Hay más de 100 mesetas submarinas y crestas asísmicas dispersas en los océanos, muchas de las cuales alguna vez estuvieron sobre el nivel del mar. Muchas parecen estar compuestas de corteza continental modificada de 20 a 40 kms. de espesor, mucho más gruesa que la corteza oceánica normal con una corteza superior de 10-15 kms.

Las rocas graníticas en la corteza continental, se han interpretado como crestas en extinción, una corteza oceánica anormalmente engrosada o fragmentos continentales cedidos que lleva el fondo marino “migratorio”. Si se rechaza la propagación del fondo marino, dejan de ser anómalos y pueden interpretarse como sumergidos. (Nur y Ben-Avraham 1982; Dickins, Choi y Yeates 1992; Storetvedt 1997).

A partir de un estudio de 402 perforaciones oceánicas en las que se encontraron sedimentos de aguas poco profundas o relativamente poco profundas, se concluyó que no existe una correlación sistemática entre la edad de las acumulaciones de aguas someras y su distancia de los ejes de las crestas del océano medio, refutando así el modelo de dispersión del fondo marino. Algunas áreas de los océanos parecen haber sufrido un hundimiento continuo, mientras que otras experimentaron episodios alternos de hundimiento y elevación.

El Océano Pacífico parece haberse formado principalmente desde el Jurásico Tardío hasta el Mioceno, el Océano Atlántico desde el Cretácico Tardío hasta el final del Eoceno, y el Océano Índico durante el Paleoceno y el Eoceno.

En el Océano Atlántico Norte y en los Océanos Árticos, la corteza continental modificada (en su mayoría de 10 a 20 kms. de espesor) subyace no solo en las crestas y mesetas, sino en la mayor parte del suelo oceánico; solo en las depresiones de aguas profundas se encuentra la corteza oceánica típica. Dado que las perforaciones en aguas profundas han demostrado que grandes áreas del Atlántico norte estaban previamente cubiertas con mares poco profundos, es posible que gran parte del Atlántico norte fuera una corteza continental antes de su hundimiento. Rocas continentales del Paleozoico inferior con fósiles de trilobites se han dragado desde montes submarinos dispersos sobre una gran área al noreste de las Azores.

Furón (1949) concluyó que los guijarros continentales no habían sido transportados por los icebergs y que el área en cuestión era una zona continental sumergida.

En el Atlántico ecuatorial, las rocas de aguas someras y continentales son ubicuas. Hay evidencia de sistema de cordillera parcialmente emergente en el Cretácico hasta el Terciario Temprano. Por ejemplo, en el Atlántico se han encontrado depósitos subaéreos en la Cordillera Norte de Brasil, cerca de las zonas de fractura Romanche y Vema adyacentes a los sectores ecuatoriales de la Cordillera del Atlántico Medio en la cresta de la cresta de Reykjanes y en la región de Faeroe-Shetland. (Keith 1993; Bonatti y Chermak 1981; Bonatti y Honnorez 1971)

En el Océano Atlántico Norte y en los Océanos Árticos, la corteza continental modificada (en su mayoría de 10 a 20 kms. de espesor) subyace no solo en las crestas y mesetas, sino en la mayor parte del suelo oceánico; solo en las depresiones de aguas profundas se encuentra la corteza oceánica típica. Dado que las perforaciones en aguas profundas han demostrado que grandes áreas del Atlántico norte estaban previamente cubiertas con mares poco profundos, es posible que gran parte del Atlántico norte fuera de corteza continental antes de su rápido hundimiento. Rocas continentales del Paleozoico inferior con fósiles de trilobites se han dragado desde montes submarinos dispersos sobre una gran área al noreste de las Azores, y la presencia de adoquines continentales sugiere que el área en cuestión era una zona continental sumergida. La montaña calva, de la que se ha dragado una variedad de material continental antiguo, podría ser un fragmento continental hundido.

Se han encontrado depósitos subaéreos en muchas partes del sistema de la cordillera medio oceánica, lo que indica que era superficial o parcialmente emergente en el Cretácico hasta el Terciario Temprano.

H.P. Blavatsky dijo que la Cordillera del Atlántico Medio formaba parte de un continente Atlántico y escribe:

Lemuria, que sirvió como la cuna de la Tercera Raza Raíz, no solo abarcó una vasta área en el Océano Pacífico e Índico, sino que se extendió en forma de una herradura más allá de Madagascar alrededor de Sudáfrica, entonces un mero fragmento en proceso de formación, a través del Atlántico hasta Noruega. El gran depósito de agua dulce inglés llamado Wealden, que todo geólogo considera la boca de un antiguo gran río, es el lecho de la corriente principal que drenó el norte de Lemuria en la Edad Secundaria”.

El profesor Berthold Seeman no solo aceptó la realidad de un continente tan poderoso, sino que también consideró Australia y Europa, antes como partes de un continente, corroborando así toda la doctrina de la “herradura”. No se pudo dar una confirmación más sorprendente, que el hecho de que el puente elevado en la cuenca del Atlántico, de 9.000 pies de altura, se extiende por unas dos o tres mil millas hacia el sur desde un punto cerca de las Islas Británicas, las primeras pendientes hacia el sur América, luego se desplaza casi en ángulo recto en una línea desde el Sureste hacia la costa africana, desde donde se extiende hacia el sur hasta Tristan d’Acunha (da Cunha). Esta cresta es un remanente de un continente atlántico y, si se pudiera rastrear más, establecería la realidad de una unión submarina con un antiguo continente en el Océano Índico. Desde que se escribió en 1.888, la exploración oceánica ha confirmado que la Cordillera del Atlántico Medio sí continúa en Sudáfrica y en el Océano Índico.

Blavatsky informó que en las profundidades del océano alrededor de las Azores se habían descubierto restos de un pedazo de tierra una vez masivo, y citó lo siguiente en Scientific American: “Las desigualdades, las montañas y los valles de su superficie nunca podrían haberse producido de acuerdo con cualquier ley conocida sobre la deposición de sedimentos o por elevación submarina; por el contrario, debe haber sido tallado por encima del nivel del agua. Y en algún momento probablemente existieron cuellos de tierra erosionados de la Atlántida en Sudamérica en algún lugar por encima de la desembocadura del Amazonas, en África cerca de Cabo Verde y en España”.

