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La Marca Hispánica (I)

En la zona oriental de la Marca Hispánica, esos territorios deberían haber tenido alguna entidad política-administrativa en tiempos de los romanos y de los visigodos, aunque no se denominasen condados, ni hubiesen estado gobernados por condes en la época de los reyes de Toledo.

En la monarquía visigoda, los condes, situados en jerarquía por debajo de los duques, la máxima autoridad provincial, gobernaban solo las ciudades, con autoridad exclusivamente al ámbito urbano, a menudo delimitado por murallas, que excluían el distrito rural dependiente de la ciudad. Por consiguiente, para organizar los territorios ganados al sur del Pirineo, los francos no crearon ninguna entidad, sino que se limitaron a conservar las ya establecidas por las tradiciones administrativas de sus pobladores.

Inicialmente la autoridad condal recayó en la aristocracia local, tribal o visigoda, pero los intentos de convertir sus demarcaciones en señoríos hereditarios obligó a los carolingios a sustituirlos por condes de origen franco. De este modo, en Gerona, Urgel y Cerdaña hubieron de aceptar en el año 785 la autoridad franca que impuso el Imperio Carolingio en estas marcas como baluarte contra la pujante expansión del Emirato Cordobés del poderoso Abderramán I, ya independizado de oriente.

Asimismo, Carlomagno, que en esta época rivalizaba por el dominio de occidente con el Emirato de Córdoba, situó marqueses y consolidó su poder ocupando Ribagorza, Pallars, Cerdaña, Besalú, Gerona, Ausona y Barcelona donde estableció caudillos con prerrogativas militares para oponerse a las ofensivas árabes. A lo largo de todo el siglo IX los condados hispánicos dependerán del emperador carolingio.

Áreas geográficas que en distintas épocas formaron parte de la Marca son: Barcelona, Besalú, Cerdaña, Conflent, Ampurdán, Gerona, Jaca, Osona, Pamplona, Pallars, Perelada, Ribagorza, Rosellón, Sangüesa, Sobrarbe, Urgel y Vallespir.

Los condados pirenaicos orientales a partir del siglo XIII constituirían una entidad común que no solo dependía administrativamente del Imperio carolingio, el poder religioso en estos condados dependió del arzobispado de Narbona durante más de cuatrocientos años entre los siglos VIII y mediados del XII, cuando en 1.154 el papa Anastasio IV otorgó a la sede Tarraconense el título de metropolitana. Todo ello pese a los intentos en este periodo de restaurar un arzobispado propio similar al que tuvo el Reino Visigodo en Tarragona de Sclua (fines del IX) o Cesareo, que quiso restaurar el arzobispado en Vich en 970 sin conseguirlo. De tal modo que la Marca Hispánica dependía tanto del poder civil, como del poder religioso franco.

El territorio de la Marca Hispánica se estabilizó durante todo el siglo IX en una frontera entre el Reino de Carlomagno y la Marca Superior andalusí delimitada por las sierras de Boumort, Cadí, Montserrat y Garraf.

Los condados que posteriormente formarían el Reino de Aragón (Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, de occidente a oriente), se constituyeron como marquesados carolingios al frente de los cuales se situó un marqués o gobernador franco.

El condado de Aragón se articulaba en torno al río Aragón, desarrollándose en los valles de Ansó, Hecho, Aisa y Canfranc, cuyo centro eclesiástico y cultural era el monasterio de San Pedro de Siresa y más tarde, la ciudad de Jaca.

Al final del siglo VIII, el poder carolingio, al frente del primigenio Aragón, situaron a un conde franco llamado Aureolo (Oriol o Aurelio), como “conde designado por los francos al otro lado de los Pirineos, frente a Huesca”, mencionado en los Annales Regni Francorum, que cubren la historia de los primeros monarcas carolingios desde 741 hasta 829. A su muerte en el 809 fuerzas de la cora Harkal-Suli, división administrativa del emirato de Córdoba que comprendía aproximadamente la actual provincia de Huesca, ocuparon fugazmente el condado de Aragón. Pero no se mantendría ni un año este dominio, pues en 810 el conde autóctono Aznar I Galíndez, posiblemente alzado al poder con el apoyo del rey de Pamplona Iñigo Arista, obtuvo de nuevo el condado. Posteriormente fue expulsado de estas tierras por García Galíndez “el Malo”, aunque como compensación le fue asignado el gobierno de los condados de Urgel y Cerdaña. A pesar de ello, Aznar I Galíndez estableció una dinastía condal hereditaria en Aragón desde la primera década del siglo IX, puesto que su hijo Galindo Aznárez I (o Galindo Aznar), gobierna el condado de Aragón desde los años 830 hasta mediados o finales de la década de 860, poder que se extendió también al condado de Pallars.

El condado, liberado de la dependencia de los francos, quedó sin embargo bajo la influencia del reino de Pamplona. A pesar de ello, el condado aragonés logró preservar su identidad social y administrativa.

Sobrarbe era un territorio sometido a la autoridad del valí de Huesca desde la ciudad de Boltaña, la ciudad fortificada de Alquézar y en última instancia, desde Barbastro, el núcleo urbano y comercial más importante de la zona. A partir del 775, está documentado Blasco de Sobrarbe como Señor de las tierras más septentrionales de este territorio para, poco después, integrar esta comarca norteña a los dominios del conde de Aragón. A comienzos del siglo X pasa a unirse al condado de Ribagorza tras el matrimonio de Bernardo Unifredo con Toda Galíndez, hija de Galindo II Aznárez, dotada con el condado de Sobrarbe.

Ribagorza tuvo en sus inicios una mayor dependencia de los francos, como era habitual en los marquesados más orientales. Desde el siglo IX está constituido como un territorio cristiano articulado por los valles de los ríos Noguera Ribagorzana y Noguera Pallaresa y la cuenca del Isábena. Estaba vinculado a los condes de Tolosa hasta que, tras la crisis del condado tolosano del último cuarto del siglo IX provocada por la violenta muerte del conde Bernardo II, un magnate local Raimundo I de Ribagorza-Pallars se erige como conde independiente del poder franco e inicia una dinastía propia. Al igual que sucederá con los condados más orientales, es en el siglo X el momento en que comienza la disgregación en condados independientes de la Marca Hispánica.

La tendencia a la rebelión de los gobernantes de la Marca Superior se vio acentuada por las tensiones que produjo la proclamación de Abderramán I como nuevo emir de Al-Ándalus, ya independiente del Califato abasí con sede en Bagdad.

Como resultado, varios líderes rebeldes invitaron al rey de los francos a cruzar los Pirineos. Carlomagno aceptó la invitación y en 778 entró en la península al frente de un ejército. Su acción no tuvo naturaleza antiislámica ni de defensa de la Cristiandad. No llegó a obtener la incorporación de la región al reino, pero sí la creación de una zona sometida “de iure” en virtud del vasallaje de diversas ciudades.

