es en origen un título turco-mongol que significa ‘máximo gobernante’. Con frecuencia lo encontramos transcrito com khan, en turco moderno se escribe han.

Un kan controla un kanato (o jaganato). Un gran Kan equivaldría a emperador. Los más conocidos que han poseído el título de kan han sido Gengis Kan y su nieto Kublai Kan. El primero fundó el Imperio mongol y el segundo la dinastía Yuan en China. El último en utilizar el término fue el Bogd Khan, último emperador de Mongolia.

En Turquía, el término Khan todavía es escrito como Hanım en turco. Es también uno de los numerosos títulos usados por los sultanes otomanos, así como por los jefes de la Horda de Oro y sus descendientes. Entre los turcos selyúcidas era el título usado por los jefes de tribu, clan o nación, y estaba por debajo del rango de atabeg. Lo mismo ocurría entre los manchúes (que lo pronunciaban han). Los gobernantes ávaros y jázaros usaban el título jagan.

En Persia, Khan era el título nobiliario más importante y generalmente utilizado después del nombre. En la corte de Qajar era para aquellos que no pertenecían a la dinastía.

La Horda de Nogay apoyó al Kanato de Astrakán, hasta su caída a manos de los rusos en 1.556, fue entonces que pasó a ofrecer su lealtad al Kanato de Crimea. Los nogayos protegieron sus fronteras septentrionales y organizaron incursiones por la estepa a fin de evitar asentamientos eslavos. Durante ese tiempo, muchos nogayos emigraron a la península de Crimea para servir como soldados de caballería al kan. Una vez establecidos ahí, contribuyeron a la integración de los tártaros de Crimea. 

Sin embargo, los nogayos no solo eran buenos soldados, sus habilidades como agricultores también eran apreciables; tenían buenos conocimientos sobre el crecimiento de los granos y de irrigación de las áridas estepas que habitaban, también se dedicaban al cuidado de varios tipos de ganado.

A principios del s. XVII, los antepasados de los calmucos, los oiratos, emigraron de las estepas del sur de Siberia, a orillas del río Irtysh, a la región baja del Volga, a donde llegaron alrededor del año 1.630. Existen distintas propuestas sobre los motivos de esta migración, pero por lo general se cree que los calmucos abandonaron sus tierras en busca de mejores pastos para su ganado. Sin embargo, las tierras a las que llegaban estaban en el territorio nacional de la Horda de Nogay. Así pues, los calmucos las invadieron y expulsaron de la región a los nogayos, quienes huyeron hacia las llanuras al norte del Cáucaso y hacia el Kanato de Crimea, áreas bajo el control del Imperio Otomano, mientras que otros grupos buscaron la protección de la guarnición rusa de Astrakán.  Y los remanentes de las tribus túrquicas que permanecieron en sus tierras pasaron a ser vasallos del Kan de los calmucos.

Tras la anexión rusa de Crimea, las tierras de los nogayos fueron confiscadas; sus tierras de pastoreo, ocupadas por colonos eslavos, posteriormente los rusos los obligaron a sedentarizarse. En 1.783, el general ruso Aleksander Suvórov masacró a varios miles de rebeldes nogayo-kubaneses. Muchas tribus nogayas se refugiaron entre los circasianos durante ese tiempo, y otros clanes comenzaron a emigrar hacia el Imperio turco otomano. Se estima que 7.000 nogayos, buyakos y yedisanos se instalaron en Dobruja antes de 1.860. La mayoría de estos nogayos volverían a emigrar más tarde hacia Anatolia. El mayor éxodo de nogayos tuvo lugar en 1.860, cuando varios clanes yamboilucos y kubaneses bajaron de Ucrania, invernando en territorio de sus co-etnias en 1.859, más de 50.000 que vivían en Kubán y la región adyacente de Stávropol emigraron al Imperio turco en ese periodo. Estas migraciones indujeron a los nogayos de Crimea (quienes vivían en los distritos de Eupatoria, Perekop y norte de Simferópol) y del sur de Ucrania a emigrar también. Más de 300.000 tártaros crimeos (entre los que se incluían nogayos) abandonaron Crimea. Los nogayos dejaron de poblar el sur de Ucrania en 1.861. Otros clanes nogayos emigraron directamente del Cáucaso a Anatolia, junto con los circasianos. La religión de los nogayos es el Islam sunita.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Lenin

           Ruta de la Seda (amarillo) Ruta de las Especias (azul)

El Próximo Oriente (Siria, Fenicia, Tierra Santa, Egipto, etc.), era la “última parada” de las mercancías orientales antes de su embarque final hacia los puertos europeos. Las cruzadas fueron en buena parte una maniobra europea para controlar el comercio de los puertos orientales.