Aparentemente, algunas islas se han hundido en el Pleistoceno tardío. Por ejemplo, M. Ewing informó sobre la arena de playas prehistóricas en dos muestras de núcleos de aguas profundas extraídas de profundidades de 3 y 5,5 kms. en la Cordillera del Atlántico Medio, a más de 1.000 kms. de la costa. En un núcleo había dos capas de arena que estaban fechadas, sobre la base de las tasas de sedimentación, en 20.000-100.000 años y 225.000-325.000 años.

R.W. Kolbe informó sobre los hallazgos de numerosas diatomeas de agua dulce en varios núcleos en la Cordillera del Atlántico Medio, a más de 900 kms. de la costa de África occidental ecuatorial. Afirmó que una posible explicación es que las áreas en cuestión eran islas hace 10-12.000 años, y las diatomeas se depositaron en sedimentos lacustres que luego se hundieron a menos de 3 kms. de agua de mar. Argumentó que esto era mucho más plausible que la teoría de que las corrientes de turbidez llevaban las diatomeas 930 kms. a lo largo del fondo marino y luego más de 1.000 m. para depositarlas en la cima de una colina submarina.

La montaña submarina Atlantis, ubicada a 37 °N en la Cordillera del Atlántico Medio, tiene una parte superior plana a una profundidad de unas 180 brazas, cubierta con adoquines o arena ondulada en la actualidad. Cerca de una tonelada de adoquines de piedra caliza fueron dragados desde su cima, uno de los cuales dio una edad de radiocarbono de 12.000 +/- 900 años. Según B.C. Heezen y sus colegas, la piedra caliza probablemente fue litificada sobre el agua y por lo tanto, la montaña submarina puede haber sido una isla en los últimos 12.000 años.

Fuente: davidpratt.info

Nota: Si en algún lugar de este espacio aparece publicidad comercial, deben saber que aquí nunca la hemos solicitado.

                                                            Pangea

Se cree que después del nacimiento de nuestro planeta, pasaron varios cientos de miles de años hasta que la litosfera se enfrió lo suficiente y surgieron los océanos, dejando trozos de tierra emergida. De esos trozos nació Vaalbara (o Vaalhala) hace unos 3.100 millones de años.

Su forma es casi imposible de confirmar debido a su antigüedad, pero se cree que al menos dos cratones (trozos de litosfera que han permanecido homogéneas desde entonces), el de Kaapval en Sudáfrica y el de Pilbara en la esquina noreste de Australia, formaron parte del super continente Vaalbara, por ello las cuatro últimas letras de esos cratones forman su nombre. Vaalbara se rompió hace aproximadamente 2.800 millones de años.

Según algunos geólogos, 100 millones de años después se formó Kenorland. No hay consenso sobre su existencia, y menos sobre el nombre, pero su ruptura hace aproximadamente 2.500 millones de años, resultó en los proto continentes de Laurentia, Báltica, Australia y Kalahari, cuya aparición es más aceptada.

A Kenorland le sucedió Columbia, nacido hace aproximadamente 1.800 millones de años, roto entre 300 y 500 millones de años después. Se cree que Columbia incluía ya casi todos los bloques continentales actuales, pero con una configuración diferente.

La existencia de Rodinia (del ruso “Patria”) es comúnmente aceptada en la actualidad, a pesar de que no fue sugerida hasta los años 70 del siglo pasado. Su cercanía en el tiempo y el hecho de que sus cratones son más fáciles de distinguir, le confieren una evidencia científica más certera, lo cual no evita debates.

Rodinia nació hace aproximadamente 1.100 millones de años, y podría ser un super continente más, sino fuese porque se cree que su ruptura hace 750 millones de años aceleró el proceso de evolución de la vida que desembocaría en la llamada Explosión Cámbrica.

Asimismo, se cree que el rompimiento, junto con una mayor actividad volcánica, pudo haber influenciado el advenimiento de un periodo de temperaturas bajas, la criogenia, durante el cual la Tierra pudo haber estado cubierta de hielo en toda su superficie.

Después de Rodinia se sucedieron varias configuraciones que, según las diferentes versiones, formaron Pannotia y Gondwana, dos grandes continentes en lugar de uno. Lo que queda claro es que de la unión de estos dos nació el más reciente y conocido de todos los super continentes: Pangea.

Todos hemos oído alguna vez hablar del super continente Pangea “Toda La Tierra” (del griego Pan -todo- y Gea -La Tierra-), era la estructura geológica que reunía a toda la superficie terrestre emergida sobre los mares cuya ruptura dio lugar a la actual configuración continental.

Pangea estaba rodeado por un gran océano conocido como Panthalasia. Con el transcurrir de las épocas surgieron convulsiones en la litosfera causadas por las altas presiones explosivas del magma que causaron el desprendimiento de este continente en dos partes, Laurasia (Norte América, Europa, Asia) y Gondwana (Sur América, África, Antártica, India, Australasia). Cambios en los polos afectó el clima, con enormes inundaciones debilitando la corteza terrestre.

La alta atmósfera experimentó disturbios por los efectos climatológicos y las tormentas geomagnéticas aumentaron lo que provocó una inestabilidad planetaria. Gondwana experimentó los peores terremotos y deslizamientos quedando sobre la superficie terrestre las partes elevadas. La Tierra siguió su curso hasta que los efectos se hicieron sentir en el hemisferio occidental, Laurasia, ocasionando durante milenios el desprendimiento de Norte y Sur América de las costas de África.

Las placas tectónicas sobre las que vivimos se mueven empujadas por fenómenos geológicos subterráneos, y esos fenómenos empujan las grandes masas continentales ya sea para unirlas o para separarlas.

Se calcula que cada ciclo de construcción o ruptura de un super continente dura unos 500 millones de años, y siendo la edad de nuestro planeta 4.300 millones de años, queda claro que Pangea no fue la única super estructura, sólo la más famosa.

Aunque los expertos no están totalmente de acuerdo con el tamaño, configuración y duración de los ancestros de Pangea, de lo que no hay duda es que existieron, y tienen nombres. Pero cómo podemos saber que estas estructuras existieron y su supuesta configuración.