La invasión franca fue respondida por Abderramán con una expedición militar destinada a someter a los rebeldes, tanto cristianos como musulmanes. En este contexto, hay constancia de que el ejército del emirato sometió en 781 a ibn Balaskut “hijo de Blasco” que es identificado con Galindo Belascotenes, casado con Fakilo y padre de García “El Malo”.

La penetración franca no cesó, y hay constancia de una nueva expedición militar contra Huesca dirigida por Ludovico de Aquitania en el 800. Además, los valles del Pirineo se convirtieron a partir de entonces en refugio de rebeldes o discrepantes con el poder musulmán.

Basándose en los Annales Regni Francorum, Carlos Laliena considera que Aureolo era de la familia de los condes de Périgueux. Antonio Ubieto Arteta, indica que era hijo del conde Oriol de Périgueux. Según Christian Settipani, y basado en parte en la onomástica, Aureolus sería sobrino distante de Santo Eparquio, como sobrino de la mujer de Fruela de Cantabria, hija posiblemente de un Aurelio, aunque Aurelius y Aureolus sean nombres romanos distintos.

El historiador Antonio Durán Gudiol, considera más probable que el condado de Aureolo se ubicara en Sobrarbe. Se basa en que el terreno accidentado de esta zona facilitaría su defensa; en la construcción por los musulmanes de la fortaleza de Alquézar, que indica intención defensiva frente a una amenaza; y en la presencia de una familia cristiana que controlaría el territorio, encabezada sucesivamente por Blasco, Galindo y García. Durán también es de la opinión de que el condado sería consecuencia de la expedición contra Huesca de Ludovico en el 800, y que los francos pudieron aliarse con Galindo o con su hijo García y con Bahlul ibn Marzuq, caudillo musulmán rebelde establecido en Zaragoza y Huesca. Cuando este fue muerto por Jalaf ibn Rashid, el feudo se convirtió en un enclave rodeado de territorios controlados por los musulmanes.

Muy similar a la de Durán, es la postura del medievalista Fernando Galtier. Este denomina Cerretania al país que más tarde y de forma aproximada, sería conocido como Sobrarbe y que fue gobernado por Galindo Belascotenes, señor vascón montañés, partícipe en los sucesos de Roncesvalles, que fue víctima de la represión de Abderramán y se alió posteriormente con los francos, este caudillo controlaba el alto valle del Cinca al este, la sierra de Olsón al sur, el Serrablo (alrededor de Las Bellostas) al oeste y la depresión del Ara al norte. De esta forma, Cerretania se habría convertido en una base militar carolingia al sur de los Pirineos bajo el mando de Aureolo al tiempo que mantenía una cierta independencia. Aunque los lugares como Aínsa y Boltaña seguían bajo dominio musulmán.

Continuará…

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Las Marcas Carolingias

En la Europa de la Edad Media, una Marca era un territorio fronterizo de un imperio o reino relativamente extenso. Estaban gobernadas directamente por un señor feudal que ejercía en ella poderes civiles y militares.

La dependencia o independencia del señor feudal con respecto al poder central dependía de la mayor o menor capacidad de éste para mantener su autoridad y el control efectivo sobre la totalidad de su territorio, cuestión especialmente delicada, dada la tendencia del feudalismo a la disgregación del poder.

Las marcas existieron en varias entidades políticas de la Edad Media; bajo el Imperio Carolingio, el Sacro Imperio Romano-Germánico y en Al-Ándalus.

Concretamente con esa denominación se instauraron por Carlomagno las divisiones territoriales defensivas para fijar las fronteras ante los enemigos exteriores: árabes, en la marca Hispánica; sajones, en la marca Sajona; bretones, en la marca Bretona; Lombardos en la marca Lombarda; y ávaros, en la marca Ávara; posteriormente también se creó una para los magiares, la marca del Friuli.

Las Marcas Carolingias estaban gobernadas por un marqués. Los ducados eran la unión de varios condados o marcas bajo la autoridad de un duque.

En Al-Ándalus se estructuraron tres marcas fronterizas:

-Marca Superior (al-Tagr al-Ala), con capital en Zaragoza.

-Marca Media (al-Tagr al-Awsat), cuya capital era Toledo.

-Marca Inferior (al-Tagr al-Adna), con capital en Mérida.

La división del califato de Córdoba en reinos de taifas en el siglo XI determinó la transformación de las marcas fronterizas en reinos independientes (taifa de Zaragoza, taifa de Toledo, taifa de Badajoz).

La Marca Hispánica era el territorio comprendido entre la frontera político-militar del Imperio Carolingio con Al-Ándalus (al sur de los Pirineos), desde finales del siglo VIII hasta su independencia efectiva en diversos reinos y condados.

Fue una zona colchón creada por Carlomagno en 795 más allá de la antigua provincia de Septimania, como una barrera defensiva entre los Omeyas de Al-Andalus y el Imperio Carolingio franco (ducado de Gascuña, ducado de Aquitania y la Septimania carolingia).

A diferencia de otras marcas carolingias, la Marca Hispánica no tenía una estructura administrativa unificada propia. Quedó integrada por condados dependientes de los monarcas carolingios a principios del siglo IX. Para gobernar estos territorios, los reyes francos designaron condes, unos de origen franco y otros autóctonos, según criterios de eficacia militar en la defensa de las fronteras y de lealtad y fidelidad a la corona.

El territorio ganado a los musulmanes se configuró como la Marca Hispánica (desde Pamplona a Barcelona), en contraposición a la Marca Superior andalusí.

Los que alcanzaron mayor protagonismo fueron los de Pamplona, constituido en el primer cuarto del siglo IX en reino; Aragón, constituido en condado independiente en 809; Urgel, importante sede episcopal y condado con dinastía propia desde 815; y el condado de Barcelona, que con el tiempo se convirtió en hegemónico sobre sus vecinos, los de Ausona y Gerona.

La población local de las marcas era diversa, incluyendo grupos montañeses autóctonos, íberos, hispano-romanos, vascones, celtas, bereberes, judíos, árabes y godos que fueron conquistados o aliados de los dominadores islámicos o francos. Con el paso del tiempo, los jefes y las poblaciones se hicieron autónomos y reclamaron su independencia. El área y su composición étnica cambiaba según la fortuna de los imperios y las ambiciones feudales de los condes y valíes elegidos para administrar las comarcas.

Durante el siglo IX, los condados carolingios se fueron consolidando y sus gobernantes adquirieron una autonomía creciente, a medida que el Imperio carolingio entraba en crisis a causa de las divisiones internas. Algunos de estos condados iniciaron políticas de acercamiento con los estados vecinos musulmanes y mantuvieron buenas relaciones con ellos.

Hacia el año 748, Musa ibn Fortún se casó con Oneca y fueron los padres de Musa ibn Musa. Oneca había estado casada anteriormente con el vascón Iñigo Jiménez de la Dinastía Jimena y era la madre de Iñigo Arista, que más tarde sería el primer rey de Pamplona, lo cual convertía en hermanastros a Iñigo Arista y Musa II.

