29629-1Artur Mas con Oriol Pujol y Carles Puigdemont (actual presidente de la Generalitat no elejido en las urnas) implicado en el proceso de sedición.

La manipulación histórica por parte de los separatistas catalanes ya es bien conocida, así como la lista manipulada de los Presidentes de la Generalitat que publican en su Web a la que acaban de añadir el 130º que  correspondería al 17º (décimo séptimo) presidente.

En su reciente viaje a Estados Unidos, Artur Mas quiso impresionar a los pocos periodistas americanos que le dedicaron alguna atención diciendo que es el 129º Presidente de la Generalitat. En la radio pública de Nueva York, no dudó en comparar esa llamativa cifra con el hecho de que Barack Obama es tan solo el 44º presidente americano. La cuestión de fondo que quería transmitir salta a la vista, ¿por qué un país con tantos presidentes no podría acceder a la independencia?. Pocos días después, en su alocución ante los dirigentes de 36 países reunidos en la cumbre Euromediterránea, subrayó su condición de 129º presidente de una de las instituciones más antiguas de Europa.

En la página oficial (gencat.cat/sacdocs/PRE/1609.pdf), se puede encontrar el listado de presidentes extraído de la obra dirigida por Josep M. Solé i Sabaté, “Historia de la Generalitat de Catalunya i dels seus presidents” (2003) , que se remonta nada menos que a 1359 cuando supuestamente fue nombrado el primer “president”. Pero si se lee con atención el texto que justifica dicha relación, se verá que para las épocas medieval y moderna no se habla de presidentes, sino del “diputado eclesiástico de más preeminencia” que presidía los actos oficiales. En realidad, desde el primero en la lista, Berenguer de Cruïlles (1359), hasta el 121, Josep de Vilamala (1714), no fueron tratados nunca como presidentes, sino como diputados eclesiásticos de la Diputación del General.

Para empeorar las cosas, la lista publicada no corresponde a una enumeración rigurosa, sino a una selección arbitraria. Se excluyen a diputados que ejercieron ese supuesto cargo de presidente, como los diputados nombrados por Juan II (padre de Fernando el Católico) al encontrarse en guerra contra la nobleza.

La Diputación del General era una institución permanente compuesta por representantes de los brazos eclesiástico, militar (nobleza) y real (oligarquía ciudadana), uno de los diputados eclesiásticos, normalmente el de mayor edad, tenía la distinción de ser el preeminente. Su función principal era la de recaudar impuestos destinados a las arcas reales en Cataluña y poco más. Una suerte de agencia tributaria encabezada por un religioso.

El historiador Oscar Uceda, ha puesto en evidencia que esa lista no es más que un nuevo invento de la tradición al servicio del discurso nacionalista, sirva como ejemplo la muerte del 117º president, Francesc de Valls i Freixa, durante el asedio austriacista de Barcelona de 1705, hábilmente ocultada en la celebración del Tricentenario (1714-2014) por tratarse de un “botifler” (Borbón). En la importante crónica de Francisco de Castellví, “Narraciones Históricas”, en ningún momento se habla del president Valls, sino del diputado eclesiástico.
Solé i Sabaté explica respecto al listado, que los diputados que fueron elegidos más de una vez en el segundo mandato, han sido contados en una ocasión. El periodo de regencia de 1367 a 1375 no ha sido considerado en esta relación. Tampoco ha sido tenida en consideración la Diputació que Joan II hizo nombrar en 1470 en Lleida, en la fase final de la guerra civil catalana, y que actuó de forma paralela a la Diputació escogida por el procedimiento establecido de los “tres braços” (los 3 poderes). Tampoco se han incluido en esta lista los personajes puestos por el gobierno español durante la suspensión del Estatut republicano y el encarcelamiento del presidente Lluís Companys, tras los hechos del 6 de octubre de 1934.
El historiador Joan B. Culla explica que José Montilla, ha sido el tercer presidente de la Generalitat de origen andaluz, ya que Luis de Tena, natural de Guadix (Granada) entre 1617 y 1620, fue obispo de Tortosa (Tarragona), y Alfonso de Sotomayor, nacido en Carmona (Sevilla) entre 1677 y 1680, fue obispo de Barcelona, y presidieron la Generalitat en el siglo XVII. Hubieron como mínimo bien documentados trece “presidentes” de la Generalitat medieval y moderna, es decir, antes de su abolición en 1714, nacidos fuera de Cataluña, en lugares como Valencia, Zaragoza, Teruel, Castilla, Logroño e incluso Nápoles, entonces perteneciente a la Corona de Aragón. Además de Andalucía, de donde eran Tena y Sotomayor, el último de origen no catalán fue Benet Ignasi de Salazar, entre 1689 y 1692, natural de Logroño.