Las rutas comenzaban en India y China y terminaban principalmente en el Imperio Bizantino y las repúblicas marítimas italianas. También se comprende la debacle que supuso para Europa que los turcos conquistasen Próximo Oriente. Las rutas desde China hacia el Índico pasan por las actuales Pakistán y Bangladesh, dos países que los británicos se preocuparon de separar del resto de India. Dicha división territorial tuvo por objetivo enfrentar irremisiblemente a China con India.

Gracias al Imperio Bizantino y a las cruzadas, Europa dominó durante mucho tiempo el Mediterráneo Oriental, mantuvo un pie en Asia y, en general, tenía gran protagonismo en Oriente. Esto cambió radicalmente con la irrupción de los otomanos en el siglo XV. Con la caída de Constantinopla y otras importantes plazas como Rodas y Alejandría, en manos de los turcos, Europa perdió su conexión con Asia.

Al heredar Mehmed II la corona, decidió que Constantinopla tenía que ser como prometía el Corán, arrebatada por fin a los infieles. De nada sirvió la resistencia heroica del último emperador Constantino XI, y de sus hombres. Durante el saqueo de la ciudad que duró varios días, fueron asesinados alrededor de 5.000 ciudadanos de todas las condiciones, y el resto de la población, casi 50.000 personas fueron reducidas a la esclavitud. Mehmed, para divertirse, compró a sus hombres los nobles bizantinos que no habían podido escapar y les mandó ejecutar en su presencia, para a continuación reunir sus cabezas sobre una mesa expuesta al escarnio público. Constantinopla se había convertido en Estambul, y el sultán, a partir de entonces, fue llamado Hunkar, lo que quiere decir “bebedor de sangre”.

El Imperio Otomano bloqueó la Ruta de la Seda y la Ruta de las Especias, tomando el control de las principales mercancías de Oriente y enriqueciéndose a pasos agigantados mientras Europa se iba empobreciendo. Las relaciones con el Este se vieron truncadas. Con la complicidad de Inglaterra, Holanda, Francia y los poderes protestantes y judíos en general, los otomanos establecieron bases esclavistas en todo el Magreb, sembraron la desolación incluso en las costas españolas y convirtieron el Mediterráneo en un infierno. Muchos consideraron durante aquella época que la caída de Roma estaba cerca y que la Cristiandad tenía los días contados. Este conjunto de desgraciados sucesos es lo que forzó a algunas potencias europeas a echarse al Atlántico como última opción, con la intención original de encontrar otra ruta para llegar a las “Indias Orientales”.

La ruta de la seda dejó de servir como ruta marítima alrededor de 1.453. Los gobernantes otomanos eran anti occidentales, luchando contra los cruzados y conscientes de la pérdida de Andalucía, por lo que expresaron su descontento embargando el comercio con el oeste. Las cosas se aliviaron un poco casi un siglo más tarde, cuando Venecia fue capaz de cortar un trato difícil con los otomanos, recobrando por un tiempo parte de su peso económico como intermediarios.

En los tratados de Tordesillas (1.494) y Zaragoza (1.529), españoles y portugueses se repartieron el mundo. Los españoles pondríamos rumbo a Occidente y enlazaríamos España con Filipinas a través de las Américas y el Pacífico, mientras que los portugueses, sin saberlo, crearon la primera ruta desde Portugal a Japón. El objetivo era llegar a Extremo Oriente sin tener que pasar por el Mediterráneo Oriental, controlado por el Imperio Otomano.

Este fue el principal factor que impulsó las exploraciones portuguesas del océano Índico, incluyendo el mar de China, dando lugar a la llegada del primer barco mercante europeo a las costas de China en 1.513, bajo el mando de Jorge Álvares y Rafael Perestrello, seguido por la misión diplomática y comercial de 1.517 encomendada a Fernão Pires de Andrade y Tomé Pires por Manuel I de Portugal, la cual inauguró formalmente las relaciones entre el Imperio portugués y la dinastía Ming durante el reinado del emperador Zhengde. La entrega de Macao a Portugal en 1.557 por el emperador de China (como recompensa por los servicios prestados contra los piratas que invadían el mar de China Meridional) dio lugar al primer puesto comercial y marítimo europeo permanente entre Europa y China. Otras potencias europeas seguirían su ejemplo en los próximos siglos provocando la eventual desaparición de la Ruta de la Seda.

Asimismo, el viaje de Cristóbal Colón en 1.492 tenía como objetivo buscar una ruta comercial alternativa a China, desde España, a través del Atlántico. Hasta unos años después del descubrimiento de América, se pensó que la expedición de Colón había llegado al continente asiático. No fue hasta el descubrimiento del océano Pacífico por el español Vasco Núñez de Balboa (tras cruzar el istmo de Panamá) en 1.513, que cartógrafos y navegantes supieron que América era un “Nuevo Mundo”, situado entre Europa y Asia.

