sol

El Génesis relata (cap. 3, vers. 15): “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; ella quebrantará tu cabeza y tú pondrás acechanzas a su calcañar”.

El hombre es la Voluntad y el Poder, la mujer es la acción del Fuego; por la unión de los dos se formó la sabiduría que modeló la tierra, el Universo, y todos los seres visibles e invisibles. El primero es la vida, la segunda es el movimiento; del cerebro derecho cruza la vida a la zona izquierda y del cerebro izquierdo cruza el movimiento a la zona de la vida, y ambos forman la luz que es mitad vida y mitad acción, y forman la esfera de la unión.

Todo hombre que trabaja para difundir su luz en el mundo, es el Iluminado Hércules que salva a Prometeo encadenado, a la Naturaleza por medio de la Espiritualización.

En el hombre hay tres soles: el Sol Padre en la cabeza que ilumina; el Sol Madre o Espiritu Santo en el sexo, que alimenta y fortalece el cuerpo; y el Sol Hijo en el corazón, que desarrolla la inteligencia; o en otros términos: el Sol Íntimo manifiesta su calor en el sexo, su vitalidad en el corazón y su luz en el cerebro.

Los sacerdotes antiguos empleaban sustancias, hierbas, animales para atraer la luz astral o el Alma del mundo, de una manera especial; pero los iluminados modernos han suprimido toda planta y todo animal para sustituirlos con el magnetismo de la mujer en sus trabajos de alta magia.

Uno de los significados de la cruz es la fricción de dos palos cruzados para reproducir el Fuego, un significado fálico, emblema del Fuego Cósmico.

El Fuego encendido por la mujer en la gaseosa sangre del hombre, circula por el sistema, anima y mantiene el cuerpo en contacto con el Alma del mundo, por medio de sus rayos áuricos y centros magnéticos.

La Llama Sagrada encendida por la mujer se traduce en humo en el sexo; el hígado lo transforma en calor en el corazón, y la glándula pineal en luz en el cerebro. Toda esta transmutación depende de la imaginación del hombre; si la imaginación se dirige abajo, durante la Llama, atrae materias cerebrales para aumentar el humo sofocante, y si se eleva al corazón y al cerebro, produce el calor del amor en el uno y la luz en el otro.

El Fuego atizado por la mujer debe ascender por la médula espinal hasta el cerebro, de donde sale por el occipucio como luz dorada, como nimbo, que los artistas clarividentes pintaron alrededor de las cabezas de los santos, y que significa la regeneración del hombre o su iluminación.

Los antiguos adoraban a Dios, colocando sobre sus altares la figura o la imagen de un hombre; los mismos cristianos colocan en sus altares al hombre y a la mujer, Jesús y María, José y María.

Sabemos de una secta del Oriente que adora solamente a la Divinidad bajo la forma femenina, y colocan en sus altares a la mujer. Primitivamente esta adoración tenía por objeto el llegar a descubrir los misterios de la Divinidad en el hombre. Los antiguos comprendían y sentían perfectamente lo dicho por Hermes: “Como es arriba, así es abajo”. Comprendían que cada parte del organismo humano tenía su significado secreto; las medidas de este cuerpo y sus movimientos, servían para medir todas las partes del Cosmos y conocer con exactitud sus movimientos. Ejemplos de esta sabiduría los conservan la Pirámide de Egipto, el Arca de Noé, el Templo de Salomón.

Cuando el tiempo echó el velo de la ignorancia sobre las mentes humanas, comenzó el hombre a adorar el símbolo en sí, olvidando la Realidad simbolizada y dio a cada acto de sus misterios un significado objetivo. El mundo actual aprende lo que le dictan los sentidos externos y no se detiene a estudiar inteligentemente el mundo interno del hombre para llegar a descubrir el verdadero arcano de la Sabiduría.

Cuando el hombre vuelva al reino Interno y Subjetivo entonces comprenderá las palabras del Divino Maestro que dice: “El Reino de los Cielos está dentro de vosotros”. Comprenderá que Adán no es un hombre, sino la primera emanación positiva del Absoluto.

– Que Eva no es una mujer, sino la segunda emanación pasiva.

– Que el Jardín del Edén está en el cuerpo que reúne estas polaridades.

– Que el fuego infernal arde eternamente en el sexo y atormenta al que lo busque, y que Lucifer, la Bestia, está en esta parte del cuerpo.

– Que el árbol de la Vida y del Conocimiento del Bien y del Mal, en medio del Jardín del Edén, es el sexo que está en medio del cuerpo humano.

– Que el Hijo de Dios es el hijo del Fuego Sagrado, mientras que el Hijo del Hombre es el hijo de los deseos humanos, representados en la Biblia por Adán y Eva, Caín y Abel.

Extracto del libro: “Las Llaves del Reino Interno”.  Segunda Parte. Capítulo I.  de Jorge Adoum.

Libro:http://eruizf.com/biblioteca/martinistas/jorge_adoum/jorge_adoum_llaves_reino_interno.pdf

Nota: OFF TOPIC es un espacio sin fines comerciales, dedicado al Intercambio Mutuo de Conocimientos y con fines Educativos y Sociales. Si en algún lugar de este espacio aparece publicidad comercial, deben saber que aquí nunca la hemos solicitado.

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