En 777, el valí de Madinat Barshiluna (Barcelona) Sulayman ben al-Arabí, junto a otros valíes contrarios a Abderramán I, buscó la ayuda de Carlomagno para contrarrestar el poder del emirato. El acuerdo no prosperó y Sulayman, que marchaba junto a sus tropas a unirse a las fuerzas rebeldes al emir y al ejército de Carlomagno, fue capturado por este frente a Saraqusta como traidor. Durante la Batalla de Roncesvalles fue liberado por el ejército combinado de vascones y musulmanes, y retornado a Zaragoza. Sulayman envió a su hijo Matruh a controlar las zonas de Barcelona y Gerona.

A la muerte de su padre en 780, Matruh dispuso Barcelona a favor del emirato de Córdoba, al que ayudó sitiando Zaragoza en 781.

En el 785 se entregó sin lucha Gerona, fundando Carlomagno el condado de Gerona y estableciendo una primera línea fronteriza a lo largo del río Ter, con fortalezas como la de Roda de Ter.

En 789 el valí Husayn de Zaragoza se subleva y toma el control de Zaragoza y Huesca (Wasqa). A la muerte de Matruh en 792, tomó el poder de Barcelona Sadun al-Ruayni. Sadun viajó a Aquisgrán, capital del imperio carolingio, en 797 para solicitar ayuda al emperador contra el Emirato de Córdoba, entonces bajo el control de al-Hakam I, y a cambio ofreció Madinat Barshiluna (Barcelona). Carlomagno envió a su hijo Ludovico Pío que, junto a otros nobles, pretendía tomar Barcelona pacíficamente, ya en otoño del 800. Pero Sadun no cumplió su palabra y se negó a entregar la ciudad, por lo que los francos la atacaron. El asedio fue largo y Sadun escapó en busca de la ayuda de Córdoba. Fue capturado, y tomó el poder Harun, último valí de Madinat Barshiluna, partidario de seguir defendiéndose del ataque franco, fue destituido por sus allegados y entregado a los francos, probablemente el 3 de abril de 801. Ludovico Pío avanzó hasta Tortosa. En 804 y en 810 fracasan dos expediciones para la toma de Tortosa y la contraofensiva islámica le hace retroceder hasta el Llobregat.

El Imperio carolingio se disgregó pocas décadas después, tras la muerte del hijo de Carlomagno, Ludovico Pío (o Luis I el Piadoso). Los tres hijos de éste (Carlos, Lotario y Luis) se repartieron el imperio mediante el Tratado de Verdún en el 843.

La Marca Hispánica correspondió a Carlos, apodado “el Calvo”. Además de sus conflictos con sus hermanos, hubo de afrontar las invasiones normandas entre 856 y 861 en su territorio.

La costa mediterránea, repleta desde antiguo de torres de vigía contra la piratería berberisca, sufre a partir del 858 el ataque de los normandos, que suben por el Ebro desde Tortosa, lo remontan hasta el reino de Navarra, dejando atrás las inexpugnables ciudades de Zaragoza y Tudela, suben luego por su afluente, el río Aragón, hasta encontrarse con el río Arga, el cual también remontan, llegan hasta Pamplona y la saquean, raptando al rey navarro. Y lo mismo hacen en Orihuela, remontando el rio Segura.

El 16 de Junio de 877, Carlos el Calvo firmó la capitular de Quierzy, con la que se pretendía regular la buena marcha del imperio, estableciendo la heredad de los principados y cargos condales. Esta disposición favoreció el proceso de los condados de la Marca Hispánica hacia su independencia de facto a finales del siglo IX.

Continuará…

Origen del Principado de Cataluña.

El Principado de Cataluña es el nombre tradicional con que algunos denominan a la actual comunidad autónoma española de Cataluña.

Se trata de un término jurídico que se utilizó a partir del siglo XIV para nombrar al territorio bajo jurisdicción de las Cortes Catalanas, cuyo soberano era el de la Corona de Aragón y posteriormente de la Corona de España.

Cataluña sin ser reino y tampoco un condado, pues el condado de Barcelona no abarcaba toda Cataluña, también usa la expresión “condados catalanes”. Y los Usatges hacen coincidir el título de “princeps” con el de conde de Barcelona. En el caso de la Corona de Aragón, el heredero ostentaba el título de duque de Gerona, más tarde cambiado a Príncipe de Gerona. Pero no se debe confundir el Principado de Cataluña con un título nobiliario.

El nombre de Principado se siguió utilizando en los Decretos de Nueva Planta de la administración borbónica y estuvo plenamente vigente hasta el siglo XIX. Sin embargo, en el Real Decreto de 30 de noviembre de 1.833 por el que se establece la división provincial de España de Javier de Burgos, el único principado que se menciona es el de Asturias, mencionándose a Cataluña simplemente así.

Los movimientos republicanos prefirieron abandonar el nombre Principado, pero los movimientos pancatalanistas prefirieron mantenerlo para referirse a la Cataluña estricta, diferenciada de lo que ellos llaman “Países Catalanes”.

Hoy en día, pese a que el término Principado no está recogido en el Estatuto de Cataluña, es una denominación tradicional. Para comprender el origen de esta confusión debemos observar la historia detenidamente.

Primus inter pares” significa “el primero entre iguales”. Esta frase se encuadra en el campo de la política, haciendo referencia originalmente a la figura del emperador en las primeras fases del Imperio romano.

Encontramos casos de gobierno de Primus inter pares en la Antigua Grecia o en las Tribus germánicas, que dejarían su impronta en la posterior formación del Feudalismo durante la Alta Edad Media europea, en concreto durante la Monarquía Visigoda en la Península Ibérica. En España, hacía referencia al estatus de un caudillo que mantenía fuertes cotas de poder, especialmente militar. Este estatus o forma de gobierno solía darse cuando el rey, por el motivo que fuese, no era capaz de imponer un poder absoluto.

En algunos casos puede indicar que mientras la persona descrita aparece como un igual, en realidad es el líder extraoficial o reservado de un grupo. Como ejemplos de “primero entre iguales” se pueden mencionar: El Primer Ministro de muchas naciones con régimen político Parlamentario en la Mancomunidad Británica de Naciones, el Presidente de la Comisión Europea, el Chief Justice de los Estados Unidos de América, y algunas figuras religiosas como el Decano del Colegio cardenalicio de la Iglesia católica, el Patriarca Ecuménico de la Iglesia Ortodoxa, o el Arzobispo de Canterbury, líder espiritual de la Comunión Anglicana. Actualmente en Suiza, uno de los siete ministros preside como primus inter pares.

El término “Princeps” (primer ciudadano o principal) significa “el que toma primero”, de primus (primero) y ceps, que deriva de la raíz latina capere (tomar). También es la raíz latina del término príncipe, pero no debe confundirse con ese título.