La búsqueda de una ruta marítima a China se retomó unos años más tarde, con la expedición de Magallanes y Elcano de 1.519 a 1.522, la primera en cruzar el Pacífico y la primera en dar la vuelta al mundo. Con el descubrimiento del ‘tornaviaje’, o ruta de regreso de Filipinas a México a través del Pacífico, a cargo de Andrés de Urdaneta en 1.565, se estableció la ruta del Galeón de Manila, la primera en cruzar regularmente el Pacífico en ambas direcciones, concretamente entre la Capitanía General de Filipinas y la Nueva España. Esta ruta a su vez enlazaba por tierra (a través de México) con la ruta de las Flotas de Indias que unían América y España a través del Atlántico, creándose así una gran ruta combinada de alcance mundial, entre Asia y España, que duró desde 1.565 hasta principios del siglo XIX. Esta gran ruta española es también uno de los primeros ejemplos de mundialización o globalización.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ruta_de_la_seda

http://europasoberana.blogspot.com.es/2013/05/la-ruta-de-la-seda-el-collar-de-perlas.html

http://www.cervantesvirtual.com/portales/la_caida_de_constantinopla/#12

Ningún historiador serio duda de la existencia de Jesús de Nazaret. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencias de que existió Jesús que las que tenemos de famosos personajes históricos paganos.

También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier Palestino judío antes del 70 d.C.».

E.P. Sanders en «La figura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Judas el Galileo y otras figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar».

Y F.F. Bruce autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César.

La muerte en la cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús, señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron.

Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande, explica Guijarro en «El relato de la Pasión y la historia del cristianismo».

El historiador norteamericano John P. Meier, relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo en conversaciones con gente de la prensa y el libro (…) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: ¿puede usted probar que existió?. Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como: ¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús?. Entonces creo que, gracias a Flavio Josefo, la respuesta es sí.

Flavio Josefo (93 d.C.)

El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro Antigüedades judías (91-94) una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego, (Él era el Mesías) y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él). Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».

En Ant. 20.9.1. también hace referencia a Jesús, que es llamado Mesías, al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.

Tácito (116 d.C.)

El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a Cristo en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».

Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos.

Plinio, el Joven (112 d.C.)

Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo como a un dios: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios (Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem). Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».

Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.

Suetonio (120 d.C.)

El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».

La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «Áquila y Priscila acababan de llegar (a Corinto) desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».

Luciano (165 d.C.)

El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres… Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».

Mara Ben Sarapión (finales del siglo I)

Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino?. Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».

Celso (175 d.C.)

En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.

En el Talmud

El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s. XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado de Sanedrin 43a se menciona a Yeshú: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: “En la víspera de la pascua se colgó a Jesús”. Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: “Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo”. Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua».

Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica, considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico».

Fuente:http://www.abc.es/sociedad/20140417/abci-testimonios-cristianos-existencia-jesus-201403101319.html

En 1.300 a.C., un barco mercante de origen levantino, probablemente Sirio, naufragó en las cercanías de la ciudad de Kas, en la provincia de Antalya, costa meridional de Turquía.

En 1982, un buzo turco halló el barco, que fue rescatado en once campañas consecutivas desde 1984 hasta 1994 por George Bass del Instituto de Arqueología Náutica en Texas. Bass sostiene que el barco habría partido de algún puerto en la costa siria, utilizando una ruta que siguió el sentido contrario al de las agujas del reloj desde la costa Sirio-Palestina hacia la isla de Chipre con destino final a Creta y la Grecia micénica, para luego regresar vía Egipto hacia el Levante.

Entre las piezas más valiosas se encontró un escarabajo de oro con la cartela de la reina egipcia Nefertiti.

El escarabajo de Nefertiti, ya muy degastado por el uso de muchos años, parece haber sido parte de un “tesoro” de un joyero o mercader a bordo. En este caso, el valor del mismo radicaría solamente en el valor de su peso en oro. Esto permite afirmar que el escarabajo de la reina llegó a bordo mucho tiempo después de la muerte de Akhenaton (1333 a.C.), de su propia muerte (1330 a.C., año 3 del reinado de Tutankhamon), y del abandono de Akhenaton (El Amarna) o del traslado de la capital a Tebas, ya que durante el reinado de su esposo, éste escarabajo habría sido un objeto de mucho valor y prestigio como para formar parte de un tesoro o conjunto de trozos de metales y de objetos de oro y plata pertenecientes a uno de los mercaderes a bordo.

Weinstein sostiene que el escarabajo de Nefertiti puede ser datado entre los años 1376-1358 a.C. (cronología alta) ó 1339-1317 a.C. (cronología baja). Se cree que el escarabajo perteneció a los últimos años del reinado de Akhenaton (1351-1333 a.C.), años 15 a 17, ca. 1335-1333 a.C., cuando se advierte un cambio en la titulatura de Nefertiti y su mayor participación en ceremonias oficiales, años antes de la muerte de su esposo y de su retiro a una residencia privada (Palacio Norte) en el sector septentrional de El Amarna.

Se cree que es el único escarabajo de oro conocido de la reina. Es de pequeñas dimensiones: 1,4 cm. de largo, 1 cm. de ancho y 0.5 cm. de grosor. La inscripción contiene la forma extensa del nombre de la reina: “Nefernefruaten Nefertiti (nfr-nfrw-itn nfrt-iiti)” (“Hermosas son las bellezas de Aton; La bella ha llegado”), condensada en sólo tres líneas, en lugar de las usuales cuatro líneas. En este caso, se coloca primero el nombre del dios Aton (itn), luego nefer-nefru (“hermosas son las bellezas”) y finalmente el nombre Nefertiti (“la bella ha llegado”). El nombre Nefernefruaten puede ser hallado en inscripciones datadas entre los años 5 y 12 del reinado de Akhenaton, y “Nefernefruaten, la Gobernante”, en objetos del año 3 del reinado de Tutankhamon.

La titulatura completa usada por Nefertiti es: Princesa Heredera, Grande en Favores, Señora de Encantos, Fructífera en Amor, Señora del Alto y Bajo Egipto, Gran Esposa real, Amada del rey (Akhenaton), Señora de todas las Mujeres, Señora de los Dos Países, Neferneferuaten Nefertiti, que viva eternamente.

También utilizó los epítetos: “la voz que los egipcios se alegraban en escuchar” y “la que alegra a Aton con su dulce voz”, usados seguramente en sus apariciones públicas durante ceremonias oficiales.

Después del año 12 del reinado de Akhenaton, el nombre de Nefertiti desaparece de las escenas ceremoniales, ya que la reina cambia sus nombres y epítetos:

Ankhkheperure, Amada de Aton; Nefernefruaten, la Gobernante”, presentándose evidentemente como un “Rey”. Estos nombres habrían sido usados hasta, al menos, el año 3 del reinado de Tutankhamon, a juzgar por los adornos de oro hallados en su tumba.

Otro aspecto a destacar en el escarabajo hallado en el barco naufragado en Uluburun, es la inversión (en espejo) del primer jeroglífico en el nombre del dios Aton (itn), a fin de enfrentar el determinativo de la reina sentada con una flor en la mano, en el nombre de Nefertiti, al final de la inscripción.

Tawfik ha estudiado este aspecto peculiar de la inversión de ciertos jeroglíficos en los nombres y afirma que no se ha encontrado un caso similar en los nombres de las hijas de Nefertiti, ni en el de otras princesas de la época de El Amarna. En el caso del nombre de Nefertiti, este hecho nos permite afirmar que la posición de uno de los jeroglíficos en el nombre del dios Aton, enfrentando al determinativo de la reina sentada, reflejaría el prestigio y poder adquirido por esta reina en la corte egipcia.

Fuente: EL BARCO NAUFRAGADO EN ULUBURUN

http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/escarabajo-nefertiti-barco-naufragado-uluburun.pdf

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En la costa norte de Perú, en Lambayeque, encontramos el mito de Naylamp o Ñam-Lap que se remonta siglos atrás. Se cuenta que en aquella época los antiguos peruanos fueron testigos de la llegada de un gran señor.

Cuenta la leyenda que una gran flota de balsas, comandadas por Naylamp desembarcaron cerca a la desembocadura del río Faquisllanga, caminaron un largo trecho hasta encontrar un sitio ideal para asentarse y construir un palacio al que denominaron Chot. La tradición dice que en el lugar principal de este palacio (Chot) colocaron a Yampallec, figura esculpida en piedra verde, que trajeron consigo y que representaba la imagen del mismo Naylamp.

El tiempo transcurre, pasan los años, viviendo en paz, procrean muchos hijos; hasta que Naylamp abandona a su pueblo para irse volando en forma de un ave. Esto podría haber sucedido, dicen los estudiosos Golte (2009), Kauffmann (2002), Donnan (1992), Lumbreras (1969), Larco (1966) y Kroeber (1925) entre los años 900 d.C. y 1300 d.C.

A continuación transcribimos una importante publicación de la Revista Caretas n° 1187 que dice:

 Corre el año 900 d.C. Atravesando una frondosa masa de algarrobos y zapotes, una comitiva de nobles de la cultura Sicán, descendientes de los Mochica, identifican un claro en el bosque de Ferreñafe, Lambayeque. Inmediatamente, los sacerdotes realizan alineaciones astrológicas y corroboran que ese es el lugar indicado para adorar al dios Naylamp. Levantan la huaca Las Ventanas y el bosque se vuelve su capital sagrada. Hoy el lugar responde al nombre de Santuario Histórico Bosque de Pómac. Desde entonces, y durante casi 500 años, alrededor de 50.000 habitantes Sicán reinaron en la zona hasta ser sucedidos por los Chimú, unos 160 años antes de la llegada de los españoles. En ese tiempo su orfebrería y arquitectura fue impresionante.

