VOTO DE CASTIDAD

La perversión sexual, o la erotomanía, es una prueba de la afirmación que hacen los ocultistas de que una parte de la fuerza sexual construye el cerebro. El erotómano se convierte en un idiota, incapaz de pensar, debido a que exterioriza no solamente la parte negativa o positiva de la fuerza sexual (según sea macho o hembra) que se emplea normalmente por los órganos sexuales para la generación, sino que además exterioriza parte de la fuerza que organizaría el cerebro, haciéndolo apto para pensar; y de ahí las deficiencias mentales de aquél. Por otro lado, si la persona se entrega a pensamientos espirituales, la tendencia a emplear la fuerza sexual para la propagación es muy débil y cualquier parte de ella que no se use puede ser transformada en fuerza espiritual. 

Por esta razón, el Iniciado, en cierto grado de desarrollo, hace el voto de castidad. No es un voto fácil de hacer ni puede ser hecho a la ligera por cualquiera que anhele desarrollo espiritual. Muchos hombres que no están todavía maduros para la vida superior se han encadenado a sí mismos sujetándose a una vida ascética. Son tan peligrosos para la comunidad por un lado, como lo son los erotómanos imbéciles por el otro.

En el estado actual de la evolución humana, la función sexual es el medio por el cual se forman cuerpos a través de los cuales pueda el espíritu obtener experiencia. Las personas que son más prolíferas y que siguen los impulsos creativos sin reservas, son las de clase inferior; así que es muy difícil, para las entidades en vías de renacer, el encontrar buenos ambientes que les permitan desarrollar sus facultades de tal manera que se beneficien ellas mismas y también el resto de la humanidad, porque entre las clases pudientes que podrían suministrar condiciones más favorables, la mayoría de las familias tienen pocos hijos o ninguno. No es porque vivan una vida abstemia, sexualmente hablando, sino debido a razones completamente egoístas, para estar más cómodas y poderse entregar a la pasión sexual ilimitadamente, sin cargar con el peso de una familia. Entre la clase media las familias están también restringidas, pero en su caso es especialmente por razones económicas, para poder educar a uno o dos niños y darles otras ventajas que no podrían proporcionarles si tuvieran cinco o seis. 

De esta manera ejercita el hombre su prerrogativa divina de producir el desorden en la Naturaleza. Los Egos a punto de renacer tienen que aprovechar las oportunidades que se les ofrecen y a veces bajo condiciones desfavorables. Otros Egos que no pueden hacer otro tanto, tienen que esperar hasta que la ocasión favorable se les presente. De esta suerte nos afectamos unos a otros con nuestros actos, y también así los pecados de los padres caen sobre los hijos, porque como el Espíritu Santo es la energía creadora de la Naturaleza, la energía sexual es su reflexión en el hombre, y el mal uso o el abuso de su poder es un pecado que no se olvida, sino que debe expiarse en menoscabo de la eficiencia de los vehículos, a fin de enseñarnos que la fuerza creadora es Santa. 

Los aspirantes a la vida superior, ardiendo en deseos de vivir una noble vida espiritual, miran muy a menudo la función sexual con horror, debido a las miserias que su abuso ha proporcionado a la humanidad. Se vuelven con disgusto ante lo que consideran una impureza, olvidando el hecho de que precisamente los hombres como ellos (que han puesto sus vehículos en buenas condiciones por medio de una apropiada alimentación, elevados y bondadosos pensamientos y vida espiritual) son los que están en mejores condiciones para generar los cuerpos densos necesarios al desarrollo de las entidades que están esperando su renacimiento. Todos los ocultistas saben que, en perjuicio de la raza, muchos Egos elevados no pueden reencarnarse actualmente, debido a que no pueden encontrar padres lo suficientemente puros como para proporcionarles los vehículos físicos necesarios. 

Las personas que, por las razones ya mencionadas, se abstienen de cumplir sus deberes para con la humanidad, están aumentando tanto las manchas del sol que se olvidan de ver al Sol mismo. La función sexual tiene su lugar en la economía del mundo. Cuando se emplea debidamente, no hay mayor bendición para el Ego, porque entonces suministra cuerpos fuertes y llenos de salud, tales como los que el hombre necesita para su desarrollo; pero recíprocamente, cuando se abusa, no hay mayor desgracia, porque entonces se convierte en un verdadero manantial de todos los males que son la herencia de la carne. 

Es una gran verdad la de que “ningún hombre vive dentro de sí mismo”. Con nuestras palabras y obras estamos afectando constantemente a los demás. Obrando debidamente, o descuidando nuestros deberes, podemos ayudar o frustrar las vidas, primero de aquellos que están en nuestro contacto inmediato, y en segundo término de todos los habitantes de la Tierra y quizá más allá. Nadie tiene el derecho de buscar la vida superior sin haber cumplido antes sus deberes para con su familia, su país y la raza humana. El dejar a un lado egoistamente todo lo demás y vivir únicamente para el propio desarrollo espiritual es tan reprensible como el no preocuparse para nada de la vida espiritual. Aun más: Es peor; porque quienes cumplen sus deberes en la vida ordinaria lo mejor que pueden, dedicándose al bienestar de aquellos que dependen de ellos, están cultivando la facultad esencial del deber. Y avanzarán ciertamente hasta tal punto que despertarán a las llamadas de la vida superior, y entonces encontrarán una gran ayuda en su trabajo, en el deber cumplido anteriormente. El hombre que deliberadamente vuelve la espalda a sus presentes deberes para dedicarse a la vida espiritual, se verá forzado seguramente a volver al sendero del deber, del que se ha separado equivocadamente, y no podrá escapar entonces hasta que haya aprendido la lección que ello encierra. 