Princeps fue un título de la primera etapa del Imperio romano (Principado), recibido del Senado por Octavio Augusto, el año 27 a.C., en reconocimiento de su poder y prestigio político. Este título intentaba conservar la esencia de la idea republicana.

También se conocen como Princeps offici a los jefes de los officium (unidad de infantería pesada romana):

  • Princeps ordinarius vexillationis: centurión al comando de un vexillatio.

  • Princeps peregrinorum (comandante de los extranjeros): centurión a cargo de las tropas “castra peregrina” (no-itálicas).

  • Princeps prior: centurión comandante de un manipulus (dos centurias) de principes.

  • Princeps posterior: diputado del Princeps prior .

  • Princeps praetorii: centurión comandante de la base militar o fuerte.

Princeps también fue utilizado como título para otros cargos militares, como los Decurio princeps. En la organización del ejército romano, concretamente de la legión, los princeps eran soldados de cierta veteranía que rondaban los 30 años de edad, y procedían de estratos sociales superiores a los de los asteros. Formaban la columna vertebral de la legión romana, en tiempos de la república, antes de las reformas de Mario. Previamente a dichas reformas, todo legionario se alistaba pagando su propio equipo. Su equipamiento era prácticamente idéntico al de los asteros, excepto en lo que respecta a su protección, ya que llevaban cota de malla en sustitución de las placas pectorales de los asteros.

Se cree que los princeps surgen a partir de los restos de la antigua Segunda Clase del ejército bajo los reyes etruscos, cuando los organizó Marcus Furius Camillus. La Segunda Clase se colocaba entre las primeras filas de una gran falange y estaban equipados de manera similar a los princeps. Ellos daban apoyo a la primera clase aún más pesada en la primera línea. Es probable que combates con los Samnitas y una derrota aplastante a manos de Breno, guerrero galo, que en ambos casos utilizaban varias unidades militares de tamaño más reducido en vez de unas pocas unidades de grandes dimensiones, enseñó a los romanos la importancia de la flexibilidad y lo inadecuado de la falange en el terreno abrupto y de colinas de la zona central de Italia.

Ramón Berenguer IV el Santo fue conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdaña, y princeps de Aragón (a veces también de Sobrarbe y Ribagorza), que en la época significaba “primus inter pares”.

A la muerte de su padre en 1.131 recibe el Condado de Barcelona. Fue caballero templario, como lo había sido su padre, aunque con carácter temporal (miles ad terminum).

El 26 de mayo de 1.135 acudió a León para la coronación de Alfonso VII como Imperator totius Hispaniae (Emperador de toda España) ante el legado pontificio y los principales nobles de la Península ibérica y el sur de Francia, incluyendo musulmanes.

Gracias al apoyo mostrado a Ramiro II de Aragón en contra de Alfonso VII de León, Ramiro le ofreció a su hija Petronila en matrimonio (la boda se celebró en Lérida, en agosto de 1.150). El 13 de noviembre de 1.137, Ramiro depositó en Ramón Berenguer el reino, pero no la dignidad real, la reina era Petronila mientras que su nieto Alfonso cumpliera la mayoría de edad. De esta manera, Ramiro cumplió la misión de salvar la monarquía y unir el Reino de Aragón con el Condado de Barcelona.

Los acuerdos matrimoniales por los que se rigió el enlace se establecieron según el derecho aragonés, según la mayoría de los historiadores, se establecieron bajo la forma de Matrimonio en Casa. Por este contrato de esponsales y su reflejo en la documentación posterior de Petronila; el marido se adscribe a la familia de la esposa, y es ella quien transmite la pertenencia al grupo familiar, junto con el patrimonio que hereda; el marido se somete formalmente a su suegro o al “Señor mayor” de la casa, y este a cambio, le otorga la potestad sobre el solar familiar, pero reservándose su señorío tanto sobre los bienes del solar patrimonial como sobre los que aporta el marido. A partir de este contrato, quien tiene la última potestad no es el esposo, sino el “Señor Mayor de la Casa de Aragón”, hasta que el heredero legítimo adquiera la potestad (en el caso del reino de Aragón, el reino, título de rey y cabeza de la Casa de Aragón) y por tanto, asumía el linaje de la Casa de Aragón él y sus herederos in saecula saeculorum, por lo que, desde ese mismo momento se extingue el linaje de la Casa de Barcelona, tras el Casamiento en Casa en que se subsume en la Casa de Aragón en 1.137, o bien se considera que perdura hasta la muerte sin descendencia masculina de Martín el Humano en el año 1.410, según algunos historiadores.

Así lo cuenta San Juan de la Peña en lengua aragonesa:

Aqueste muy noble varon, prissó por muller la filla de Don Remiro rey de Aragon nombrada Peronella et después fue nombrada Vrracha, con la qual prisó el dito Regno en axuar en el año de nuestro Senyor M.C.XXX.VII… et se clamaua Princep de Aragon et Conte de Barçelona, que non quisieron consentir los aragoneses que se clamasse Rey mas su fillo Don Alfonso se clamó Rey.”  Crónica de San Juan de la Peña en aragonés. Edición digital a partir de la edición de Tomás Ximénez, Biblioteca Virtual Joan Lluís Vives, Alicante, 2004, pág. 127.

A partir de los esponsales de 1.137, Ramón Berenguer IV fue administrador de la Casa de Aragón como regente del Reino de Aragón, y en la documentación se intituló princeps y dominador, pero nunca rey. Ramiro II siguió siendo señor, padre y rey como reza la documentación: «in tota vita mea teneas me sicut patrem et dominum» en toda mi vida me tengas como padre y señor. Ostentando el título de Rey de Aragón hasta su muerte en 1.157, así Ramón Berenguer IV se integraba en la Casa de Aragón al ser pactadas sus capitulaciones matrimoniales de acuerdo a las instituciones jurídicas del derecho aragonés, y dando lugar, tras el reinado de Ramiro II, a que la reina fuera su hija Petronila, hasta que el 18 de Junio de 1.164 ésta abdica en favor de Alfonso II, transcurridos dos años desde la muerte de su marido.

Tras la concesión del rey Ramiro a Ramón Berenguer, quedaba pendiente la cuestión de los derechos sobre el territorio de Aragón estipulados en el testamento del rey Alfonso el Batallador, quien había querido dar el reino a las órdenes del Santo Sepulcro, los caballeros Templarios y los Hospitalarios, si bien los barones feudales no respetaron este testamento en todos sus términos.