En el caso de Pangea es mucho más fácil, pues los “trozos” que quedaron forman nuestros actuales continentes, y aún quedan piezas que son relativamente fáciles de unir como si de un rompecabezas gigante se tratara, por ejemplo, las esquinas noreste de Sudamérica y suroeste de África. Pero más importante, es el registro fósil de especies iguales encontradas en varios de los continentes, tanto de animales como de plantas. La composición del suelo y su orogenia (forma, antigüedad y composición de las montañas) ayudan a encontrar regiones que en el pasado formaron un mismo territorio.

Para el resto de super continentes, los científicos utilizan mediciones electromagnéticas y radioactivas en muchas partes del globo y las comparan entre sí, hasta obtener cratones con iguales resultados. El debate se centra en los detalles, en cómo un determinado trozo de territorio pudo estar en uno u otro lugar durante un periodo, y no tanto en el concepto. Los super continentes existieron, con nombres o configuraciones distintas y seguramente volverán a existir, pues el movimiento tectónico continúa.

La Tierra es un ente en constante cambio, los movimientos de las placas tectónicas, erupciones volcánicas y otros fenómenos geológicos y medio ambientales aseguran la revolución permanente de los ecosistemas. El proceso nunca se detiene.

Durante el periodo paleógeno, hace más de 30 millones de años, el área que ahora ocupa el Sahara permanecía hundida bajo el Mar de Tethys. La Deriva Continental llevó al continente africano hacia el norte, hasta que chocó con lo que ahora es Europa. La presión entre los dos bloques empujó un trozo de tierra hacia la superficie. Los vientos y el calor inherente a la latitud exprimieron toda la humedad, convirtiendo al recién emergido trozo en un gigantesco desierto.

Hace unos tres millones de años nació el Sahara, ese desierto está repleto de fósiles de organismos marinos, moluscos, artrópodos, e incluso mamíferos, como las ballenas. Entre estos están los bichos a los que debemos las Pirámides de Egipto, las nummulites.

El Sahara es el desierto tropical más grande y más caliente del planeta. Con sus nueve millones de kilómetros cuadrados ocupa una extensión similar a la de China, Australia o Estados Unidos. Hoy es un páramo estéril de interminables dunas y montañas labradas por la erosión. Pero la realidad es que, hace sólo unos miles de años, el Sahara era un oasis de vida, cubierto por grandes extensiones de bosque fluvial y volverá a serlo. A menos que ocurra una catástrofe, el Sahara volverá a llenarse de verde y de vida, pero no lo veremos nosotros, ya que esto ocurrirá en unos 15.000 años.

Hace ya unas décadas que se descubrieron pruebas del pasado húmedo del Sahara, eso dio lugar a que los científicos se volcaran en la investigación de su pasado. No sólo han encontrado más pruebas, sino que han llegado a entender sus orígenes, y las causas de este cambio tan radical.

El rastro fósil evidencia las múltiples etapas en las que el Sahara ha sido verde, animales y plantas, y cuando ha sido desierto. Hay incluso restos de humanos, asentamientos, pinturas rupestres, cuentas de collares, etc.

El Neolítico Subfluvial, es el último periodo en el que buena parte del Sahara estuvo cubierto de vida, y agua. Hace unos 7.000 años, en lo que ahora es el Norte, Centro y Este de África, existieron al menos tres grandes lagos, sustentos de vida. No era una selva como el Amazonas, pero sí planicies de pastos muy similares a las que ahora existen en el Sahel, el África subsahariana.

Pero hace unos 5.500 años, la órbita de la Tierra se reacomodó, y todo terminó. En un periodo que no se extendió por más de dos siglos, las lluvias volvieron al sur. El Sahara volvió a ser un desierto. Los habitantes de aquella zona, se cree, emigraron hacia el Este, hasta encontrar una nueva fuente de agua fresca junto a la cual construir su civilización. Dicha fuente sería el Río Nilo y su nueva civilización el Antiguo Egipto.

Fuente:http://www.cienciahistorica.com/2017/08/26/sahara-fue-volvera-verde/

 

El ciclo supercontinental o ciclo de Wilson (John Tuzo Wilson), postula que cada 400-500 millones de años todas las masas de tierra emergidas se unen, formando un super continente.

El desplazamiento de las placas se realiza sobre una superficie esférica, por lo que los continentes terminan por chocar y soldarse, formándose una gran masa continental, un super continente. Esto ha ocurrido varias veces a lo largo de la historia de la Tierra. El super continente impide la liberación del calor interno, por lo que se fractura y comienza un nuevo ciclo. Así, las masas continentales permanecen, se unen y fragmentan en cada ciclo, mientras que las cuencas oceánicas se crean y se destruyen.

El último super continente llamado Pangea, se formó alrededor del período Pérmico hace 280-240 millones de años y su desintegración continúa en nuestros días.

Antes de Pangea, se había formado un super continente llamado Pannotia a finales del eón Proterozoico, durante el período Ediacárico (hace unos 600 millones de años). Su desintegración y los consecuentes choques obductivos entre placas se relacionan con la Orogenia Hercínica, de gran importancia en la formación de los relieves más antiguos en la Península ibérica.

Hace aproximadamente 1.100 millones de años, hubo otro super continente, Rodinia, que se dividió hace 750 millones. Comenzó a formarse a partir de tres o cuatro continentes preexistentes, un acontecimiento conocido como la Orogenia Grenville.

En el ciclo de Wilson se distinguen las siguientes etapas:

  1. El continente se fragmenta por acción de puntos calientes que abomban y adelgazan la corteza terrestre hasta romperla, originándose un rift continental (como el Rift africano).

  2. En la línea de fragmentación se empieza a formar litosfera oceánica (borde constructivo) que separa los fragmentos continentales. Si continúa la separación el rift es invadido por el mar y se va transformando en una dorsal oceánica. Los continentes quedan separados por una pequeña cuenca oceánica (como el actual mar Rojo).

  3. El proceso continúa y los continentes se separan progresivamente. Entre ellos aparece una cuenca oceánica ancha, con una dorsal bien desarrollada (como el Océano Atlántico actual).

  4. Cuando la cuenca oceánica alcanza cierto tamaño y es suficientemente antigua, los bordes de contacto con los fragmentos continentales se vuelven fríos y densos y comienzan a hundirse debajo de los continentes y se genera un borde destructivo. En esta zona se origina una cadena montañosa que va bordeando al continente (orógeno tipo andino, como la cordillera de los Andes). La corteza oceánica se desplaza desde el borde constructivo al de destrucción como una cinta transportadora, por lo que la cuenca oceánica deja de crecer (como el Océano Pacífico).