En el Área Natural Protegida, de 5.887 hectáreas, se erigen 20 pirámides de adobe en un radio de 45 Km2. Con el Proyecto Arqueológico Sicán –iniciado en 1978 por el arqueólogo japonés Izumi Shimada junto al Ph.D. Carlos Elera– se descubrió que cada una de ellas albergaba riquezas notables. Tan sólo en la huaca Loro se hallaron 1.200 kilos de objetos preciosos, sostiene Elera, presidente del Comité de Gestión de Pómac. Esto la hace la tumba prehispánica más rica del continente. Por algo también se llama Huaca del Oro. Con esto, el 90% de las piezas de oro del Perú precolombino viene de los Sicán, añade. El metal servía para adorar a Naylamp y endiosar al Señor de turno. Así lo demuestra el Gran Tocado Ceremonial con un Naylamp de ojos alados bajo un felino de oro puro. Para los Sicán, Pómac era un bosque sagrado. Para los miles de visitantes que llegan al Museo Nacional de Sicán año a año, es dorado.

Esta publicación hace referencia a un importante acontecimiento de difusión de una tradición o tal vez de una vivencia propia que se transmitió de generación en generación sobre un personaje, un Dios Navegante.

Otra leyenda de dios navegante, alto, con barba, de piel clara hace su aparición en el Perú, en Tiahuanaco o Tiwanaku, este “dios” es conocido como Viracocha. Sabemos que cuando los primeros colonizadores españoles pisaron Perú en 1532, se quedaron sorprendidos ante los gigantescos monumentos abandonados en el paisaje. Según los incas, aquellos colosos fueron erigidos por una raza de “dioses blancos” que vivieron allí en tiempos inmemoriales. Aquellos arquitectos eran hombres sabios, pacíficos, que no sólo transmitieron sus conocimientos sobre agricultura, astronomía y arquitectura, sino que también enseñaron una manera de ver la vida.

Sobre la historia de este “dios” anotamos el trabajo de Rankin (1999: 144) a continuación: “De estos misteriosos seres las leyendas recogen el paso de Tangaroa, Rongo, Hotu Matua, entre otros. Pero quizás el que más sobresale es el nombre del dios Tiki, quien, como los demás, aseguraba venir de un país calcinado por el sol. Maui, uno de los adeptos de Tiki y pariente cercano además, aseguraba que procedía de un lugar llamado Pura, y la palabra pura es la que indica la parte del cielo por donde se levanta el sol. Así no era difícil adivinar que Tiki, por ser pariente suyo, provenía del mismo sitio. Gracias a ello, los indígenas del Perú lo llamaron Illa-Tiki o Kon-Tiki, que dicho de otra manera significa Fuego-Tiki o Sol-Tiki. En tiempos anteriores a los incas, en la zona litoral del Perú, los indios lo denominaban Kon, mientras en el interior del país era conocido como Tiki. Sin embargo, cuando los incas llegaron al poder descubrieron que estos dos nombres pertenecían a la misma divinidad que ya ellos llamaban Viracocha, es decir Espuma de Mar, y entonces unieron los tres nombres: Kon-Tiki-Viracocha, aunque algunos han llegado a pensar que su verdadero nombre era Inga Viracocha.

Este dios en particular era sumo sacerdote y líder de los demás dioses blancos que lo seguían. Junto con él al menos doce hombres más habían arriesgado sus vidas cruzando el mar por intentar llegar a la Polinesia. Sus nombres, afortunadamente, se han conservado hasta nuestros días: Ku, Kane, Kama, Kura, Kukara, Ilo, Mauri, Ra, Rangi, Papa, Taranga e Hiti. Estos hombres blancos encabezados por Tiki se alargaban los lóbulos de las orejas artificialmente. Eran llamados Orejas Largas por los incas.

Los indios vecinos de la mítica ciudad de Tiahuanaco, aseguraban que el lago Titicaca era el lugar de residencia del dios Tiki, pero una leyenda cuenta que los dioses blancos fueron perseguidos y masacrados por un jefe indio llamado Cari proveniente del valle de Coquimbo. Todo parece indicar que la raza blanca quedó parcialmente aniquilada por aquel salvaje, pero Tiki y algunos de sus hombres lograron escapar.