Una de las prioridades de Ramón Berenguer fue la de resolver la cuestión de la posesión de los derechos sobre el reino. Se iniciaron negociaciones con los representantes de la Orden del Hospital, alcanzándose en 1.140 un acuerdo por el que la Orden hacía cesión al Conde de Barcelona (venerande Barchinonensium comes) y a sus legítimos sucesores y descendientes, de la parte del reino de Aragón que les correspondía según el testamento del rey Alfonso el Batallador, con la condición de que se les concediesen derechos para construir iglesias y centros propios en diversas poblaciones del reino y que, si el príncipe muriese sin descendencia, dicho territorio sería devuelto a los Hospitalarios. Acuerdos de cesión similares fueron concertados posteriormente con los caballeros del Santo Sepulcro (1.141) y con los Templarios. Esta cesión de las tres órdenes fue confirmada por bula del papa Adriano IV en 1.158.

Sin embargo, es un hecho que los barones del Reino de Aragón y del Reino de Pamplona (pues los dos reinos estaban incluidos en el testamento de Alfonso el Batallador) juraron fidelidad respectivamente a Ramiro II el Monje y a García el Restaurador. No se puso en discusión que las Órdenes militares tuvieran que negociar con el rey de Navarra la herencia de Alfonso el Batallador. También es un hecho que Ramón Berenguer IV había pactado en los documentos de esponsales de 1.137 con Ramiro II su condición de princeps en Aragón, y venía ejerciendo la potestad real en el reino aragonés como dominator, antes de las negociaciones con las Órdenes militares de 1.140 en adelante. La historiografía actual conviene mayoritariamente en aceptar que el testamento de Alfonso el Batallador no fue respetado y su hermano Ramiro II no solo ejerció la potestad regia entre 1.134 y 1.137, sino que se reservó la dignidad de rey hasta su muerte en 1.157, circunstancia que no consta que fuera cuestionada durante el gobierno de Ramón Berenguer IV.

Ramón Berenguer IV negoció con Alfonso VII de León, el retorno de las tierras ocupadas por las tropas castellano-leonesas a la muerte de Alfonso I de Aragón, el Batallador, tío de su mujer. Además, quería recibir ayuda para reincorporar el reino de Navarra a la Corona de Aragón, territorio que se había independizado en las mismas circunstancias.

Las órdenes militares y la caballería popular luchan por recuperar las posesiones perdidas a manos de los almorávides en la batalla de Fraga en 1.134. Se recupera de este modo; Alcolea de Cinca, Chalamera y Sariñena (1.141); Daroca (1.142) y Ontiñena (1.147). En 1.140 Ramón Berenguer firma en Carrión un pacto de ayuda mutua y la retirada de las tropas de Alfonso VII del Ebro, a cambio del vasallaje del conde-príncipe.

También se realiza una acción conjunta contra Navarra que no tiene efecto. La expansión territorial se realiza por tierras de Murcia (1.144) y Valencia (1.146), y una brillante participación en la conquista de Almería (1.147).

Con la ayuda del conde Ermengol VI de Urgel, Ramón Berenguer conquista las taifas de Tortosa (1.148) y de Lérida (1.149) a al-Muzaffar. Siurana, encumbrada en las montañas de Prades, fue el último reducto musulmán en Cataluña, que gobernada por el walí Almira Almemoniz, resiste hasta 1.153 cuando es conquistada por Beltrán de Castellet. Estas conquistas forman el territorio que más tarde se llamaría la Cataluña nueva (Catalunya Nova).

En 1.151 Alfonso VII y Ramón Berenguer IV firmaron el Tratado de Tudilén que, aparte de renovar la alianza anti-navarra, pretendía repartirse Al-Ándalus. De modo que para la Corona de Aragón se reservan las tierras de Valencia, Denia y Murcia, por las cuales Ramón Berenguer habría de rendir homenaje a Alfonso VII.

La función de “princeps” (acaudillar el ejército, disponer tenencias, dictar cartas de población, etc.) estaba vedada a la reina por su condición femenina. Por ello, Petronila quedó con la dignidad regia que se hizo efectiva en sus testamentos y la abdicación en su hijo Alfonso el 18 de Julio de 1.164, en tanto que desde 1.162 al morir Ramón Berenguer, ejerció el poder un consejo de magnates aragoneses y barceloneses, el arzobispo de Tarragona, altos prelados, hombres ricos, barones de ambas procedencias y representantes de las principales ciudades. Para ratificar este consejo regente se reunieron las primeras Cortes de Aragón documentadas el 11 de Noviembre de 1.164 en Zaragoza, pocos meses después de la transmisión de la herencia conjunta del reino y condados por parte de Petronila.

La regencia de este consejo de notables en las decisiones de gobierno se extendió desde la muerte de Ramón Berenguer en 1.162 hasta 1.173, año en que Alfonso II, con dieciséis años, contrajo matrimonio y obtuvo así su mayoría de edad, y pudo legalmente encabezar el gobierno de sus tierras y pueblos.  Gran Enciclopedia Aragonesa.

La Gesta Comitum Barchinonensium, es una crónica escrita originalmente en latín por monjes del monasterio de Ripoll que detalla los orígenes legendarios de la Casa de Barcelona, la sucesión genealógica de los condes de Barcelona y su continuidad en los primeros reyes de la Corona de Aragón. La primera redacción del texto es de finales del siglo XII y posteriormente tuvo varias ampliaciones. La redacción primitiva del documento comienza con la leyenda de la llegada al poder de Wifredo el Velloso y se prolonga hasta la muerte de Ramón Berenguer IV; esta versión fue escrita por un mismo autor en tres fases y finalizó entre 1.162 y 1.184. Posteriormente fue continuada entre 1.200 y 1.208 para abarcar el reinado de Alfonso II de Aragón. Una segunda adición fue redactada entre 1.214 y 1.218 e incluye el reinado de Pedro el Católico y la minoría de edad de Jaime I, una tercera adición redactada entre 1.270 y 1.275 comprende todo el reinado del Conquistador.

Estos textos han servido de base para otras crónicas posteriores, como la de Bernat Desclot, historiador francés probablemente originario del vizcondado de Castellnou, en el Rosellón, que vivió en la segunda mitad del siglo XIII.

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Monte Albán (México)

Monte Albán es un sitio arqueológico localizado a 11 kms. de la ciudad de Oaxaca de Juárez (México). Fue durante mucho tiempo la sede del poder dominante en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, desde el declive de San José Mogote en el Preclásico Medio (1.500-700 a.C.) hasta el ocaso de la ciudad alrededor del s. IX.

Se sabe que los mexicas llamaron a la ciudad Ocelotepec que significa Monte del Jaguar, de ocelotl-jaguar, y tepec-monte o cerro. El nombre en castellano Monte Albán fue dado por los españoles en la conquista, por la similitud del paisaje con los montes Albanos en Italia.

Como en otras partes de Mesoamérica, los restos de las edificaciones precolombinas de Monte Albán, son en su mayoría restos de las plataformas piramidales que sostuvieron las edificaciones dedicadas al culto religioso, a la administración pública o los restos de conjuntos habitacionales dedicados a los estratos dominantes de la sociedad. Sin embargo, gracias a los trabajos de mapeo del cerro, también se ha podido conocer la organización de los barrios de la ciudad. Mientras el conjunto monumental se organiza en torno a la plaza central, las habitaciones de los estratos sociales más bajos se localizaban en terrazas construidas ex profeso. Este patrón de asentamiento es bastante característico de las sociedades mesoamericanas precolombinas del Clásico (s. II-VIII y IX d.C.), como lo demuestra la disposición urbana de Teotihuacan, Palenque o Tikal, que se cuentan entre las mayores de aquel tiempo.