Ciertas tribus de la India hacen la siguiente división excelentísima de su vida. Los primeros 20 años los dedican a obtener la educación; de los 20 a los 40 se dedican a crear una familia; y el resto lo dedican al desarrollo espiritual, sin tener ningún cuidado físico que incomode o distraiga su mente. Durante el primer período el niño es mantenido por sus padres; durante el segundo período, el hombre, además de sustentar a su propia familia, cuida de sus padres, mientras éstos están dedicando su atención a las cosas elevadas, y durante el resto de su vida es a su vez mantenido por sus hijos.

Este es un muy sensato método, y completamente satisfactorio en un país en el que todos, desde la cuna hasta la tumba, sienten necesidades espirituales, en tal extensión, que equivocadamente descuidan el desarrollo material, excepto cuando se ven impelidos por el látigo de la necesidad, y donde los niños son sustentados cariñosamente por sus padres, teniendo éstos la seguridad de que serán a su vez sostenidos por aquéllos y podrán dedicarse por completo a la vida superior, después de haber cumplido sus deberes para con su propio país y para con la humanidad. En el mundo occidental, sin embargo, donde no se sienten necesidades espirituales, pues el hombre corriente está desarrollándose sólo materialmente, tal norma de vida sería imposible de realizar. 

El deseo espiritual no llega nunca hasta que el tiempo está maduro y siempre que se obtengan las condiciones particulares bajo las cuales debemos buscar su gratificación. Hay que soportar entonces cualquier deber que parezca una restricción. Si el cuidado de la familia le impide a uno el consagrarse completamente a lo deseado; no estaría justificado que el aspirante descuidara sus deberes y dedicara todo su tiempo y energías a sus propósitos espirituales. Deben hacerse esfuerzos para satisfacer tales aspiraciones, pero sin interferirles con los deberes de familia. 

Si el deseo de castidad nace en una persona que mantiene relaciones matrimoniales con otra, las obligaciones de tales relaciones no pueden echarse al olvido. Sería un grave error el hacer vida casta bajo tales circunstancias, tratando así de rehuir el apropiado cumplimiento del deber. En cuanto a lo que constituye un deber respecto al coito, sin embargo, hay una línea de conducta para los aspirantes a la vida superior diferente de la del hombre ordinario.

La mayoría de la humanidad considera el matrimonio como la sanción de una licencia desenfrenada para gratificar sus deseos sexuales. A los ojos de las leyes humanas, puede ser que así sea; pero a la luz de la verdadera Ley no es así, pues ninguna ley hecha por el hombre puede regir ese asunto. La ciencia oculta afirma que la función sexual no debe usarse nunca para gratificar los sentidos, sino para la propagación solamente. Por lo tanto, el aspirante a la vida superior debe negarse justificadamente al coito con su cónyuge, a menos que el objeto de él sea el crear un niño; y con todo y eso, cuando ambos gocen de perfecta salud -física, moral y mentalmente-, pues en caso contrario, la unión produciría un cuerpo débil o degenerado.

Cada persona posee su propio cuerpo y es responsable ante la ley de Consecuencia de cualquier mal uso resultante del abandono, por falta de voluntad, de su cuerpo a otro.

A la luz de lo precedente y contemplando el asunto desde el punto de vista de la ciencia oculta, es a la vez un deber y un privilegio (que debe ejercitarse con gratitud por la oportunidad) por toda persona sana de cuerpo y mente, el crear vehículos para tantas entidades como sea compatible con su salud y con su capacidad para cuidar de ellas. Y, como indicamos anteriormente, los aspirantes a la vida superior tienen esa obligación más particularmente debido a la purificación que sus vidas puras han producido en sus cuerpos, estando así más calificado que la humanidad ordinaria para generar vehículos puros. Haciéndolo así permiten que entidades elevadas encuentren vehículos apropiados, pudiendo entonces ayudar a la humanidad facilitando a esos Egos las oportunidades necesarias para renacer y ejercer su influencia más pronto que lo que sería posible en caso contrario.

Si la fuerza sexual se emplea en la forma indicada, el coito tendrá lugar muy pocas veces en la vida y, prácticamente, la fuerza sexual entera podrá ser empleada con fines espirituales. No es el uso sino el abuso el que produce todas las perturbaciones y se interfiere con la vida espiritual, así que no hay necesidad alguna de abandonar la vida superior porque no se puede ser casto. No es necesario ser estrictamente casto para pasar por las Iniciaciones menores. El voto de absoluta castidad sólo tiene aplicación en las Grandes Iniciaciones, únicamente, y aun entonces un solo acto de fecundación puede ser necesario algunas veces como acto de sacrificio, como sucedió cuando se proveyó el cuerpo para Cristo.

Puede añadirse, además, que es peor estar sufriendo el hálito abrasador del deseo y estar pensando constantemente y vívidamente en la gratificación de los sentidos que el vivir la vida matrimonial con moderación. Cristo enseñó que los pensamientos impuros son tan malos, y quizás peores, que los actos impuros, porque los pensamientos pueden repetirse indefinidamente, mientras que en los actos siempre hay algún límite.El aspirante a la vida superior puede triunfar solamente en proporción directa a la subyugación de su naturaleza inferior, pero debe guardarse muy bien de irse al otro extremo.

 Extracto del libro “Concepto Rosacruz del Cosmos” de Max Heindel
http://www.rosicrucian.com/foreign/rcc/rccspa017.htm
 Fuente: http://homenajealconceptorosacruzdelcosmos.blogspot.com.ar/2011/11/el-voto-de-castidad.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: