EURABIA

islam

“Eurabia” es un término que expresa la progresiva islamización de Europa. Se forma por la unión de dos términos Europa y Arabia, que vienen a englobar geográficamente al continente europeo y a los países de habla y cultura árabe. No sucede de forma accidental y es un proceso lento pero firme.

Originariamente, fue el nombre de una pequeña revista fundada en 1.975 por la Association France-Pays Árabes de París, el Middle East International Group de Londres, el Groupe d’Erudes sur le Moyen Orient de Ginebra, y el Comité Europeo de Coordinación de las Asociaciones de Amistad con el Mundo Árabe (organismo CEE).

Con un sentido crítico, la palabra también fue “creada” por Bat Ye’or (que en hebreo significa hija del Nilo). Es el pseudónimo de la escritora judía Giselle Littman, nacida en Egipto y con nacionalidad británica. Bat Ye’or es especialista en historia de Oriente Medio y pionera en el estudio de la situación de los dhimmis y de la Jihad. El término dhimmi lo emplea en su libro Islam and Dhimmitude: Where Civilizations Collide. Ye’or atribuye al político libanés Bashir Gemayel la creación del término dhimmitud, que equivale a la sumisión al dominio islámico de las tierras y de la gente. A cambio de esta sumisión, los no musulmanes recibirían de las autoridades islámicas la promesa de la protección (dhimma). Esta protección estaría, además, condicionada a un impuesto (jizya).

Es, en suma, un concepto que formaliza la opresión y ausencia de libertad. Ye,or escribe desde la experiencia de haber presenciado la destrucción en pocos años de una vital comunidad judía asentada en Egipto durante más de dos mil seiscientos años, desde los tiempos del profeta Jeremías. Ha visto la desintegración y la huida de familias desposeídas y humilladas, la destrucción de sus sinagogas, el bombardeo de sus barrios y el terror de una población pacífica. Ha conocido personalmente las penurias y la dureza del exilio, la miseria de ser una apátrida.

Equipara la dhimmitud como la condición social resultante de la Jihad, definiéndola como un estado de inseguridad de los infieles, a los cuales se exige sumisión. Ye’or considera la condición de los dhimmis dentro de un contexto de Jihad.

En efecto, la dhimmitud es la consecuencia directa de la Jihad porque comprende todas las leyes y costumbres islámicas aplicadas durante más de un milenio a las poblaciones sometidas de judíos y cristianos residentes en los territorios conquistados por la Jihad y, por tanto, islamizados.

En este contexto se gesta el concepto de Eurabia, que ha empleado en su obra Eurabia, the Euro-Arab axis. En esencia, sostiene que “Eurabia” es el nombre por el que se conoce una teoría geopolítica que augura una Europa en la que la cultura dominante no será occidental, sino islámica, y en la que la inmigración habrá multiplicado el número de adeptos musulmanes. Esta hegemonía demográfica se alzará como un larvado caballo de troya que, en su momento, consumará la victoria cultural del Islam. Se trata, en suma, de una invasión lenta y silenciosa que realizan los musulmanes en los países democráticos, para intentar que todos formemos parte de su concepción del mundo, en un alarde de doble moral o dictadura que usa la democracia para sus propósitos totalitarios.

Geográficamente, el término “Eurabia” engloba al continente europeo y a los países de habla y cultura árabe. Ciertamente, la separación geográfica y cultural entre ambas regiones es muy clara. Pero el mundo financiero ha evolucionado de tal modo que las naciones del mundo se han visto en la necesidad de abrir sus perspectivas económicas hacia otras latitudes y establecer parámetros y relaciones de estas características.

Las facilidades técnicas para el tránsito de personas y la necesidad de mano de obra joven han favorecido la mezcolanza en occidente de masas humanas de ambos paradigmas. Por fin, un régimen de libertades amplio y cómodo para los asimilados ha permitido que mantengan sus prácticas culturales y creencias, no siempre tolerantes con las culturas que los acogen.

En consecuencia, la distancia geográfica se disuelve y la confusión entre miembros de culturas diferentes se convierte en un hecho preparador del salto hasta “Eurabia”.

Además, Eurabia no “sucede” por accidente. Tiene el apoyo permanente de grupos de opinión y acción, cuentan con la participación activa de líderes políticos europeos, la incomprensible complacencia del periodismo de izquierdas marcadamente antiamericano y un sostén económico no despreciable. Y todo ello en un contexto de libertades que juega contra la libertad misma.

La idea ha sido bien resumida por el arzobispo Giuseppe Bernardini, al citar las declaraciones de un autorizado personaje musulmán durante un encuentro oficial para el diálogo islámico-cristiano:

“Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos, gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos; los petrodólares que entran en las cajas de Arabia Saudita y de otros Gobiernos islámicos son usados para construir mezquitas y centros culturales en países cristianos con inmigración islámica, incluida Roma”.

La meta es influir gradualmente en Occidente para que vaya aceptando cada vez más al Islam. Los musulmanes deben participar en la vida pública en todas las esferas para cambiar las cosas “hacia” el Islam, hasta llegar a un “Islam que todo lo abarque”. El musulmán debe ser un ciudadano para influir en su ambiente social, pero le está prohibido ser influenciado por el ambiente. En definitiva, “no hay que modernizar el Islam, sino islamizar la modernidad”.