Monte Albán inició su propia historia alrededor del s. V a.C. Durante el 300-100 a.C. aproximadamente, la región debió enfrentar un clima de hostilidad derivado por el expansionismo militar, tal como lo atestiguan las representaciones en piedra de personas sometidas, los llamados Danzantes.

Al mismo tiempo, es el escenario de varias innovaciones importantes en el contexto mesoamericano, en contraste con otras regiones que durante el Pre-clásico Medio y Superior recibieron un importante aporte de la cultura Olmeca, en los Valles Centrales la impronta de este estilo está asociada por un corto período con el desarrollo de San José Mogote, para luego dar lugar a un estilo artístico más o menos característico de la cultura Zapoteca.

Otro dato importante sobre el desarrollo formativo de Monte Albán es la creación de un sistema de escritura propio, cuyas evidencias más antiguas corresponden al s. IV a.C. La escritura zapoteca estaba asociada al registro de sucesos notables para la historia de la ciudad, por lo que implica el manejo de un calendario.

Durante la Fase I de la ciudad se comenzó el aplanamiento de la cumbre, así como la construcción de un muro defensivo en las laderas norte y oeste del cerro. Durante la Fase Monte Albán II Temprana, la capital zapoteca tuvo una población de aproximadamente 17.200 habitantes, que la convertían en una de las mayores ciudades de Mesoamérica.

Como la mayoría de los centros ceremoniales prehispánicos, la zona arqueológica de Monte Albán cuenta con un “juego de pelota” el cual se encuentra localizado al norte de la plataforma oriental. Este recinto es conocido como Juego de Pelota Grande, a diferencia de otra construcción, también conocido como Juego de Pelota Chico.

En algún momento los muros de esta edificación estuvieron cubiertos por estuco, como lo han demostrado las excavaciones realizadas en ese lugar. Las dimensiones del juego de pelota son de aproximadamente 25 m. de largo y de 7 por 22 m. en los extremos conocidos como cabezales. La longitud interior, incluyendo los cabezales, en su totalidad es de aproximadamente 54 m.

En Monte Albán el juego de pelota se practicaba golpeando la pelota con la cadera, codos y rodillas. Los jugadores hacían pasar la pelota de un lado a otro; los muros inclinados ubicados a los lados de la cancha se cubrían con una gruesa mezcla de cal para crear una superficie que hiciera a la pelota regresar al campo de juego.

En esta zona arqueológica se construyeron cinco canchas de Juego de Pelota, hecho que confirma la importancia de dicho juego a nivel regional. El Juego de Pelota Grande se construyó aproximadamente en el 100 a.C.

En la zona de la Plaza Central se encuentra el Palacio, se estima su construcción entre los años 350 y 800 d.C. su ocupación pudo estar relacionada con la clase noble y sacerdotal. Se ingresa al recinto a través de un pasillo estrecho llamado “entrada ciega”; esto nos habla del carácter restringido y exclusivo del edificio. Al centro del patio se ubica un pequeño altar; a un costado un tunel corre por debajo del palacio. No se ha completado su exploración, sin embargo se cree que funcionó como acceso privado a la Gran Plaza y otras área aledañas. En la actualidad, el palacio solamente conserva el desplante de los muros. El bloque rectangular que corona la puerta es una pequeña muestra del avanzado carácter de la arquitectura de la zona.

En la Gran Plaza se encuentran dos edificaciones que fueron observatorios astronómicos, estos están relacionados con edificios de otras zonas arqueológicas ubicadas en el Valle de Oaxaca, un ejemplo es el Caballito Blanco de la zona de Yagul.

La observación astronómica dio a la sociedad prehispánica el conocimiento necesario para calcular los ciclos de la agricultura, conocer los cambios de estación, la proximidad de las lluvias, las épocas de recolección de plantas medicinales; así como para pronosticar acontecimientos futuros y orientar las construcciones, calles, avenidas y plazas hacia los puntos cardinales. En la base de uno de los observatorios, se muestra una piedra grabada que se denomina “Lápida de conquista”. Existen diversas de estas lápidas, en ellas se muestran escenas de conquistas realizadas por Monte Albán sobre otros pueblos entre el 100 a.C. y el 200 d.C.

En cada piedra es posible apreciar el glifo de Monte Albán y debajo una cabeza invertida que se supone representa a los vencidos. Se cree que la existencia de dichas lápidas sirvió para mostrar la fuerza y el poder de los ejércitos ante los ojos de los locales.

Existen varias estelas que contienen sobre su superficie exclusivamente texto escrito, en forma de jeroglíficos, los cuales no tienen figuras animales ni humanas representadas. Estas estelas se encuentran ubicadas fuera de los edificios y conmemoran sucesos importantes para la historia de la ciudad. Los jeroglíficos corresponden básicamente al calendario, del que se han podido deducir los signos representantes de los días, meses y el año. Muchos de los jeroglíficos esculpidos representan números, los cuales permiten demostrar que los habitantes de la región ya poseían un gran conocimiento matemático y astronómico del cual se conoce muy poco. Una de las estelas, la mayor de Monte Albán, mide aproximadamente 6 m. de altura y está orientada astronómicamente, alineada perfectamente en dirección norte con la Estrella Polar.

EI sistema calendárico era una convención de símbolos asociados al ciclo solar, el cual se compartía con otros pueblos mesoamericanos. Los zapotecos también tenían un calendario ritual o sagrado (piye) que comprendía el año de 260 días, donde se combinaban 20 días con 13 numerales que daban como resultado los 260 nombres diferentes; y un calendario solar de 365 días (yza), de 18 meses de 20 días y 5 días adicionales; ambos calendarios derivaban de los que habían inventado en sus orígenes.

Como en el resto de las culturas mesoamericanas, en el sistema de calendarios zapotecos también coincidían las cuentas ritual y solar cada 52 años, y de esta manera se completaban los siglos, que indicaban el momento de la renovación total de la vida de la gente y de las ciudades, era el momento deI Nuevo Sol.

Fuente: Wikipedia

 

Cultura ibérica (I)

La cultura íbera es el resultado de la sucesión de culturas desarrolladas en la Península ibérica desde la antigüedad, creándose como tal a partir de los primeros contactos con fenicios, etruscos, griegos y púnicos (s. X al VI a.C).

En el siglo V a.C. se puede hablar ya de una cultura completamente íbera, la influencia mediterránea es lo que da a la cultura íbera una cierta unidad cultural, pero la diferencian del resto de culturas mediterráneas por sus orígenes remotos en el neolítico, y a su vez en el paleolítico.

