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Monte Albán (México)

Monte Albán es un sitio arqueológico localizado a 11 kms. de la ciudad de Oaxaca de Juárez (México). Fue durante mucho tiempo la sede del poder dominante en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, desde el declive de San José Mogote en el Preclásico Medio (1.500-700 a.C.) hasta el ocaso de la ciudad alrededor del s. IX.

Se sabe que los mexicas llamaron a la ciudad Ocelotepec que significa Monte del Jaguar, de ocelotl-jaguar, y tepec-monte o cerro. El nombre en castellano Monte Albán fue dado por los españoles en la conquista, por la similitud del paisaje con los montes Albanos en Italia.

Como en otras partes de Mesoamérica, los restos de las edificaciones precolombinas de Monte Albán, son en su mayoría restos de las plataformas piramidales que sostuvieron las edificaciones dedicadas al culto religioso, a la administración pública o los restos de conjuntos habitacionales dedicados a los estratos dominantes de la sociedad. Sin embargo, gracias a los trabajos de mapeo del cerro, también se ha podido conocer la organización de los barrios de la ciudad. Mientras el conjunto monumental se organiza en torno a la plaza central, las habitaciones de los estratos sociales más bajos se localizaban en terrazas construidas ex profeso. Este patrón de asentamiento es bastante característico de las sociedades mesoamericanas precolombinas del Clásico (s. II-VIII y IX d.C.), como lo demuestra la disposición urbana de Teotihuacan, Palenque o Tikal, que se cuentan entre las mayores de aquel tiempo.

Monte Albán inició su propia historia alrededor del s. V a.C. Durante el 300-100 a.C. aproximadamente, la región debió enfrentar un clima de hostilidad derivado por el expansionismo militar, tal como lo atestiguan las representaciones en piedra de personas sometidas, los llamados Danzantes.

Al mismo tiempo, es el escenario de varias innovaciones importantes en el contexto mesoamericano, en contraste con otras regiones que durante el Pre-clásico Medio y Superior recibieron un importante aporte de la cultura Olmeca, en los Valles Centrales la impronta de este estilo está asociada por un corto período con el desarrollo de San José Mogote, para luego dar lugar a un estilo artístico más o menos característico de la cultura Zapoteca.

Otro dato importante sobre el desarrollo formativo de Monte Albán es la creación de un sistema de escritura propio, cuyas evidencias más antiguas corresponden al s. IV a.C. La escritura zapoteca estaba asociada al registro de sucesos notables para la historia de la ciudad, por lo que implica el manejo de un calendario.

Durante la Fase I de la ciudad se comenzó el aplanamiento de la cumbre, así como la construcción de un muro defensivo en las laderas norte y oeste del cerro. Durante la Fase Monte Albán II Temprana, la capital zapoteca tuvo una población de aproximadamente 17.200 habitantes, que la convertían en una de las mayores ciudades de Mesoamérica.

Como la mayoría de los centros ceremoniales prehispánicos, la zona arqueológica de Monte Albán cuenta con un “juego de pelota” el cual se encuentra localizado al norte de la plataforma oriental. Este recinto es conocido como Juego de Pelota Grande, a diferencia de otra construcción, también conocido como Juego de Pelota Chico.

En algún momento los muros de esta edificación estuvieron cubiertos por estuco, como lo han demostrado las excavaciones realizadas en ese lugar. Las dimensiones del juego de pelota son de aproximadamente 25 m. de largo y de 7 por 22 m. en los extremos conocidos como cabezales. La longitud interior, incluyendo los cabezales, en su totalidad es de aproximadamente 54 m.

En Monte Albán el juego de pelota se practicaba golpeando la pelota con la cadera, codos y rodillas. Los jugadores hacían pasar la pelota de un lado a otro; los muros inclinados ubicados a los lados de la cancha se cubrían con una gruesa mezcla de cal para crear una superficie que hiciera a la pelota regresar al campo de juego.

En esta zona arqueológica se construyeron cinco canchas de Juego de Pelota, hecho que confirma la importancia de dicho juego a nivel regional. El Juego de Pelota Grande se construyó aproximadamente en el 100 a.C.