  5. Dada la forma esférica de la Tierra, otros bordes constructivos pueden empujar a los fragmentos continentales en sentido contrario, con lo que la cuenca oceánica se va estrechando (como en el Mar Mediterráneo).

  6. Finalmente, al desaparecer la cuenca oceánica las dos masas continentales chocan (obducción) y se origina un continente único (supercontinente), y sobre la sutura que cierra el océano se forma una cordillera (orógeno tipo himalayo, como la cordillera del Himalaya).

Actualmente las placas tectónicas en la superficie de la tierra con límites más o menos definidos, se dividen en 15 placas mayores (o principales) y 43 placas menores (o secundarias).

La teoría de la tectónica de placas, explica de forma bastante satisfactoria la forma como las inmensas masas que componen las placas tectónicas se pueden “desplazar”, algo que quedaba sin explicar cuando Alfred Wegener propuso la teoría de la Deriva Continental, aunque existen varios modelos que coexisten.

Las placas tectónicas se pueden desplazar porque la litósfera tiene una menor densidad que la astenósfera, que es la capa que se encuentra inmediatamente inferior a la corteza.

Las variaciones de densidad laterales resultan en las corrientes de convección del manto. Se cree que las placas son impulsadas por una combinación del movimiento que se genera en el fondo oceánico fuera de la dorsal, debido a variaciones en la topografía y densidad de la corteza, que resultan en diferencias en las fuerzas gravitacionales, arrastre, succión vertical, y zonas de subducción.

Una explicación diferente consiste en las diferentes fuerzas que se generan con la rotación del globo terrestre y las fuerzas de marea del Sol y de la Luna. La importancia relativa de cada uno de esos factores es objeto de debate.

El movimiento de las placas, se origina en unas corrientes de materiales que suceden en el manto, las denominadas corrientes de convección, y sobre todo, en la fuerza de la gravedad. Las corrientes de convección se producen por diferencias de temperatura y densidad, de manera que los materiales más calientes pesan menos y ascienden, y los materiales más fríos son más densos, pesados, y descienden.

El manto, aunque es sólido, se comporta como un material plástico o dúctil, es decir, se deforma y se estira sin romperse, debido a las altas temperaturas a las que se encuentra, sobre todo el manto inferior.

En las zonas profundas el manto hace contacto con el núcleo, el calor es muy intenso, por eso grandes masas de roca se funden parcialmente y al ser más ligeras ascienden lentamente por el manto, produciendo unas corrientes ascendentes de materiales calientes, las plumas o penachos térmicos. Algunos de ellos alcanzan la litósfera, la atraviesan y contribuyen a la fragmentación de los continentes.

En las fosas oceánicas, grandes fragmentos de litósfera oceánica fría se hunden en el manto, originando por tanto unas corrientes descendentes, que llegan hasta la base del manto. Las corrientes ascendentes y descendentes del manto podrían explicar el movimiento de las placas, al actuar como una especie de “rodillo” que las moviera.

Los límites de placas, son los bordes de una placa, y es ahí donde se presenta la mayor actividad tectónica (sismos, formación de montañas, actividad volcánica), ya que es donde se produce la interacción entre placas. Hay tres tipos de límites:

-Divergentes: son límites en los que las placas se separan unas de otras y, por lo tanto, emerge magma desde regiones más profundas (por ejemplo, la dorsal mesoatlántica formada por la separación de las placas de Eurasia y Norteamérica y las de África y Sudamérica).

-Convergentes: son límites en los que una placa choca contra otra, formando una zona de subducción (la placa oceánica se hunde bajo la placa continental) o un cinturón orogénico (si las placas chocan y se comprimen). Son también conocidos como “bordes activos”.

-Transformantes: son límites donde los bordes de las placas se deslizan una con respecto a la otra a lo largo de una falla de transformación.

En determinadas circunstancias, se forman zonas de límite o borde, donde se unen tres o más placas formando una combinación de los tres tipos de límites.

La placa Africana es una placa tectónica continental que cubre el continente africano y que se extiende hacia el oeste hasta la dorsal mesoatlántica. Las placas limítrofes son:

  • Al Norte la placa Euroasiática y la placa Arábiga.

  • Al Sur la placa Antártica.

  • Al Este la placa Australiana, la placa India y la placa Arábiga.

  • Al Oeste la placa Sudamericana y la placa Norteamericana.

Todos los límites de la placa Africana son muy divergentes, excepto el que tiene con la placa Euroasiática. La placa abarca varios bloques continentales estables de rocas madres, los cuales formaron el continente africano durante la existencia de Gondwana hace unos 550 millones de años. Estos bloques son, del Sur al Norte, el Kalahari, Congo, Sáhara y el bloque africano del Oeste. Cada uno de estos bloques se pueden subdividir en bloques más pequeños y uniformes.

Uno de los aspectos más importantes de la placa es el Gran Valle del Rift en el Este, una fractura que está separando a una porción del continente, y de la placa, que eventualmente dividirá la placa en dos: la placa de Nubia y la placa Somalí. Actualmente muchos textos científicos ya explicitan estas dos placas. Así, por ejemplo, se dice que el estrecho de Gibraltar separa la placa Euroasiática de la placa de Nubia.

El movimiento de la placa Africana es de 2,15 centímetros al año aproximadamente, hacia el Norte. Los expertos estiman que se unirá al extremo sur de España dentro de 650.000 años, separando el mar Mediterráneo del océano Atlántico.

Fuente: Wikipedia

Castillo de Miravet

Las crónicas medievales vierten calificativos elogiosos del rey Jaime I, como conquistador, legislador, sabio, leal, valiente y humano. Sin embargo, un ensayo de un profesor de la Universidad de Barcelona tergiversa la historia, desmitificando su figura y reinado, y lo presenta ante el público como un rey cobarde, cruel y represor de colectividades de Valencia y Murcia.