Los indios que habitaban ambos lados de las Américas, contaban que en tiempos pasados unos hombres barbudos, de piel blanca, ojos azules y cabellos de color rojo, desembarcaron en las costas de su país. Venían en grandes naves que poseían alas de cisne y casco luminoso. Lo cierto es que tiempo después de haber salido huyendo del Perú, Tiki y sus adeptos fueron a parar a la isla del Polinesio. Los habitantes de estos pequeños trozos de tierra pertenecen a la misma raza polinesia que ven en Tiki a su antepasado original. Allí los orejones fueron atacados por un grupo de Orejas Cortas (caníbales) que, al parecer atraídos por el color blanco de sus pieles y el color rojizo de sus cabellos, no pudieron evitar la tentación de exterminarlos.

De igual manera este personaje señaló a los hombres, animales y vegetales las funciones que debían cumplir en la Tierra. Después de acabar su obra siguió el camino del Sol, perdiéndose en el océano con su comitiva por el Oeste.

Por lo que sabemos Viracocha fue venerado por las culturas andinas desde el Primer Horizonte o Formativo, (en lengua quechua “wiraqucha” proviene de la fusión de dos vocablos: wira (grasa) y qucha (laguna), el nombre original podría ser wayraqucha -el viento de los mares- tanto por su concepción como un personaje que aparece por el lado del mar y como viento).

A él se refiere la Dra. María Rivara de Tuesta en un episodio de la vida del Inca Huayna Cápac cuando a éste se le presenta un “fantasma” que vaticina la llegada de hombres blancos al Tawantinsuyu:

Debemos partir de esta inicial formación aun cuando la explicación de este acontecimiento queda en la bruma de lo imaginativo y sólo podemos establecer una remota relación, obedeciendo a la descripción física de “el fantasma” -un hombre con barbas-, con algún navegante perdido que hubiese podido llegar al Cuzco desde las costas atlánticas del sur de nuestro continente y que el sacerdocio puso secretamente en comunicación con el príncipe en sus tres años de destierro en los pastos de Chita. Este extraño personaje, que pudo ser un naufrago, habría informado el sacerdocio, y en general al joven futuro Inca, de la existencia de otra remota cultura y le habría explicado ciertos aspectos fundamentales de la misma. De hecho Viracocha adopta el nombre de la entidad explicativa de todo lo existente y fue, al mismo tiempo, un renovador en muchos otros aspectos, incluyendo el religioso”.

En Chavín lo encontramos en la Estela de Raimondi como el Dios de los Báculos. En Huari, lo encontramos en sus vasijas y textilería; llamándose Dios Bizco, al representar sus ojos las fases de la Luna. En Tiahuanaco lo encontramos en la Portada del Sol, llamándosele Dios Llorón.

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Siendo sus características como refieren los cronistas Cabello de Balboa (1951), Cobo (1953), Estete (1924) y Oliva (1998) este personaje salió del agua (posiblemente una adaptación del mar), enseñó a los hombres y mujeres a trabajar la tierra, era de tez blanca, con barba y alto. Los Incas lo consideraron un dios principal como el Inti o Sol. De las pruebas de su existencia existen muchos testimonios arqueológicos a lo largo y ancho del país y las encontramos principalmente en la iconografía, John Howlan Rowe en 1948 estableció un cuadro cronológico explicativo para el Perú.

En el caso de los Incas, el cronista Pedro Pizarro (1986) afirmó que la familia del Inca Atahualpa era alta, de piel más blanca que los españoles y que tenían los cabellos de color rojo. Estas líneas nos hacen pensar si los Incas (los forjadores de un gran Estado conocido como Tawantinsuyu que se extendía a lo largo de Sudamérica en más de 4.000 km.) fueron una raza autóctona o todo lo contrario.

La tradición de los dioses navegantes en Perú y en los demás países americanos es amplia y está bien documentada en crónicas y en el arte prehispánico; ya sea la Divinidad Atigrada Chavín, el Dios volador de Paracas y Nazca, el Naylamp Moche y Chimú, el Apo Catequil de Cajamarca, el Dios del fuego de los Yauyos (Wallalo Karhuincho), Pachacámac, el Inti de los Incas, el Amalivaca de Guaraní o el Pay Zumé de los tupíes, todos cuentan y mantienen la tradición de que en un época muy lejana llegaron “los dioses” a sus costas, y ellos les enseñaron a convivir con sus hermanos, les enseñaron a construir templos en honor a ellos o a una autoridad espiritual superior, pues queramos o no, los navegantes trajeron y expandieron una nueva cultura y dejaron una gran huella de su presencia.

Fuente: Los.dioses.navegantes.pdf

escarabeolouvre Escarabeo de Amenhotep III (1379-1380 a.C.) procedente de Tebas. ( Museos Vaticanos)

El escarabajo es un ejemplo de la importancia que tuvo este insecto en las creencias de los pueblos mediterráneos primevos, sobre todo en Egipto, donde alcanzó categoría de deidad. Representados en miles de objetos y estelas, son también asumidos por los Fenicios, de forma general se conocen como escarabeos o simplemente sellos.