Evidentemente en el siglo XIV no pudo haber un President de la Generalitat constitucional porque la primera constitución española es la de Cádiz de 1812. No puede haber un régimen constitucional antes de la primera Constitución y no puede haber un presidente antes de la primera presidencia, que debe situarse en torno a las primeras revoluciones sociales y políticas; la francesa y la norteamericana. El nacionalismo, precisamente, nació como reacción a la Revolución francesa y sin embargo, pretenden que el concepto de nación existiera antes de haberse inventado.
El término Presidente lleva aparejados los conceptos de sufragio popular, división de poderes y otras características del Estado moderno que nunca pudieron existir en el siglo XIV. No se trata pues de una simple cuestión semántica. Pretender que hubo presidentes antes de Montesquieu, por ejemplo, es inventar la historia.

En 1931 se puso en marcha la nueva Generalitat, que nada tenía que ver con la institución medieval, sino que era muy parecida a una comunidad autónoma actual. La elección del nombre se debió unas circunstancias políticas muy concretas. Fue la solución que propuso el socialista Fernando de los Ríos, ministro de Justicia tras proclamarse la II República en abril, para convencer a Francesc Macià de reconvertir su república catalana en un autogobierno provisional hasta que las Cortes aprobasen la nueva Constitución y el Estatut.

La elección de quien merece el rango de presidente no se ampara en criterios de elección directa o de ejercicio efectivo del gobierno, pues hasta 1980 solo hubo elecciones al Parlament en 1932, sino en apreciaciones políticas. En la lista aparece Josep Irla, presidente en el exilio desde 1940 a 1954, que evidentemente no llegó a gobernar, y es excluido el coronel Francisco Jiménez, presidente accidental de la Generalitat de octubre de 1934 a enero de 1935 tras el fallido alzamiento de Lluís Companys. En esa fecha, el Gobierno de la República sustituyó la figura del “president” de la Generalitat, por el gobernador general de Catalunya que tenía atribuciones similares, pero bajo su control. Hasta febrero del 36 ocuparon el cargo nada menos que siete gobernadores.

Vistos los patrones que se han utilizado para fabricar la lista oficial, también habría otros argumentos para incorporar. De hacerlo así, y puestos a ser irreverentes, desde Macià hasta Montilla, Artur Mas sería tan solo el 16º presidente que, dicho sea de paso, con 5 años en el puesto, se ha constatado su total incapacidad para gobernar… ni País, ni Nació, ni Estat, ni presupuestos, ni cumplimiento de mandato, etc..  etc… y pasará a la historia como el President Ni Ni.

Fuentes:
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/artur-mas-president-tse-tse-4130489
http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2003/12/21/pagina-20/34043907/pdf.html

Ya son 150 Presidentes !! … ¿ Y quiénes son los 13 desaparecidos ?
http://somatemps.me/2015/05/11/la-verdadera-lista-de-presidents-de-la-generalitat-y-los-olvidados-por-politicamente-incorrectos/

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Comentarios en: "Presidentes de la Generalitat de Cataluña – Manipulación Histórica." (1)