La muerte le sobrevino en 1.276. En la recta final de su vida, estando en Alzira, D. Jaime otorgó su primer codicilio complementario del testamento que había redactado en el monasterio de Poblet en 1.272, y nombró albaceas a sus hijos D. Pedro y D. Jaime, con la recomendación que cumplieran las disposiciones testamentarias. El 23 de julio de 1.276, otorgaba su segundo codicilo que recoge disposiciones que denotan escrúpulos de conciencia. Poco después, el Rey salió de Alzira hacia Valencia y fallecía el 27 de julio de 1.276. Su deseo de llegar a Poblet no pudo cumplirse. Fue sepultado en la catedral de Valencia donde reposaron sus despojos hasta mediados de 1.278, año en que su hijo, Pedro III, los trasladó al monasterio de Poblet.

Al Monarca se le glorió en vida y mucho más después de muerto. La Crónica de Ramón Montaner relata que los duelos, llantos y lamentos empezaron por toda la ciudad, y no quedó rico-hombre, mesnadero, caballero, mujer o doncella que no fuera detrás del estandarte, declarándose tres días de luto en la ciudad de Valencia.

Acabada la reconquista en la Corona de Aragón, los templarios se ocuparon de defender las nuevas fronteras expuestas continuamente a los ataques granadinos. No obstante, en los años siguientes prestaron otros importantes servicios a la Corona.

Pedro III el Grande, sucedió a su padre en 1.237. La conquista de Sicilia (1.282), feudo de la Santa Sede, provocó la excomunión del mismo, la puesta en entredicho de sus reinos y la cesión de éstos a la Corona de Francia. Los templarios, de nuevo, se veían ante una difícil situación, la obediencia al Papa o la fidelidad a la Corona de Aragón, que tan generosa había sido con ellos. Oficialmente no se opusieron a la voluntad papal, pero sirvieron fielmente a Pedro III. Dirigidos por Berenguer de Sanjust (Comendador de Miravet), los templarios catalanes y aragoneses protegieron el reino contra los invasores junto al ejército de Pedro III, a pesar de que estos venían contra la Corona Aragonesa en nombre del mismo Papa.

Tras la acción relámpago del estado francés en Octubre de 1.307, contra los templarios y las confesiones bajo tortura de sus miembros detenidos por delitos como: ritos idolátricos, sodomía y prácticas blasfemas, etc., el papa Clemente V ordenó a los príncipes cristianos el arresto de todos los miembros de la Orden del Temple. En principio, Jaime II, ya rey de Aragón desde 1.291, se negó a las pretensiones del monarca francés “…Han sido siempre fieles a nuestro servicio reprimiendo a los infieles.” No obstante, cambió de postura iniciando el proceso contra los templarios en la Corona de Aragón.

Algunos castillos como el de Peñíscola se rindieron sin apenas resistencia. Pero otros se apresuraron a tomar las armas para defender su inocencia. La fortaleza de Cantavieja resistió el asedio de las tropas reales desde enero hasta agosto de 1.308, solicitando finalmente el indulto de los sesenta defensores de la misma. Castellote, el castillo de Villel, la Alfambra y Miravet, que capituló en diciembre, fueron cayendo ante el ejército real. Tan sólo quedaba Monzón, donde la situación de su castillo le confería un carácter inexpugnable. El 24 de mayo de 1.309 se rendía el castillo de Monzón tras haber agotado sus defensores sus fuerzas.

Las crónicas de los Jueces de Teruel nos informan de estos hechos:

…En esti año fue destruido el Temple et el Papa Juan XXII dio la sentencia en Viana et fizieron estrado et vestidos de duelo porque destruian tan alta orden et fueron vestidos de maregas; aquel año fueron sobre Villel et todos los otros lugares de los templeros destruidos et cercados”.

El 22 de Mayo de 1.312, el papa Clemente V decretó la abolición de la Orden del Temple. Poco después reconoció la posibilidad de juzgar a los consejos provinciales de la Orden por separado, a excepción de Francia.

Los templarios de la Corona de Aragón fueron encontrados inocentes el 7 de Julio de 1.312 en el Concilio de Tarragona. Sus posesiones pasaron a la Orden del Hospital, excepto las posesiones del Temple en Valencia, donde se creó la Orden de Santa María de Montesa con el objeto de defender la frontera del reino.

Fuente:http://www.aragonesasi.com/historia/militia/documento6.php

                                                                          Jaime I – El Conquistador

Jaime I el Conquistador fue educado hasta los 9 años en el castillo templario de Monzón, como si de un caballero templario se tratase. A esta edad se vieron obligados a dejarle marchar dada la delicada situación del reino.

Durante su minoría de edad se produjeron una serie de luchas señoriales que pretendían anular o condicionar la autoridad regia para imponer su voluntad y mantener o incrementar sus privilegios y riquezas. Para acabar con estos problemas convocó en 1.225 una reunión en Tortosa, con presencia de los estamentos eclesiástico, nobiliario y popular, y promulgó un acuerdo de paz.

Después comenzaron las empresas conquistadoras de los reinos de Mallorca (1.229) y de Valencia (1.238) e impulsó una brillante actividad legisladora.

Una vez acabada su minoría de edad, les presentó a sus súbditos el proyecto de la conquista de Mallorca. Los templarios apoyaron al rey y se embarcaron junto con él a la conquista de la isla. Al parecer los templarios no aportaron un gran contingente de hombres, pero su forma de combatir y la organización en el campo de batalla les hacían temibles, se puede afirmar que dicha orden era la mejor tropa que Jaime I poseía en todo su reino.

Según el filólogo Rafael Alarcón Herrera, desde el inicio de la aventura se encuentran presentes los valores espirituales de los templarios, pues dicha orden había incluido ya en 1.129 a las Baleares en su lista de territorios a conquistar, un año antes de su reconocimiento, en el concilio de Troyes, por lo que al parecer aludieron al monarca que la invasión era voluntad de Dios; hecho que pudo haber animado al joven rey, dada la relación con su nacimiento y educación en dicha casa. De hecho, buena parte de la conquista fue planeada y ejecutada por los templarios.

El rey les recompensó, agradecido por sus servicios, con importantes posesiones en Mallorca, entre las que destaca el castillo de la Almudaina, el barrio judío, más de la tercera parte de la ciudad y la concesión de un puerto exclusivo para la orden.

Una vez conquistada Mallorca y contentados los intereses catalanes (pues las cortes catalanas de 1.228 habían organizado la conquista de Mallorca en respuesta a sus intereses comerciales, amenazados por la piratería mallorquina), Jaime dirigió su vista hacia el reino moro de Valencia según las propuestas de los aragoneses (pues las Cortes aragonesa mostraban su interés en asegurar su frontera sur y propusieron en las Cortes Generales de 1.232 la campaña de Valencia).

En 1.231, el rey se reunió en Alcañiz con Blasco de Alagón y las órdenes religiosas que habían proseguido por su cuenta la lucha de frontera en el Maestrazgo mientras las fuerzas reales y la hueste levantada en 1.228 se centraban en Mallorca. Para 1.233 y de forma independiente, el noble aragonés Blasco de Alagón rompió el sistema defensivo musulmán al tomar Morella. La caída de la fortaleza hacía plausible tomar Valencia pese a las reivindicaciones de Castilla y la tibia recepción que tenía el proyecto entre los catalanes que hasta fechas tan tardías como 1.235 priorizaron Ibiza y Menorca.

La conquista de Valencia, fue apoyada por el Papa Gregorio IX concediendo en 1.237 Bula de cruzada con remisión de los pecados a los combatientes y atrayendo el interés de cruzados y órdenes militares.

Los templarios, una de las principales fuerzas en la Corona, tenían un interés claro en continuar las guerra santa contra los musulmanes y bases en las cercanías como Cantavieja. Asimismo, el rey, enfrentado al arzobispo de Zaragoza Sancho de Ahonés, por motivos nobiliarios, tuvo en la campaña de Valencia una buena ocasión de recuperar el favor de la Iglesia.

La expedición finalizó con la capitulación de Valencia a las tropas del rey Jaime I el 9 de Octubre de 1.238 con importante participación templaria. De nuevo el monarca les recompensó generosamente, pasando a ocupar un puesto destacado en el nuevo reino cristiano de Valencia que instauró Jaime I, administrando el tesoro del reino.

En los diplomas, Jaime I comenzó a titularse Rey de Valencia, incluso antes de conquistar el “Cap i casal del regne”. Un arbitraje del 30 de Septiembre de 1.236, redactado en aragonés, en la villa de Tarazona, así lo confirma:

“Nos Jayme, por la gracia de Deus rey Daragon et de Mayorchas et de Valencia, comte de Barcelona et de Urgel et sennor de Montpeller”.

Ganada y ocupada la ciudad de Valencia, la intitulación fue: “Jacobus” o “Nos Jacobus Dei gratia rex Aragonum, Maioricarum et Valencie, et comes Barchinone et Urgelli et dominus Montispesullani” en latín, o bien, “Rey Darago, de Mallorques, de Valencia, Compte de Barcelona, et de Urgell, et Senyor de Montpesler” en romance, como constata el Libre dels Furs.

Intitulación que registran la mayoría de los documentos y sellos reales del Conquistador y reflejan la voluntad institucional del Monarca de crear un nuevo Reino independiente en el seno de la Corona de Aragón.

Jaime I mantuvo unas excelentes relaciones con los templarios a lo largo del resto su reinado, que incluyó diversas luchas con los moriscos que quedaban en el reino valenciano y campañas en las nuevas fronteras al sur. Estos le apoyaron incluso en la campaña contra el reino de Murcia, dirigida por Pere de Queralt, Mariscal del Temple en Aragón.

En 1.264, la sublevación mudéjar obliga al rey Alfonso X el Sabio a pedir ayuda a su suegro Jaime I de Aragón, que basó su política en la amenaza y en la persuasión. Aunque había encontrado una fuerte oposición en la nobleza, llegó a este reino y pobló Murcia con 10.000 hombres entre aragoneses, catalanes (ilerdenses), y castellanos como participantes en la reconquista bajo la dirección del infante don Manuel, hermano del rey sabio, y los maestres de las Órdenes de Santiago y el Temple.

Jaime I, en los primeros meses de 1.266, tomará Murcia y en cumplimiento del tratado de Almizra entregará el dominio al rey castellano dentro del papel desempeñado por la Corona de Aragón en la conquista de Murcia y su posterior repoblamiento.
Tras los hechos de armas en el sitio, toma de la ciudad de Murcia y la posterior devolución del reino a su yerno Alfonso X, dejó buena parte de su séquito, como colonos y propietarios en Murcia.
Los pobladores murcianos del siglo XIII eran artesanos, comerciantes y labradores. Se les unieron grupos minoritarios de la Península Itálica, quizás ricos comerciantes y gentes más modestas, milaneses y lombardos, acompañados de portugueses, valencianos y mallorquines.

Jaime II el Justo, nieto de Jaime I, tomaría la villa de Alicante en 1.296, veinte años después de la muerte del rey conquistador, y le otorgó fuero valenciano en el año 1.308.

Continuará…

Castillo de Monzón

Ramón Berenguer IV el Santo, fue conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdaña, y de Aragón fue Princeps que en la época significaba primus inter pares (no debe confundirse con el título de Príncipe).

Ramiro II fue el rey hasta su muerte y se apresuró a pactar con las Órdenes beneficiadas por el testamento de Alfonso I. La Orden del Temple fue la más beneficiada, quizás porque el propio Ramón Berenguer IV se había adherido a la orden, al igual que lo había hecho su padre, Ramón Berenguer III, quien habría sido el primer caballero templario de la península Ibérica.

Mediante la Concordia de Gerona (27 de Noviembre de 1.143), el Temple renunció a sus derechos a la tercera parte del reino de Aragón, a cambio de los castillos de Monzón, Mongay, Chalamera, Barberá, Remolinos y la promesa de Corbins (cuando fuera conquistado), y otros muchos privilegios como la promesa de entregarles la quinta parte de las tierras arrebatadas a los musulmanes. En el mismo acuerdo, la Milita Christi o Militia Caesaraugustana, que había recibido el castro de Belchite, de manos de Alfonso VII, fue incorporada al Temple. La Concordia fue ratificada mediante Bula de Eugenio III (30 de marzo de 1.150) y luego por el papa Adriano IV en 1.158.

Una vez asentados en Aragón, los Templarios participaron activamente tanto en la reconquista como en la defensa de las fronteras. Junto con las tropas de Ramón Berenguer IV sitiaron Tortosa, colaboraron en la ocupación de Lérida y dirigieron el sitio del castillo de Miravet.