En la zona de la Plaza Central se encuentra el Palacio, se estima su construcción entre los años 350 y 800 d.C. su ocupación pudo estar relacionada con la clase noble y sacerdotal. Se ingresa al recinto a través de un pasillo estrecho llamado “entrada ciega”; esto nos habla del carácter restringido y exclusivo del edificio. Al centro del patio se ubica un pequeño altar; a un costado un tunel corre por debajo del palacio. No se ha completado su exploración, sin embargo se cree que funcionó como acceso privado a la Gran Plaza y otras área aledañas. En la actualidad, el palacio solamente conserva el desplante de los muros. El bloque rectangular que corona la puerta es una pequeña muestra del avanzado carácter de la arquitectura de la zona.

En la Gran Plaza se encuentran dos edificaciones que fueron observatorios astronómicos, estos están relacionados con edificios de otras zonas arqueológicas ubicadas en el Valle de Oaxaca, un ejemplo es el Caballito Blanco de la zona de Yagul.

La observación astronómica dio a la sociedad prehispánica el conocimiento necesario para calcular los ciclos de la agricultura, conocer los cambios de estación, la proximidad de las lluvias, las épocas de recolección de plantas medicinales; así como para pronosticar acontecimientos futuros y orientar las construcciones, calles, avenidas y plazas hacia los puntos cardinales. En la base de uno de los observatorios, se muestra una piedra grabada que se denomina “Lápida de conquista”. Existen diversas de estas lápidas, en ellas se muestran escenas de conquistas realizadas por Monte Albán sobre otros pueblos entre el 100 a.C. y el 200 d.C.

En cada piedra es posible apreciar el glifo de Monte Albán y debajo una cabeza invertida que se supone representa a los vencidos. Se cree que la existencia de dichas lápidas sirvió para mostrar la fuerza y el poder de los ejércitos ante los ojos de los locales.

Existen varias estelas que contienen sobre su superficie exclusivamente texto escrito, en forma de jeroglíficos, los cuales no tienen figuras animales ni humanas representadas. Estas estelas se encuentran ubicadas fuera de los edificios y conmemoran sucesos importantes para la historia de la ciudad. Los jeroglíficos corresponden básicamente al calendario, del que se han podido deducir los signos representantes de los días, meses y el año. Muchos de los jeroglíficos esculpidos representan números, los cuales permiten demostrar que los habitantes de la región ya poseían un gran conocimiento matemático y astronómico del cual se conoce muy poco. Una de las estelas, la mayor de Monte Albán, mide aproximadamente 6 m. de altura y está orientada astronómicamente, alineada perfectamente en dirección norte con la Estrella Polar.

EI sistema calendárico era una convención de símbolos asociados al ciclo solar, el cual se compartía con otros pueblos mesoamericanos. Los zapotecos también tenían un calendario ritual o sagrado (piye) que comprendía el año de 260 días, donde se combinaban 20 días con 13 numerales que daban como resultado los 260 nombres diferentes; y un calendario solar de 365 días (yza), de 18 meses de 20 días y 5 días adicionales; ambos calendarios derivaban de los que habían inventado en sus orígenes.

Como en el resto de las culturas mesoamericanas, en el sistema de calendarios zapotecos también coincidían las cuentas ritual y solar cada 52 años, y de esta manera se completaban los siglos, que indicaban el momento de la renovación total de la vida de la gente y de las ciudades, era el momento deI Nuevo Sol.

Fuente: Wikipedia

 

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Altar Ara Pacis de Cartagena (Murcia)

La piedra-altar Ara Pacis o Altar de la Salud de Cartagena, está datada en el primer tercio del siglo I de nuestra Era.

El descubrimiento del altar durante el siglo XVI en el Monte Sacro de Cartagena tuvo que ser muy celebrado. Incluso atrajo el interés del licenciado Cascales, quien en su obra “Discursos históricos sobre Murcia y su Reino” (1.621) propuso una de las primeras descripciones de la pieza. Con el tiempo se la conocería como la Ara de Espinardo, aunque nadie olvidó jamás que era de Cartagena.

Cascales recuerda que la piedra fue trasladada a Murcia por el obispo don Sancho Dávila en 1.594 y más tarde se instaló en el jardín de Alonso Fajardo, marqués de Espinardo (Murcia). Allí la encontraría el célebre arqueólogo Ivo de la Cortina, en 1.830 cuando paseaba por el jardín del palacio de los marqueses de Espinardo. El profesor quedó deslumbrado ante una pieza romana de tal belleza y se apresuró a comunicar el hallazgo a la Real Academia de Historia. Ya que su deseo era proteger y poner en valor la pieza, porque si en el futuro pasara a decorar algún museo extranjero, digan nuestros sucesores: “Ese es un robo hecho a nuestro patrimonio y a nuestro honor nacional”.