La lengua se cree que tuvo su origen en la cultura centroeuropea de Campos de Urnas, los análisis genéticos corroboran estas influencias, sin perder el sustrato lingüístico que habría antes de la llegada de estas gentes.

El desciframiento de la escritura ibérica, se inicia al menos 400 años atrás durante el Renacimiento. Entonces los estudiosos de la Antigüedad empezaron a interesarse por las monedas antiguas de Hispania, un buen número de las cuales llevaban leyendas escritas en unos signos que a diferencia de las griegas y latinas, no les eran comprensibles, lo que hoy llamamos escritura ibérica y que ellos denominaron «caracteres primitivos hispánicos».

Algunos vieron que ciertos signos de esta escritura ibérica presentaban semejanzas formales con las escrituras fenicia y griega, y eso propició algunos intentos de desciframiento. Quizás el primero en intentarlo fue Antonio Agustín, quien en 1.587 sugirió que la leyenda de una moneda hallada en Ampurias, que hoy leemos untikesken, significaba enporon, Ampurias en griego; Agustín lo adivinó a partir del parecido de los signos para la “n”, aunque no podía interpretar los demás. Con ese mismo método también identificó las letras s y ś. Después Vicencio Juan de Lastanosa hizo una importante recopilación numismática, el Museo de las medallas desconocidas españolas (1.645). A lo largo del siglo XVIII fueron varios los autores que se ocuparon de estos temas, haciendo aportaciones muy significativas. Luis José Velázquez, en un ensayo de 1.752, defendió el origen griego y fenicio de las antiguas escrituras hispánicas. Aunque su propuesta de desciframiento no era adecuada, al menos la vinculación con la escritura fenicia era correcta, pues hoy sabemos que en ella está el origen último de las antiguas escrituras hispánicas. Además, la semejanza formal con el griego y el fenicio le permitió identificar correctamente los signos ibéricos para los valores a, e, r y l.

El valenciano Gregorio Mayans Siscar, uno de los estudiosos más importantes de la epigrafía antigua de España, alardeaba en una carta que escribió a un amigo suyo en 1.759: «Vuestra merced no se canse de interpretar las monedas antiguas españolas, porque esa gloria la tiene Dios reservada para mí, cuando quiera emplear en ese estudio tres o cuatro meses». Sin embargo, en vez de tres o cuatro meses, habría que esperar más de 150 años para que la interpretación de las leyendas de esas monedas se hiciese realidad. También hubo autores que formularon hipótesis fantasiosas, como Juan Bautista de Erro, que en 1.806 rechazaba el origen griego y fenicio de la escritura ibérica y defendía lo contrario, que era la escritura griega la que procedía de la española antigua.

El estudioso francés Aloïss Heiss, en una obra de 1.870, incluía una tabla de leyendas de monedas en la que prácticamente todos los signos ibéricos estaban correctamente transcritos, pero fallaba una cosa: Heiss no se percató de que la escritura ibérica era una combinación de signos alfabéticos y silábicos, algo inesperado. Otro estudioso, el español Jacobo Zóbel, en un libro publicado en 1.880 descifró correctamente las vocales, varias consonantes (l, n, m, s y ś) e incluso algunos signos silábicos (ka, ke, ko y du). Por su parte, el alemán Emil Hübner, en la gran recopilación de inscripciones ibéricas que publicó en 1.893, afirmó que la escritura ibérica procedía de la fenicia y no de la griega, pero no tuvo en cuenta las propuestas de interpretación en clave silábica que ya habían puesto en circulación otros autores. Por otro lado, estudió las leyendas de las monedas siguiendo la estela de un autor anterior, Antonio Delgado. En su nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, publicado en tres tomos entre 1.871 y 1.879, Antonio Delgado había desarrollado la idea de que en muchos casos las monedas con leyendas ibéricas procedían de la misma ceca o lugar de emisión que otras monedas con leyendas latinas, puesto que presentaban el mismo tipo de imágenes y tenían un área de dispersión similar. Esto significaba que el nombre de la localidad que figuraba en las monedas debía ser el mismo. Todo este trabajo previo sirvió de base a los estudios del arqueólogo e historiador español Manuel Gómez-Moreno, quien comprendió que este hecho podía constituir la clave para progresar en la interpretación de la escritura ibérica. Comparando las leyendas de monedas ibéricas y latinas producidas en una misma ceca, elaboró un cuadro de equivalencias fonéticas entre los signos de las leyendas de monedas ibéricas y los valores que, de acuerdo con las leyendas latinas correspondientes, era probable que tuvieran.

En la década de 1940, Gómez-Moreno estableció los valores fonéticos del conjunto de los signos de la escritura, de manera que ahora sabemos como deben pronunciarse términos como ekusu y karkoskar. Desgraciadamente, nuestra ignorancia de la lengua ibérica nos impide comprender el significado de estas palabras y el de los numerosos textos ibéricos que se han localizado, inscritos en láminas de plomo, cerámicas, monedas y lápidas.

Por otro lado, Gómez-Moreno vio bien claro que existían al menos dos variedades de escritura diferentes, la que él denominaba “tartésica” y la que propiamente llamamos ibérica. En un artículo publicado en 1.943 realizó una comparación de la escritura ibérica con otras escrituras del Mediterráneo.

Hoy en día sabemos que no hubo un solo sistema de escritura en la Hispania antigua, es decir, no hubo una única escritura ibérica. La que descifró Gómez Moreno es la escritura ibérica levantina, empleada para escribir tanto la lengua ibérica como la celtibérica; en ella están escritas la mayor parte de las inscripciones paleohispánicas que conocemos hoy.Escritura Ibero levantina.

La gramática y el vocabulario de la lengua ibérica siguen siendo en su mayor parte un enigma. En el caso de las otras variedades de antiguas escrituras hispánicas, la hoy denominada meridional y la llamada escritura de las estelas del suroeste o tartésica para otros autores, subsisten todavía muchas dudas en cuanto a la interpretación de varios de sus signos.

Tampoco se puede asegurar que los signos encontrados sean autóctonos, ya que la península Ibérica siempre ha sido un “puente” intercontinental, lugar de paso, encuentro, asentamiento y mestizaje con otros pueblos. A pesar de que los pueblos íberos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. Los íberos fueron pueblos que evolucionaron desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de estructuras proto-estatales, viéndose ayudados por la influencia de los fenicios y luego de griegos y púnicos, que traerán consigo elementos como bienes de prestigio, que ayudarán a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.

Algunos estudiosos han sugerido la posibilidad de que los íberos podían tener su origen en el norte de África, pero los análisis genéticos de Igenea descartan por completo esta hipótesis. No existen por vía materna, los halogrupos U6 ni L de origen africano, en Igenea emparentan a los íberos con los celtas o incluso con los aquitanos.