En Miravet los musulmanes contaban con un rivat o rábita, los combatientes islámicos se encerraron en un convento fortificado dispuestos a morir antes que a rendirse, al que debe su nombre M´ravit (algunos historiadores creen que estos rivat pudieron ser el precedente de los monjes guerreros cristianos). Por estas actuaciones, los templarios fueron generosamente recompensados, recibiendo varias posesiones entre las que destaca el Castillo de Miravet.

Las donaciones de Ramón Berenguer IV continuaron a lo largo de su vida. A su muerte (1.162) se puede afirmar que los templarios estaban plenamente asentados en el reino de Aragón, participando activamente en la vida política del mismo.

La función de “princeps” (acaudillar el ejército, disponer tenencias, dictar cartas de población, etc.) estaba vedada a la reina por su condición femenina. Por ello, Petronila quedó con la dignidad regia que se hizo efectiva en sus testamentos y en la abdicación en su hijo Alfonso el 18 de julio de 1.164, mientras que desde 1.162 ejerció el poder un consejo de magnates aragoneses y barceloneses, el arzobispo de Tarragona, altos prelados, hombres ricos y barones de ambas procedencias, y representantes de las principales ciudades. Para ratificar este consejo regente se reunieron las primeras Cortes de Aragón documentadas el 11 de Noviembre de 1.164 en Zaragoza, pocos meses después de la transmisión de la herencia conjunta del reino y condados por parte de Petronila. La regencia de este consejo de notables en las decisiones de gobierno se extendió desde la muerte de Ramón Berenguer hasta 1.173, año en que su hijo Alfonso II el Casto, con dieciséis años, contrajo matrimonio y obtuvo así su mayoría de edad para poder legalmente encabezar el gobierno de sus tierras y pueblos.

En el año 1.163 continuaba la ofensiva aragonesa en la margen derecha del río Ebro, conquistando la mayor parte de las actuales tierras turolenses.

La colaboración decisiva de los templarios en estas conquistas es nuevamente agradecida por la monarquía aragonesa, recibiendo compensaciones económicas y posesiones como el castillo de Orta de San Juan.

Alfonso II, al igual que lo hiciera su antecesor Alfonso I, insistió en formar una milicia netamente aragonesa. Así que cedió al Conde Rodrigo el Señorío de Alfambra, donde fundó en 1.174 la Orden de Monte Gaudio. Esta nueva milicia, que contó pronto con bienes incluso en Palestina, recibió importantes donaciones por parte del monarca aragonés.

En 1.188 se unirá a la del Hospital del Santo Redentor, fundada en Teruel conociéndose como Orden del Santo Redentor de Alfambra. Incorporaron también a sus dominios Castellote y en 1.194 el monarca les cedió el desierto de Villarluengo.

Sin embargo, Alfonso II aprobó en 1.196 que todas las posesiones en Aragón recibidas por la Orden de Monte Gaudio pasaran al Temple. Estas nuevas posesiones fortalecieron el poder del Temple en la frontera con el reino moro de Valencia. La acción de los monjes guerreros fue decisiva para asegurar la defensa del Reino de Aragón frente a los ataques valencianos.

Alfonso II tuvo un destacado papel en el Midí francés, incorporó a la corona el condado de la Provenza en 1.166 y el Rosellón (1.172), posteriormente ocupó Niza, donde numerosos señores languedocianos le prestaron fidelidad y homenaje.

Durante el reinado de Pedro II ”el Católico”, los fondos de la Corona ya estaban agotados, con lo que recurrió con frecuencia a préstamos tanto de judíos, como a reyes vecinos y templarios para armar sus expediciones. Los vasallos del Midí francés imploraban la protección del rey de Aragón frente a los ataques de los cruzados convocados por el Papa Inocencio III para poner fin a la herejía albigense. Pero la invasión almohade hizo necesaria la intervención de Pedro II, que acudió a la ayuda de Alfonso VIII de Castilla junto con un ejército formado por gentes ultrapirenaicas, aragonesas y catalanas. Es probable que en esta expedición acudieran templarios aragoneses, pero no hay constancia documental. Pedro II regresó de la batalla de las Navas como gran vencedor.

El aumento de su fama hizo que sus vasallos del Midi francés imploraran con más fuerza su presencia ante la masacre que estaban realizando los Cruzados al mando de Simón de Montfort. Esta situación colocó a los templarios aragoneses entre la espada y la pared: por un lado la lealtad a su rey y por otro su voto de obediencia al Papa.

Los templarios no acompañaron a Pedro II a la defensa de sus vasallos del Midí. No obstante, tras la tragedia de Muret (1.213) donde perdió la vida, acogieron a su heredero Jaime I tras negociar con el Papa. Así que Jaime fue instruido por los Templarios en el castillo de Monzón. De esta manera se truncaba la posibilidad de lograr la consolidación de los territorios ultrapirenaicos de la Corona de Aragón.

Continuará…

Alfonso I – El Batallador

El éxito de la Primera Cruzada se había extendido rápidamente por los reinos de Europa. El mismo rey de Aragón, Pedro I, al frente de un numeroso grupo de caballeros hispanos, se disponía a marchar a Palestina, cuando el pontífice les recordó la obligación de defender su propia tierra de los almorávides.

El ideal cruzado llevó al rey Pedro I a sitiar Zaragoza. Antes de abandonar su asedio, en el mes de Julio de 1.101, fortificó a 5 kms. de Zaragoza el lugar de “Deus o vol” (hoy Juslibol), grito de guerra cruzado.

La muerte de Pedro I en 1.104, dicen que de la tristeza que le produjo ver morir a sus dos hijos en 1.103, hizo que su hermano Alfonso fuera coronado rey de Navarra y Aragón.

Alfonso I conocido como el Batallador, reinó en Aragón y Navarra entre 1.104 y 1.134 año de su muerte. Al principio su figura no parecía destinada a grandes gestas. Durante el primer lustro de su reinado, se limitó a proseguir la labor de sus antecesores Sancho Ramírez -su padre- y Pedro I -su hermanastro- en un frágil reino que asistía a la desmembración de la dinastía taifa yemení de los Banu-Hud, a la pujanza de los señores de Urgel y los condes de Toulouse, y a la fortaleza inapelable de Castilla, cuyo rey Alfonso VI, dispuso la boda de su heredera Urraca con Alfonso. Contrajeron matrimonio en septiembre de 1.109 y desde esa fecha se enzarzaron en una lucha sin cuartel por los derechos patrimoniales de Castilla.