Cascales señalaba que el altar «no tiene letra ninguna; es piedra de mármol con jeroglíficos; en un costado tiene un timón, en otro la figura de Palas con un ramo de olivo, en el tercero una cornucopia, en el último un caduceo de Mercurio». El mármol de Carrara, representaba la era de paz que inauguró el emperador Augusto, aunque otros autores mantienen que la pieza estaba dedicada a los dioses Esculapio (Medicina) y Salus (Salud).

El altar embelleció el palacio del marqués de Espinardo hasta su muerte, luego sus herederos lo trasladaron a Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Concretamente, lo heredó Joaquín Escrivá de Romaní y Fernández de Córdoba, XIV marqués de Espinardo, V marqués de Aguilar de Ebro y XVI conde de Sástago.

La última parada en su periplo llevó la pieza hasta Monistrol, al pie del monasterio de Montserrat donde fue ubicada en otro palacete privado. Y es entonces, a comienzos de 1.940, cuando el Museo Arqueológico de Barcelona la adquirió para su colección.

La obra romana, en realidad, siempre estuvo localizada. García Bellido, en el libro “Esculturas romanas de España y Portugal” (1.950) la describe como «ara cuadrangular con relieves». Sin embargo, como tantas cosas en esta tierra, terminó olvidándose.

El 8 de julio de 1.997, el Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Cartagena impulsó con éxito las gestiones oportunas para el retorno de la pieza. La idea era conseguir una cesión temporal con motivo del 50º Congreso Nacional de Arqueología. La ara regresó a la ciudad portuaria; pero de visita. Hasta que el 8 de Julio de 2.005, se promovió una moción conjunta del Partido Popular en el Senado y el Gobierno regional para el retorno definitivo de la pieza.

El Senado debatió la moción el 10 de Octubre de 2.006. La defensa corrió a cargo de la senadora Belén Fernández-Delgado, quien advirtió de que la obra no era muy significativa para el patrimonio catalán, ya que no tiene nada que ver con el Museo Arqueológico de Barcelona. Además, subrayó la oportunidad de exponerla en el Museo Arqueológico de Cartagena, que debía inaugurarse en 2.007.

Los senadores del Partido Nacionalista Vasco apoyaron la moción, porque «debe ser justo que Murcia, en este caso, tenga el altar». Al final se aprobó la iniciativa, con 10 votos a favor y 9 en contra. El texto solo instaba al Gobierno Central a mediar ante el ejecutivo catalán en una futura negociación para recuperar la pieza.

La respuesta de la Generalitat de Catalunya, de la directora del museo barcelonés, Nuria Rufel, fue inmediata. «Con todos los respetos al Senado -declaró Rufel al diario La Verdad-, no son ellos los que tienen que decidir esto. El asunto debe ser tratado entre las dos comunidades, que son las que tienen las competencias exclusivas en materia cultural», y añadió «Nosotros tenemos el Ara Pacis en depósito gracias a una donación y, si llegara el momento, habría que estudiar de quién es la pieza y dilucidar su titularidad».

Lo que es probable que desconociera Rufel, como el resto de senadores, era la existencia de un documento que demuestra cómo el traslado del altar, si no fue un expolio, poco le faltó. Y que el interés de los murcianos por recuperar la pieza y exhibirla en un museo de la ciudad comenzó hace casi un siglo y medio. Así que hemos tenido tiempo de sobra para convertir el deseo en una realidad.

PETICIÓN DE FIRMAS PARA LA DEVOLUCIÓN DEL ARA PACIS A CARTAGENA.

https://www.change.org/p/president-de-la-generalitat-de-catalunya-que-el-ara-pacis-regrese-a-cartagena

Fuente:http://www.laverdad.es/murcia/v/20130113/murcia/sutil-expolio-espinardo-20130113.html

 

El Palacio de Gezer

Un equipo de arqueólogos ha descubierto un edificio palaciego que data de la época del rey Salomón, del siglo X a.C., en la ciudad de Gezer, sin evidencia de quién ocupaba este palacio o si fue utilizado por alguno de los reyes de Israel.

El descubrimiento por arqueólogos estadounidenses, que encontraron cerámica filistea entre los restos, apoyaría el relato bíblico, que señala que la ciudad fue filistea hasta ser conquistada por el rey David.