Los sellos cilíndricos mesopotámicos, eran muy útiles sobre arcilla blanda y son conocidos en la zona desde principios de la Edad de Hierro. Es sabido que fue la Cultura Urartu (rival de los asirios entre el s. IX-VII a.C. y asentada en la vecina y actual Anatolia) la inventora de los sellos cilíndricos, objetos que heredarán el resto de las culturas que por la zona se iban gestando, y fueron característicos de las Mesopotámicas.

sellos-cilindricos

La proximidad de Fenicia podría haber ejercido influencia entre sus comerciantes, sin embargo aún estaban lejos de ser algo más que pequeñas aldeas neolíticas en desarrollo, y habría que esperar a los conocidos escarabeos egipcios para que los Fenicios asumieran este otro nuevo y práctico método identitario.

El tipo de sellos cilíndricos fue cayendo en desuso conforme otro tipo de escritura y otros soportes para ella fueron apareciendo (papiro, ostraka, pergamino), por lo que estos sellos fueron reemplazados por los escarabeos.

escarabeolouvreEn Egipto, los sellos cilíndricos dejaron de usarse durante la X Dinastía y van siendo sustituidos por los conocidos escarabeos, de los que se conocen millones de ejemplares, llegando a manifestar un auténtico elemento de su identidad, citándose ya la talla de ejemplares desde el 2600-2500 a.C. y especialmente hacia la X Dinastía, cuando su uso empieza a generalizarse y son extremadamente frecuentes desde mediados de la XII Dinastía.

El escarabajo como representante del hombre y del mundo terrestre, de la resurrección y del eterno renacer, hizo que fuera el amuleto más popular (otros fueron el ojo de Horus, Ra, Bes, Thot, Tanit, etc.) junto a manos, pies, bellotas y animales (monos, carneros, liebres, leones, cerdos, halcones, etc.) en los enterramientos (casi siempre con escarabeos) que se depositaban junto al difunto como símbolo de nueva vida, y fue el amuleto de buena suerte más utilizado y uno de los elementos más frecuentes, extendiéndose su uso durante casi 2000 años, e influyendo en la vecina e invadida Fenicia.

Como en el caso de los egipcios, también en los sellos fenicios hallamos una mayor creatividad y una marcada libertad por parte de los artistas, y grabados multitud de elementos con sus nombres, escenas, creencias y elementos del medio natural. Utilizados primero como elemento identitario comercial, posteriormente adquirirán fuertes connotaciones mágico-simbólicas, y por último serán utilizados como elemento marcadamente destinado al ornamento y ostentación.

La presencia de los escarabeos en suelo fenicio es de largo historial. Ya aparecen escarabeos, junto a sellos cilíndricos de tipo sirio, hachas, etc., en enterramientos de Kafer-Giarra (al este de Sidón), datados del Bronce Medio y Bronce Tardío, lo que refleja muy primitivo culto por este insecto, que se unirá a la posterior influencia egipcia, cuyo arte era ya por entonces admirado. Más tarde (s. XVI a.C.) siguen apareciendo (en pasta silícea) en enterramientos en Majdalouna, al noreste de Sidón, y la influencia egipcia acaba por ser definitiva tras el hallazgo de 15 escarabeos de la poderosa XVIII Dinastía (algunos con el nombre de Thutmosis III), en una gruta funeraria de Qrayé o en las Tumbas reales de Mogheret Abloum.

Sin duda los fenicios primero, y de ellos los cartagineses después, habrían tomado de los egipcios la tradición de vincular al escarabajo con la resurrección, son frecuentes escarabajos tallados, a modo de amuletos, en sus prácticas funerarias.

Se han hallado tallados, a modo de amuletos o en sellos, de marcada influencia egipcia en anillos, gemas en piedras semipreciosas, en sus asentamientos y enterramientos, no siempre pertenecientes a clases acomodadas, como el Escarabajo Fenicio de Nimrud (s. VIII a.C.) en marfil, y otros en oro, han sido hallados desde muy antiguo, lo que demuestra en Fenicia, ancestral veneración por este insecto como amuleto.

Los hallazgos de estas piezas en caliza, pasta silícea, marfil o piedras semipreciosas desde Cágliari, Tharros o Sássari (Cerdeña) a Les Andalouses o Rachgoun (Argelia) o Lixos o Tit (Marruecos) muestran lo extendido de estos objetos. También aparecen en su órbita de influencia, como son los escarabeos púnicos de la Necrópolis del Puig dés Molins en Ibiza (s. IV a. C.), el molde con Escarabajo de Ibiza (s. VI a. C.) o el Molde de palmitos, también de Ibiza (s. VI a. C.), y otros hallados en Andalucía, de marcada influencia egipcia.

Los escarabeos fenicios, mercadeados y producidos durante milenios, especialmente desde el s. VII a.C., acabarán sirviendo de un útil aliado en la datación de yacimientos y en el registro glíptico, siendo extremadamente importantes a la hora de interpretar sus creencias y su historia. Como ocurrió entre los escarabeos egipcios, la forma de tallado y los materiales utilizados no solo dan información de su origen, sino de su comercio y tráfico a zonas muy alejadas.

Inicialmente (finales s. VII a.C.) son mayoritariamente de estilo egipcio, hechos de piedras calizas, fayenza, pasta vítrea, etc., hacia finales del siglo V a.C. predomina la influencia griega y son mayoritariamente labrados en jaspe verde, ejemplos tenemos en los tallados en diaspro verde y corniola, característicos de Tharros (Cerdeña), y en la época de las Guerras Púnicas vuelve la pasta vítrea y la fayenza.

Estos escarabajos fueron tallados y realizados sobre todo tipo de materiales y generalmente de pequeños tamaños, desde los más humildes en caliza, alabastro, esteatita o feldespato, a veces esmaltados, a los más valiosos engarzados en pendientes, anillos o brazaletes en berilo, diaspro, serpentina, cuarzo, cristal de roca, ónix, jade, carnalita, obsidiana, hematita, ágata o lapislázuli, etc., y otras piedras opacas como mármol, basalto, diorita, granito, así como marfil, ámbar, madera o resinas; también aparecen manufacturados en pasta de vidrio y cerámica, en ocasiones toscos y sin detalles, mientras que en otros casos sugieren una precisa observación de modelos detallados o de ejemplares observados en la naturaleza.

Desde el inicial empleo y comercio con escarabeos egipcios, tallados en sus conocidos centros de producción (Naucratis o Menfis), poco a poco fueron aparentemente despojados de su ancestral vinculación divina egipcia, manteniendo solo su connotación mágica, y acabaron por ser de producción propia (Tharros), y aparecer en zonas más alejadas, como es el caso del bol con motivos egipcios, escarabajo central y esfinges aladas (s. VIII a.C.) hallado en el asirio Palacio de Ashurnasirpal II, en Nimrud, Norte de Irak, probablemente llevado allí como botín de guerra, u otros hallados en la ciudad cananea de Dor, de marcada influencia egipcia, siendo entomológico ejemplo de la influencia y expansión de creencias egipcias por el orbe mediterráneo (fenicios, cretenses, griegos, etruscos, romanos, etc.) y aún más allá (Persia), y en Iberia son frecuentes en el interior de urnas funerarias, como los hallados en la necrópolis de Ibiza o en el Cortijo de las Sombras (s. VII-VI a.C.) en Frigiliana, Málaga por citar algún ejemplo ibérico, y acabará siendo el elemento determinante, no solo de las tumbas fenicias, sino de las tumbas mediterráneas hasta el periodo romano.

Tras la caída de Fenicia en manos macedonias, un último reducto de esta milenaria tradición y culto al escarabajo se mantuvo en cierta forma vigente entre los griegos, existen bellos anillos tallados en oro en el Louvre (s. VII a.C.) procedentes de Chiusi que lo atestiguan, pero fue a través de Cartago, donde permaneció en auge, y han sido abundantemente hallados en enterramientos, y de ellos su culto pasó y permaneció en Cerdeña, escarabeos egipcios y púnicos han sido hallados en esta isla en yacimientos más recientes (500-300 a.C.) en Nora, Bithia o Sulci, donde se producían casi industrialmente, y desde Etruria eran transportados a Roma.

El culto al escarabajo no acabó con los Minoicos ni con la anexión Greco-Romana de Egipto, sino que se mantuvo durante el Periodo Ptolomeico, influido por los Coptos que mantuvieron esta influencia egipcia y la trasmitieron a griegos y romanos, aunque fueron los Fenicios, especialmente en su periodo Púnico-Cartaginés, quienes retomaron estas tradiciones, y concluída la hegemonía miceno-cretense del Mediterráneo Oriental, las expandieron a través de su comercio de tejidos, joyas, vidrio, pasta vidriada, cerámica o perfumes por el norte de África y sur-oeste europeo, siendo sus fábricas de una enorme calidad y su imagen extremadamente frecuente tanto en sellos como en orfebrería lo cual demuestra su veneración y su culto, o su asociación con la buena suerte o la virilidad, elementos que se extenderán y mantendrán por Creta, Persia, Macedonia, Cartago y Roma, donde se acostumbraba a llevarlos colgados como amuletos, así como en los enterramientos. También se mantuvieron como símbolo de la virilidad entre los soldados y como elementos de adorno y con la caída de Roma su culto prácticamente se perdió para siempre.

Fuente: LAS CREENCIAS Y EL ARTE DE LOS FENICIOS por Víctor J. Monserrat. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa (S.E.A.), nº 52 (30/6/2013): 347–371.