La orden de Cluny y la nobleza borgoñona apoyaban a Urraca (la reina se había casado con Raimundo de Borgoña en 1.090, fallecido en 1.107, y de ese enlace nació Alfonso Raimúndez, el futuro rey Alfonso VII el Emperador), en tanto que la burguesía de las ciudades fiaba sus cartas al Batallador.

Alfonso I era el segundo hijo del segundo matrimonio de su padre, el rey Sancho Ramírez con Felicia de Roucy. Es probable que en su juventud visitara a su familia materna al otro lado de los Pirineos, llegando a tener una fuerte amistad con los que luego serían sus aliados en los campos de batalla como su primo Rotrou II, conde de Perche, y de Gastón de Bearn, Castan y Lope Garcés Peregrino entre otros.

El ideal cruzado que vivió Alfonso I ya desde niño marcó toda su vida y su trayectoria como rey. Todas las empresas del monarca estuvieron encaminadas a la toma de Tortosa y Valencia, desde donde podría embarcar sus tropas hacia Jerusalén. Este afán llevó a que más de 25.000 kms. fueran reconquistados durante su reinado, ganándose el sobrenombre de el Batallador.

Zaragoza (Al-Bayda, “La Blanca, La Augusta”), pieza clave para conseguir sus objetivos, capituló el 18 de diciembre de 1.118, después de que el Papa hubiera proclamado su conquista como una nueva cruzada en el Concilio de Toulouse (1.118). A esta empresa contribuyeron caballeros llegados de la Primera cruzada, entre ellos Gastón de Bearn, que había participado en la conquista de Jerusalén. Por su inestimable ayuda, dirigiendo la construcción de máquinas de guerra, fue nombrado señor de Zaragoza por Alfonso I.

Es probable que en los contactos con Gastón de Bearn, el obispo Esteban de Huesca y Lope Garcés Peregrino, el monarca tuviera conocimiento de las actuaciones de los monjes guerreros en Palestina, ya que todos ellos habían participado en la Primera cruzada. Fascinado por estas historias, el rey no dudó en imitar estos movimientos, fundando él mismo Órdenes similares en su reino.

En 1.122, fundó una Militia Christi, la Cofradía de Belchite, primera orden militar de España, a semejanza de la Milicia de Jerusalén, según carta del Arzobispo Guillermo de Aux, para someter a los sarracenos y abrir un camino a Jerusalén pasando el mar.

Los cofrades y sus bienhechores recibieron beneficios de cruzada. La Militia Christi tuvo otra base en la recién fundada ciudad de Monreal, fundada dos años más tarde que la de Belchite, en 1.124.

Posteriormente, se le asignó el castro de Belchite, por mano del rey Alfonso VII de Castilla en 1.136, quien la llama Militia Caesaraugustana y confirmando a López Sanz como rector de la misma. Esta orden fue integrada en la Orden del Temple por la Concordia de Gerona en 1.143.

Muertos frente al enemigo Gastón de Bearn y el Obispo Esteban el 24 de mayo de 1.130, la viuda de Gastón, Talesa (prima carnal de Alfonso I), cumple la última voluntad de su marido, dejar a la milicia del Temple, para que pudiera proseguir la reconquista, todas las tierras que tenía en Zaragoza y en Sauvelade. Ya Lope Garcés Peregrino, junto con su esposa, había dejado parte de sus bienes para después de su muerte, al Altar del Santo Sepulcro y al hospital de Jerusalén en 1.120.

Alfonso I, preocupado por su sucesión, dictó su primer testamento en el asedio de Bayona en Octubre de 1.131, e hizo que lo firmaran y acataran la mayor parte de los tenentes del reino. Este testamento fue confirmado el 4 de Septiembre de 1.134, tres días antes de su muerte.

“…Para después de mi muerte, dejó como heredero y sucesor mío al Sepulcro de Señor que está en Jerusalén y a los que lo custodian y sirven allí a Dios; y al Hospital de los pobres de Jerusalén; y al Templo de Salomón con los caballeros que vigilan allí para defender la cristiandad. A estos tres les concedo mi reino. También el señorío que tengo en toda la tierra de mi reino y el principado y jurisdicción que tengo sobre todos los hombres de mi tierra, tanto clérigos como laicos, obispos, abades, canónigos, monjes, nobles, caballeros, burgueses, rústicos, mercaderes, hombres, mujeres, pequeños y grandes, ricos y pobres, judíos y sarracenos, con las mismas leyes y usos que mi padre, mi hermano y yo mismo tuvimos y debemos tener.” (Fragmento del Testamento de Alfonso I)

La derrota de Fraga y la muerte de Alfonso I produjeron un pánico excepcional en Aragón. La línea fortificada de separación con los musulmanes retrocedió en algunos puntos hasta donde se encontraba en el siglo XI.

Era impensable que las Órdenes militares pudieran ponerse al gobierno de los reinos de Navarra y Aragón, además de que el testamento de Alfonso I era contrario a las normas jurídicas navarro-aragonesas, ya que las tierras de Aragón, Pamplona, Sobrarbe y Ribagorza eran patrimoniales, por lo que debían pasar a la familia del difunto. Tan solo podía disponer de los acatos como era el caso del Regnum Caesaraugustanum, territorio equivalente al de la antigua taifa de Zaragoza. Por otro lado, perjudicaba también los intereses de la nobleza, ya que chocaba con el usus terrae.

Hay que recordar que el primer testamento data de 1.131 y la Orden del Temple recibió sus estatutos en 1.128 con lo que sorprende hasta que punto las cruzadas marcaron la vida del monarca al testar a favor de instituciones tan nuevas. Al igual que el resto de órdenes beneficiadas por el testamento, eran extranjeras, no nombró herederas a las órdenes que él mismo había fundado.

El primer resultado de este testamento fue la fragmentación definitiva entre los reinos de Navarra y Aragón. Los navarros se apresuraron a proclamar rey a García Ramírez, descendiente de la monarquía histórica pamplonesa. Por otro lado los aragoneses coronaron a Ramiro II (hermano de Alfonso), dada su condición de monje, para lograr el reconocimiento de los nobles, tuvo que buscar a alguien que ejerciera en su nombre. Los esponsales de su hija Petronila con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV solucionaron el problema.

Continuará…