El complejo cuenta con un gran patio central, al igual que los edificios palaciegos contemporáneos que se han hallado en la zona. Aunque no se sabe quién gobernó desde ahí, si alguien lo hizo, el edificio es significativamente mayor que el tamaño de las casas normales de la época, explicó Steve Ortiz, director de la excavación, en representación del Museo Tandy del Seminario Teológico Bautista de Fort Worth, Texas.

Entre las características que no se encuentran en las estructuras domésticas habituales está la sillería -grandes piedras labradas monolíticas de forma rectangular- en las esquinas de las habitaciones. La característica principal es dos salas paralelas, largas o patios, rodeado por varias salas. El palacio tiene dos entradas desde el este y el oeste. La entrada desde el oeste también se conecta este edificio a la monumental puerta de seis cámaras asociadas por la mayoría de los estudiosos con Salomón, esta entrada está construida con más solidez que el resto del edificio.

Gezer con 6.000 años de historia, situada entre Jerusalén y Tel Aviv, es una ciudad con vistas a la llanura costera, y su historia se remonta bastantes siglos antes al rey Salomón. Según los arqueólogos, el sitio fue ocupado ya en el período calcolítico (IV milenio a.C.), y hace 3.400 años, su población Cananea estaba estrechamente vinculada con el lejano Egipto, como sabemos por los sellos del cilindro y una gran cartela descubierta del faraón Amenhotep III.

Las excavaciones han demostrado que la ciudad sufrió la destrucción violenta a manos de los egipcios. Tutmosis III registró su captura en las paredes del templo de Karnak.

Más tarde Gezer tuvo un papel prominente en las cartas de Amarna, mencionada por su nombre al menos nueve veces. El faraón Merneptah se jactó en su estela que él “tomó Gezer”. Según el Antiguo Testamento, la ciudad también se asoció con los filisteos en el tiempo de David, el rey rompió su poder “desde Geba hasta Gezer” (2 Samuel 5:25; 1 Crónicas 14:16).

Esta excavación ha demostrado el vínculo filisteo, al encontrar también los arqueólogos algunas piezas de cerámica con bicroma filisteo. Los arqueólogos también encontraron un fragmento revelador de un denominado “Ashdod” de cuello largo, una figurilla de aves con cara de mujer que muchos creen que representan una diosa egea. Este tipo de figurillas se han encontrado asociadas con los filisteos en otras excavaciones, como en Ashdod, Timna, Ecrón y Ascalón.

El equipo de excavación llama al edificio “Palacio de Salomón”, debido a la tradición bíblica de Salomón de construir grandes proyectos en Jatzor, Meguido y Gezer.

La Biblia dice que el poderoso monarca de Egipto entregó Gezer como dote a la mujer de Salomón, y que el rey de Israel reconstruyó la ciudad: Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer.

El rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, la quemó y dio muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dió en dote a su hija la mujer de Salomón. Restauró, pues, Salomón a Gezer…” (1 Reyes 9:15-17a). Las excavaciones han descubierto evidencias de que este pasaje bíblico se basa en hechos reales.

La ciudad fue destruida a finales de la Edad del Hierro I (alrededor de 1.200-1.000 a.C.). Sobre las ruinas se alzó una nueva ciudad con fortificaciones, el famoso complejo del portón, y un palacio que data de la segunda mitad del siglo X a.C. (época de Salomón). La magnitud y la artesanía del palacio muestra que sólo alguien con enormes recursos y una muy organizada plantilla de trabajadores cualificados podían permitirse la construcción de este complejo.

Fuente: http://protestantedigital.com/

 

Orígenes de la lengua Española

Monasterios de San Millán. Suso (arriba) y Yuso (abajo).

El monasterio de San Millán, está considerado el lugar donde nació el castellano como lengua propia.

En la comunidad autónoma de La Rioja (España) entre las colinas cubiertas de los famosos viñedos, se encuentra el pequeño pueblo de San Millán de la Cogolla, con escasos 150 habitantes. Esta localidad no es muy diferente de otras muchas tranquilas villas del interior de España, sin embargo en ella se encuentra una joya de la época medieval, el monasterio de San Millán, considerado el lugar donde nació el castellano ya como lengua propia.

Antes que nada tenemos que conocer la situación lingüística en la Península Ibérica. Durante el Imperio Romano, el latín era la lengua que se extendió por toda Europa, usada en instancias administrativas, transacciones comerciales y la mayoría de las actividades cotidianas. Pero era un latín mayoritariamente vulgar, llevado por militares romanos y comerciantes, que se mezcló con las lenguas pre-romanas que existían antes de la conquista romana.