El cambio cultural que “Eurabia” persigue en Europa comenzó con la crisis del petróleo de los años 70, que habría obligado a los dirigentes europeos a hacer concesiones a los países productores árabes.

Una política exterior conciliada con los países árabes. Ésta exige concesiones culturales y en nuestro sistema de valores para llegar a puntos de encuentro. Por su parte, las propuestas islamistas no ceden en sus principios ni un milímetro (esto sería inaceptable en su paradigma). Así, Europa se desplaza sutilmente hacia “Eurabia”.

El Islam tiene una vocación totalizadora: aspira a influir en todos los ámbitos de la vida social y no distingue entre el orden civil y el religioso, entre autoridades de uno y otro orden, en la separación, en suma, entre Estado y Religión.

Ésta es, por tanto, una entidad moral a la que deben subordinarse las instituciones y la sociedad civil toda. La democracia y la libertad individual también. Sin duda, es difícil conciliar nuestra idea de democracia liberal con la que pueda defenderse desde una concepción islamista, que subordina libertades, derechos e instituciones a principios religiosos de obligado cumplimiento.

La falacia de esta supuesta compatibilidad solamente puede obedecer al intento de presentar al Islam como compatible con creencias irrenunciables en Europa (la democracia, la libertad individual y el Estado de Derecho), a fin de facilitar el tránsito a “Eurabia”.

Muestran la idealización de ciertos períodos de la historia europea, como Al-Andalus, con repudio de la Reconquista o la Conquista de América. Se presenta Al-Andalus como un período de florecimiento cultural, tolerancia y paz, mientras Europa vivía en el oscurantismo fanático y atrasado. Las conquistas musulmanas fueron pacíficas y enriquecedoras y la reconquista cristiana brutal y abusiva, a igual que la conquista de Indias, que se caracterizaron por el sometimiento, el abuso y el genocidio. En cierta manera, esta idealización encubre la reivindicación sobre los antiguos territorios musulmanes, a los que no se renuncia por tenerse legítimo derecho de recuperación.

Se fomenta la adopción del relativismo cultural, con aceptación de la poligamia. Se fomenta la superación del cristianismo como forma de intolerancia y absolutismo en los valores presentándose el relativismo como forma idónea de convivencia democrática. Realmente, esta fórmula es la que permite exigir respeto por formas de vida y conducta inaceptables en nuestra cultura, tales como la poligamia, la sumisión de la mujer al hombre o la eficacia civil de las autoridades religiosas.

Los imanes ejercen presión sobre las autoridades europeas para que designen oficialmente zonas para extender la ley musulmana, no encontrando tajantes negativas a admitir fisuras en principios esenciales de nuestra cultura jurídica. Europa estará plagada de mezquitas, y sus decisiones políticas y sociales serán adoptadas por la numerosa población musulmana. El nivel de votantes islámicos será decisivo para determinar quién controla los gobiernos.

Entre los jóvenes musulmanes no ha desaparecido el radicalismo. Mai Yamani, profesor en el Royal Institute of Internacional Affairs de Gran Bretaña, opina que los jóvenes musulmanes en Europa llegan al radicalismo por tres factores.

– Primero, la globalización desdibuja su identidad y los hace buscar un refugio seguro en la religión.

– Segundo, el acceso a Internet y a la televisión árabe por satélite los conecta con una actualidad de Medio Oriente donde Occidente es representado como un agresor.

– Y tercero, la educación wahabita que se enseña en las mezquitas y colegios del Reino Unido, que alienta la hostilidad contra los infieles.

A modo de conclusión, podemos establecer que:

1. “Eurabia” es un término en gestación. Trata de resumir un fenómeno actual, circunstancia que lo convierte en especialmente maleable ante hechos y doctrinas futuras, que pueden completarlo o reconfigurarlo en su sentido final.

2. Es un término crítico-descriptivo. En efecto, “Eurabia” no es una doctrina, sino un hecho. Mejor dicho: la denuncia de un hecho consistente en la deliberada, maliciosa y peligrosa islamización de Europa. Este contenido de denuncia y crítica configura su razón de ser, al ser su vocación difundir entre el público occidental y especialmente europeo esta amenaza. En este contexto de denuncia, parece que su sentido de alerta cultural solamente desaparecerá con la eliminación del peligro mismo. En consecuencia, es un concepto defensivo: pretende repeler las agresiones islamistas a los valores fundamentales de nuestra cultura. 

3. El aparato crítico que despliega el concepto se alza frente al islamismo, y no contra ninguna otra doctrina.

4. No se planteen posibles vías de solución consensual. Por tanto, el multiculturalismo es impracticable y hasta peligroso, pues no es posible la coexistencia de culturas cuando una de ellas pretende imponer sus principios por la fuerza y sin el respeto a los derechos humanos más elementales. Y si Europa se convierte en “Eurabia”, significará la pérdida de nuestros aliados culturales, económicos y militares más estrechos.

5. El concepto contribuye a enriquecer y formalizar el debate sobre una cuestión clave de este siglo y que, sin duda, exigirá respuestas políticas, éticas, jurídicas y ciudadanas.

Fuente: Eurabia: The Euro-Arab Axis, Fairleigh Dickinson University Press, 2005.

Oriana Fallaci

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