  1. Las personas siempre nos formamos más en la vida que en los estudios. A estas alturas de la mía puedo confirmar he tenido la suerte de conocer a muchos auténticos estúpidos con innumerables licenciaturas. También a auténticas maravillas de personas con escasamente el graduado escolar. Dicho lo cual, está claro que me importan bien poco los títulos o las carreras. Aunque sí admito que me indigna quién alardea de tenerlas simplemente como forma de obtener prestigio social o como forma obtener sueldo público.
    Cuando empezó a sonar el runrún de Puigdemont como nuevo presidente de la Generalitat, él era filólogo y periodista. Ciertamente es aún fácil encontrar en internet múltiples referencias en la línea de “Carles Puigdemont, licenciado en filología”. Simplemente tecleen en Google esas palabras. Las primeras biografías –alguien se las dió– así lo indicaban en La Vanguardia o El Periódico. Si tienen más paciencia, tiren de hemerotecas como las de La Vanguardia o el Diari de Girona.
    Pero, curiosamente, con el paso de las horas, Puigdemont ya no era filólogo, ni de formación ni de licenciatura. Su perfil se aclaraba. Ahora tenía sólo “estudios”, y era borrado aquello de “filólogo de formación”. Excepto, claro, en Diari de Girona donde es –tomen nota– “filólogo de formación aunque no haya acabado la carrera”. Ironías como la de ser medico sin ser licenciado en medicina, o yo mismo cuando estudié matemáticas –nunca acabé– en la Universidad, por lo que de formación soy matemático.
    El tema periodista es todavía más complejo. Uno puede acceder al Colegio de Periodistas bien por la licenciatura universitaria o bien por acreditar durante dos años la profesión en medios. Este fue el camino de Carles Puigdemont. Respetable, como otros tantos en la profesión, pero también sin los estudios reglados como parece dar a entender su biografía. En pocas palabras, hasta el día antes de la proclamación, la biografía del entonces sí alcalde de Girona era clara: filólogo y periodista. Pero la realidad es otra. El president es un respetable bachiller sin ningún tipo de licenciatura. Algo, por cierto, que decía sin tapujos otro presidente de Cataluña como Montilla.
    Pero, volviendo a su biografía, es curioso cómo se indica que no se dedicó a la política hasta 2006. Curioso porque años antes creó la Agencia Catalana de Noticíes (ACN). Un organismo de la Generalitat pagado con dinero publico. Según algunas fuentes, fue directamente un encargo del Govern, según otras, una idea suya. Ya sabemos que en Cataluña alguien sin más formación que el bachillerato pica a la puerta de la Generalitat y le ponen miles de euros para gestionar una empresa de una sociedad pública. De ahí paso a dirigir la Casa de Cultura de Girona en 2002. Ciertamente, un encargo con una vinculación claramente política. Sorprende pero, de nuevo, un bachiller al frente. ¿O en aquellas era ‘aún’ filólogo?
    Quizás con los años me haya vuelto un clásico. Pero creo que lo mínimo exigible a un presidente es la transparencia. Como hemos citado, Josep Montilla, criticable para mi gusto en muchos temas, no era licenciado pero no lo ocultaba. Era, además, de una generación con más dificultades para el acceso a los estudios superiores. Sorprende más, por eso, que una persona joven haya llegado tan lejos sin haber acabado una carrera. Para mí dice muy poco como éxito de país. Porque quizás, y sólo quizás, permite pensar que los esfuerzos para estudiar tienen menos valor que estar bien ‘conectado’.
    Recordemos que en Alemania los políticos dimiten por plagiar una tesis –al menos sí son licenciados–. Aquí alguna vicepresidenta, como Joana Ortega, ha mentido en su currículum con su carrera de psicología sin pasar nada. Pensábamos que era una excepción. Pero ahora entran las dudas de si es una práctica más común de lo habitual. Esperemos que no aparezca algún escrito, currículum o biografía oficial de Carles Puigdemont donde de su puño indique que es filólogo, porque sería una presidencia bien corta. Eso sí, ahora nadie duda ya si Puigdemont es licenciado o bachiller. Aunque deberíamos preguntarnos por qué esa respuesta ahora tan clara fue tan ambigua mientras cobraba dinero público. Que cada uno saque sus conclusiones.
    Fuente: http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2016/01/puigdemont-un-licenciado-o-un-bachiller-31379.php?platform=hootsuite

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