Tras el colapso del Imperio Romano de Occidente y las invasiones germanas, el latín se deformó y fue evolucionando de forma distinta que en otras partes del Viejo Continente, conformándose un proto-castellano aún difuso.

Las invasiones musulmanas arrinconaron a los cristianos de la Península en el norte del país, bajo la protección de las Marcas de Carlomagno, hasta que comienza la Reconquista. En medio de este larguísimo conflicto medieval, se logró expulsar a los moros de La Rioja y en la naciente San Millán de la Cogolla se decidió construir un monasterio que sería ampliado varias veces.

Bajo la protección de los reyes navarros, el lugar se convirtió en un foco cultural de primer orden de Europa, uno de esos lugares donde los monjes se recluían lejos del ajetreo cotidiano y se dedicaban a la contemplación y el rezo. Allí se construyó una scriptoria, una habitación dedicada a la escritura y copia de los bellos códices y la traducción de viejas obras grecorromanas. La importancia de este emplazamiento queda demostrado por el hecho de que a pesar de que San Millán no estaba dentro del Camino de Santiago, algunos peregrinos se desviaban muchos kilómetros para pasar por este lugar.

En el Monasterio, actualmente en manos de la Orden de los Recoletos, se conservan obras de valor incalculable, aunque la mayoría se encuentran en la Real Academia de Historia de Madrid. Entre ellos hay obras del remoto siglo X, libros de santos, salmos, misas, Biblias y valiosos códices, todos hechos a mano en una época muy anterior a la invención de la imprenta y decorados con delicados colores, imágenes y filigranas. Pero lo que hace único este lugar son las llamadas Glosas Emilianenses, un millar de anotaciones en un castellano muy arcaico que hacían los monjes en los márgenes de las páginas para entender y aclarar términos latinos difíciles. Se encuentran en el llamado Códice 60, una recopilación de homilías, también se conservan palabras en euskera, el idioma vasco. A través de ellos, se puede ver cómo era el lenguaje en el que se manejaban las personas de forma cotidiana, un castellano incipiente muy latinizado pero que ya empieza a diferenciarse. 

Una muestra de este arcaico castellano. Códice 60, pag. 72.

Con o aiutorio de nuestro dueño Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore et qual duenno tiene tela mantatione con o patre con o spiritu sancto en os sieculos de lo sieculos. Facanos Deus Omnipontes tal serbiio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus, Amen.

Este monasterio estaba lleno de decenas de monjes que trabajan a la luz de las velas entre polvorientos libros.

Su éxito fue tal, que al primer edificio llamado Monasterio de Yuso (Yuso significa “abajo” en Castellano antiguo) se le añadió una segunda construcción más amplia, el Monasterio de Suso (de “arriba”), situado a unos kilómetros de distancia. En él trabajó el célebre escritor medieval Gonzalo de Berceo, el primer poeta del castellano. Con el paso de los años, los códices fueron resguardados, pero sin despertar mayor interés, hasta que fueron redescubiertos en el siglo XX. El escritor y lingüista Dámaso Alonso lo consideró “el primer vagido de la lengua española”. Sin embargo, actualmente hay polémica con respecto a si realmente estas glosas son las primeras del castellano, ya que se hallaron documentos que podrían ser más antiguos. Es el caso de los Cartularios de Valpuesta o el curioso Documento de Kesos, un inventario de quesos del año 948. Pero San Millán se sigue considerando la cuna del idioma español, una lengua romance más de Europa como el francés, el italiano o el rumano.

Lo cierto es que es muy difícil establecer el nacimiento de un idioma, ya que siempre el aspecto oral, del que no queda registro, evoluciona antes que el escrito. Pero podemos decir que ya hacia el siglo X, se ha conformado un proto-español que con el paso de los siglos se irá diferenciando del latín y se hace complejo. Actualmente es el segundo idioma más hablado a nivel mundial, con 437 hispano hablantes en todas sus variantes, siendo la lengua romance la más extendida, en gran parte gracias a la expansión por América.

Fuentes:http://universoyrealidad.com/2017/09/27/el-alumbramiento-del-castellano/

https://lariojaturismo.com/comunidad/larioja/recurso/monasterios-de-yuso-y-suso-cuna-del-castellano/ae9e1cd3-53b6-4612-b199-db296db97d58

Rutas de la Seda

           Ruta de la Seda (amarillo) Ruta de las Especias (azul)

El Próximo Oriente (Siria, Fenicia, Tierra Santa, Egipto, etc.), era la “última parada” de las mercancías orientales antes de su embarque final hacia los puertos europeos. Las cruzadas fueron en buena parte una maniobra europea para controlar el comercio de los puertos orientales.

Las rutas comenzaban en India y China y terminaban principalmente en el Imperio Bizantino y las repúblicas marítimas italianas. También se comprende la debacle que supuso para Europa que los turcos conquistasen Próximo Oriente. Las rutas desde China hacia el Índico pasan por las actuales Pakistán y Bangladesh, dos países que los británicos se preocuparon de separar del resto de India. Dicha división territorial tuvo por objetivo enfrentar irremisiblemente a China con India.

Gracias al Imperio Bizantino y a las cruzadas, Europa dominó durante mucho tiempo el Mediterráneo Oriental, mantuvo un pie en Asia y, en general, tenía gran protagonismo en Oriente. Esto cambió radicalmente con la irrupción de los otomanos en el siglo XV. Con la caída de Constantinopla y otras importantes plazas como Rodas y Alejandría, en manos de los turcos, Europa perdió su conexión con Asia.

Al heredar Mehmed II la corona, decidió que Constantinopla tenía que ser como prometía el Corán, arrebatada por fin a los infieles. De nada sirvió la resistencia heroica del último emperador Constantino XI, y de sus hombres. Durante el saqueo de la ciudad que duró varios días, fueron asesinados alrededor de 5.000 ciudadanos de todas las condiciones, y el resto de la población, casi 50.000 personas fueron reducidas a la esclavitud. Mehmed, para divertirse, compró a sus hombres los nobles bizantinos que no habían podido escapar y les mandó ejecutar en su presencia, para a continuación reunir sus cabezas sobre una mesa expuesta al escarnio público. Constantinopla se había convertido en Estambul, y el sultán, a partir de entonces, fue llamado Hunkar, lo que quiere decir “bebedor de sangre”.

El Imperio Otomano bloqueó la Ruta de la Seda y la Ruta de las Especias, tomando el control de las principales mercancías de Oriente y enriqueciéndose a pasos agigantados mientras Europa se iba empobreciendo. Las relaciones con el Este se vieron truncadas. Con la complicidad de Inglaterra, Holanda, Francia y los poderes protestantes y judíos en general, los otomanos establecieron bases esclavistas en todo el Magreb, sembraron la desolación incluso en las costas españolas y convirtieron el Mediterráneo en un infierno. Muchos consideraron durante aquella época que la caída de Roma estaba cerca y que la Cristiandad tenía los días contados. Este conjunto de desgraciados sucesos es lo que forzó a algunas potencias europeas a echarse al Atlántico como última opción, con la intención original de encontrar otra ruta para llegar a las “Indias Orientales”.

La ruta de la seda dejó de servir como ruta marítima alrededor de 1.453. Los gobernantes otomanos eran anti occidentales, luchando contra los cruzados y conscientes de la pérdida de Andalucía, por lo que expresaron su descontento embargando el comercio con el oeste. Las cosas se aliviaron un poco casi un siglo más tarde, cuando Venecia fue capaz de cortar un trato difícil con los otomanos, recobrando por un tiempo parte de su peso económico como intermediarios.

En los tratados de Tordesillas (1.494) y Zaragoza (1.529), españoles y portugueses se repartieron el mundo. Los españoles pondríamos rumbo a Occidente y enlazaríamos España con Filipinas a través de las Américas y el Pacífico, mientras que los portugueses, sin saberlo, crearon la primera ruta desde Portugal a Japón. El objetivo era llegar a Extremo Oriente sin tener que pasar por el Mediterráneo Oriental, controlado por el Imperio Otomano.

Este fue el principal factor que impulsó las exploraciones portuguesas del océano Índico, incluyendo el mar de China, dando lugar a la llegada del primer barco mercante europeo a las costas de China en 1.513, bajo el mando de Jorge Álvares y Rafael Perestrello, seguido por la misión diplomática y comercial de 1.517 encomendada a Fernão Pires de Andrade y Tomé Pires por Manuel I de Portugal, la cual inauguró formalmente las relaciones entre el Imperio portugués y la dinastía Ming durante el reinado del emperador Zhengde. La entrega de Macao a Portugal en 1.557 por el emperador de China (como recompensa por los servicios prestados contra los piratas que invadían el mar de China Meridional) dio lugar al primer puesto comercial y marítimo europeo permanente entre Europa y China. Otras potencias europeas seguirían su ejemplo en los próximos siglos provocando la eventual desaparición de la Ruta de la Seda.

Asimismo, el viaje de Cristóbal Colón en 1.492 tenía como objetivo buscar una ruta comercial alternativa a China, desde España, a través del Atlántico. Hasta unos años después del descubrimiento de América, se pensó que la expedición de Colón había llegado al continente asiático. No fue hasta el descubrimiento del océano Pacífico por el español Vasco Núñez de Balboa (tras cruzar el istmo de Panamá) en 1.513, que cartógrafos y navegantes supieron que América era un “Nuevo Mundo”, situado entre Europa y Asia.

La búsqueda de una ruta marítima a China se retomó unos años más tarde, con la expedición de Magallanes y Elcano de 1.519 a 1.522, la primera en cruzar el Pacífico y la primera en dar la vuelta al mundo. Con el descubrimiento del ‘tornaviaje’, o ruta de regreso de Filipinas a México a través del Pacífico, a cargo de Andrés de Urdaneta en 1.565, se estableció la ruta del Galeón de Manila, la primera en cruzar regularmente el Pacífico en ambas direcciones, concretamente entre la Capitanía General de Filipinas y la Nueva España. Esta ruta a su vez enlazaba por tierra (a través de México) con la ruta de las Flotas de Indias que unían América y España a través del Atlántico, creándose así una gran ruta combinada de alcance mundial, entre Asia y España, que duró desde 1.565 hasta principios del siglo XIX. Esta gran ruta española es también uno de los primeros ejemplos de mundialización o globalización.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ruta_de_la_seda

http://europasoberana.blogspot.com.es/2013/05/la-ruta-de-la-seda-el-collar-de-perlas.html

http://www.cervantesvirtual.com/portales/la_caida_de_constantinopla/#12

Jesús de Nazaret (el Cristo)

Ningún historiador serio duda de la existencia de Jesús de Nazaret. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencias de que existió Jesús que las que tenemos de famosos personajes históricos paganos.

También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier Palestino judío antes del 70 d.C.».

E.P. Sanders en «La figura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Judas el Galileo y otras figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar».

Y F.F. Bruce autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César.

La muerte en la cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús, señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron.

Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande, explica Guijarro en «El relato de la Pasión y la historia del cristianismo».

El historiador norteamericano John P. Meier, relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo en conversaciones con gente de la prensa y el libro (…) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: ¿puede usted probar que existió?. Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como: ¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús?. Entonces creo que, gracias a Flavio Josefo, la respuesta es sí.

Flavio Josefo (93 d.C.)

El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro Antigüedades judías (91-94) una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego, (Él era el Mesías) y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él). Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».

En Ant. 20.9.1. también hace referencia a Jesús, que es llamado Mesías, al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.

Tácito (116 d.C.)

El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a Cristo en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».

Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos.

Plinio, el Joven (112 d.C.)

Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo como a un dios: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios (Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem). Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».

Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.

Suetonio (120 d.C.)

El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».

La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «Áquila y Priscila acababan de llegar (a Corinto) desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».

Luciano (165 d.C.)

El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres… Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».

Mara Ben Sarapión (finales del siglo I)

Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino?. Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».

Celso (175 d.C.)

En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.

En el Talmud

El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s. XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado de Sanedrin 43a se menciona a Yeshú: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: “En la víspera de la pascua se colgó a Jesús”. Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: “Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo”. Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua».

Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica, considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico».

Fuente:http://www.abc.es/sociedad/20140417/abci-testimonios-cristianos-existencia-jesus-201403101319.html

El escarabajo de Nefertiti

En 1.300 a.C., un barco mercante de origen levantino, probablemente Sirio, naufragó en las cercanías de la ciudad de Kas, en la provincia de Antalya, costa meridional de Turquía.

En 1982, un buzo turco halló el barco, que fue rescatado en once campañas consecutivas desde 1984 hasta 1994 por George Bass del Instituto de Arqueología Náutica en Texas. Bass sostiene que el barco habría partido de algún puerto en la costa siria, utilizando una ruta que siguió el sentido contrario al de las agujas del reloj desde la costa Sirio-Palestina hacia la isla de Chipre con destino final a Creta y la Grecia micénica, para luego regresar vía Egipto hacia el Levante.

Entre las piezas más valiosas se encontró un escarabajo de oro con la cartela de la reina egipcia Nefertiti.

El escarabajo de Nefertiti, ya muy degastado por el uso de muchos años, parece haber sido parte de un “tesoro” de un joyero o mercader a bordo. En este caso, el valor del mismo radicaría solamente en el valor de su peso en oro. Esto permite afirmar que el escarabajo de la reina llegó a bordo mucho tiempo después de la muerte de Akhenaton (1333 a.C.), de su propia muerte (1330 a.C., año 3 del reinado de Tutankhamon), y del abandono de Akhenaton (El Amarna) o del traslado de la capital a Tebas, ya que durante el reinado de su esposo, éste escarabajo habría sido un objeto de mucho valor y prestigio como para formar parte de un tesoro o conjunto de trozos de metales y de objetos de oro y plata pertenecientes a uno de los mercaderes a bordo.

Weinstein sostiene que el escarabajo de Nefertiti puede ser datado entre los años 1376-1358 a.C. (cronología alta) ó 1339-1317 a.C. (cronología baja). Se cree que el escarabajo perteneció a los últimos años del reinado de Akhenaton (1351-1333 a.C.), años 15 a 17, ca. 1335-1333 a.C., cuando se advierte un cambio en la titulatura de Nefertiti y su mayor participación en ceremonias oficiales, años antes de la muerte de su esposo y de su retiro a una residencia privada (Palacio Norte) en el sector septentrional de El Amarna.

Se cree que es el único escarabajo de oro conocido de la reina. Es de pequeñas dimensiones: 1,4 cm. de largo, 1 cm. de ancho y 0.5 cm. de grosor. La inscripción contiene la forma extensa del nombre de la reina: “Nefernefruaten Nefertiti (nfr-nfrw-itn nfrt-iiti)” (“Hermosas son las bellezas de Aton; La bella ha llegado”), condensada en sólo tres líneas, en lugar de las usuales cuatro líneas. En este caso, se coloca primero el nombre del dios Aton (itn), luego nefer-nefru (“hermosas son las bellezas”) y finalmente el nombre Nefertiti (“la bella ha llegado”). El nombre Nefernefruaten puede ser hallado en inscripciones datadas entre los años 5 y 12 del reinado de Akhenaton, y “Nefernefruaten, la Gobernante”, en objetos del año 3 del reinado de Tutankhamon.

La titulatura completa usada por Nefertiti es: Princesa Heredera, Grande en Favores, Señora de Encantos, Fructífera en Amor, Señora del Alto y Bajo Egipto, Gran Esposa real, Amada del rey (Akhenaton), Señora de todas las Mujeres, Señora de los Dos Países, Neferneferuaten Nefertiti, que viva eternamente.

También utilizó los epítetos: “la voz que los egipcios se alegraban en escuchar” y “la que alegra a Aton con su dulce voz”, usados seguramente en sus apariciones públicas durante ceremonias oficiales.

Después del año 12 del reinado de Akhenaton, el nombre de Nefertiti desaparece de las escenas ceremoniales, ya que la reina cambia sus nombres y epítetos:

Ankhkheperure, Amada de Aton; Nefernefruaten, la Gobernante”, presentándose evidentemente como un “Rey”. Estos nombres habrían sido usados hasta, al menos, el año 3 del reinado de Tutankhamon, a juzgar por los adornos de oro hallados en su tumba.

Otro aspecto a destacar en el escarabajo hallado en el barco naufragado en Uluburun, es la inversión (en espejo) del primer jeroglífico en el nombre del dios Aton (itn), a fin de enfrentar el determinativo de la reina sentada con una flor en la mano, en el nombre de Nefertiti, al final de la inscripción.

Tawfik ha estudiado este aspecto peculiar de la inversión de ciertos jeroglíficos en los nombres y afirma que no se ha encontrado un caso similar en los nombres de las hijas de Nefertiti, ni en el de otras princesas de la época de El Amarna. En el caso del nombre de Nefertiti, este hecho nos permite afirmar que la posición de uno de los jeroglíficos en el nombre del dios Aton, enfrentando al determinativo de la reina sentada, reflejaría el prestigio y poder adquirido por esta reina en la corte egipcia.

Fuente: EL BARCO NAUFRAGADO EN ULUBURUN

http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/escarabajo-nefertiti-barco-naufragado-uluburun.pdf