Los iberos inicialmente se habrían asentado a lo largo de la costa oriental de España y más adelante se propagaron por la península ibérica. Los halogrupos más característicos de los íberos, son el R1b, H, T, U, V. Pudieron desplazarse hacia regiones que no ocupaban antiguamente, R1b y T son dos linajes con orígenes diferentes y ambos se considera que estaban en la Península en esa época, y también los maternos H, U y V, así como desaparecerían los I paternos y K maternos que en la antigüedad podrían haber sido los más comunes en el norte de la península.

No podemos conocer la composición genética de un íbero por los tests de Igenea. A lo sumo se puede intuir por los linajes directos que nos han llegado, pero los autosomas que es “la composición” aún no se puede completar. Según la publicación por Annals of Human Genetics, la composición genética de los íberos por vía materna era: H (52.9%); U (17.6%); J (11.8%); pre-HV (5.9%); K (5.9%); T (5.9%).

Se afirma que los íberos formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y fueron los creadores de la gran cultura megalítica que surge en toda esa zona, una teoría respaldada por estudios genéticos. Esos íberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente (según la interpretación más tradicional), los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones, en el siglo IX y el VII a.C. y se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el Ebro, donde se mezclaron con los íberos para conformar el grupo Celtíbero.

+INFO:https://cosmoecologos.wordpress.com/2013/09/09/pueblos-de-la-peninsula-iberica/

Fuentes:
http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5716/1/Lucentum_25_02.pdf
www.igenea.com
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-escritura-de-los-iberos_8742/6

Los orígenes de Lenin

Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), nació el 10 de abril de 1.870 en Simbirsk, la ciudad pasó a denominarse Uliánovsk en mayo de 1.924 en honor a Lenin. Su padre, un liberal partidario de las reformas del zar Alejandro II, era inspector escolar, cargo relativamente alto en el escalafón de la burocracia imperial que llevaba aparejado el título de “su excelencia” lo que lo equiparaba a la pequeña nobleza. Su ascenso en el funcionariado estatal lo había llevado a alcanzar la nobleza hereditaria en 1.874.

Nikolái Uliánov, el abuelo paterno de Lenin, hijo a su vez de un siervo de Astrakán, era en parte calmuco, pueblo de etnia mongol. Su abuelo materno Aleksandr Blank (hijo de Moishe Blank, un comerciante de Volinia), era un médico de origen judío convertido al cristianismo, casado con Ana Groschop de familia luterana alemana. Blank se enriqueció, llegó a ser consejero de Estado y en 1.847 se retiró a sus posesiones de Kokúshkino, en Kazán, hacienda donde Lenin pasó parte de su juventud. Su familia era una mezcla de las etnias y tradiciones religiosas que conformaban entonces el Imperio ruso. El mismo Vladímir, conocido de pequeño por su diminutivo Volodia, fue bautizado por el rito de la Iglesia ortodoxa rusa.

El fuerte de Simbirsk fue construido en 1.648 sobre una colina situada en la margen occidental del Volga, con el propósito de proteger el límite oriental del naciente Imperio ruso de las tribus nómadas nogayas.

Los nogayos o nogayes, nogay, en ocasiones también conocidos como “mongoles caucásicos”, son un pueblo túrquico y un importante grupo étnico en la región de Daguestán; hablan el nogayo, y descienden de los cumanos que se mezclaron con sus conquistadores mongoles y formaron la Horda de Nogay.

Nogayo es una palabra que se deriva de Nogai Khan, un general y dirigente mongol de la Horda de Oro descendiente de Gengis Khan.

Kan o jan, es en origen un título turco-mongol que significa ‘máximo gobernante’. Con frecuencia lo encontramos transcrito com khan, en turco moderno se escribe han.

Un kan controla un kanato (o jaganato). Un gran Kan equivaldría a emperador. Los más conocidos que han poseído el título de kan han sido Gengis Kan y su nieto Kublai Kan. El primero fundó el Imperio mongol y el segundo la dinastía Yuan en China. El último en utilizar el término fue el Bogd Khan, último emperador de Mongolia.

En Turquía, el término Khan todavía es escrito como Hanım en turco. Es también uno de los numerosos títulos usados por los sultanes otomanos, así como por los jefes de la Horda de Oro y sus descendientes. Entre los turcos selyúcidas era el título usado por los jefes de tribu, clan o nación, y estaba por debajo del rango de atabeg. Lo mismo ocurría entre los manchúes (que lo pronunciaban han). Los gobernantes ávaros y jázaros usaban el título jagan.

En Persia, Khan era el título nobiliario más importante y generalmente utilizado después del nombre. En la corte de Qajar era para aquellos que no pertenecían a la dinastía.

La Horda de Nogay apoyó al Kanato de Astrakán, hasta su caída a manos de los rusos en 1.556, fue entonces que pasó a ofrecer su lealtad al Kanato de Crimea. Los nogayos protegieron sus fronteras septentrionales y organizaron incursiones por la estepa a fin de evitar asentamientos eslavos. Durante ese tiempo, muchos nogayos emigraron a la península de Crimea para servir como soldados de caballería al kan. Una vez establecidos ahí, contribuyeron a la integración de los tártaros de Crimea. 

Sin embargo, los nogayos no solo eran buenos soldados, sus habilidades como agricultores también eran apreciables; tenían buenos conocimientos sobre el crecimiento de los granos y de irrigación de las áridas estepas que habitaban, también se dedicaban al cuidado de varios tipos de ganado.

A principios del s. XVII, los antepasados de los calmucos, los oiratos, emigraron de las estepas del sur de Siberia, a orillas del río Irtysh, a la región baja del Volga, a donde llegaron alrededor del año 1.630. Existen distintas propuestas sobre los motivos de esta migración, pero por lo general se cree que los calmucos abandonaron sus tierras en busca de mejores pastos para su ganado. Sin embargo, las tierras a las que llegaban estaban en el territorio nacional de la Horda de Nogay. Así pues, los calmucos las invadieron y expulsaron de la región a los nogayos, quienes huyeron hacia las llanuras al norte del Cáucaso y hacia el Kanato de Crimea, áreas bajo el control del Imperio Otomano, mientras que otros grupos buscaron la protección de la guarnición rusa de Astrakán. Y los remanentes de las tribus túrquicas que permanecieron en sus tierras pasaron a ser vasallos del Kan de los calmucos.

Tras la anexión rusa de Crimea, las tierras de los nogayos fueron confiscadas; sus tierras de pastoreo, ocupadas por colonos eslavos, posteriormente los rusos los obligaron a sedentarizarse. En 1.783, el general ruso Aleksander Suvórov masacró a varios miles de rebeldes nogayo-kubaneses. Muchas tribus nogayas se refugiaron entre los circasianos durante ese tiempo, y otros clanes comenzaron a emigrar hacia el Imperio turco otomano. Se estima que 7.000 nogayos, buyakos y yedisanos se instalaron en Dobruja antes de 1.860. La mayoría de estos nogayos volverían a emigrar más tarde hacia Anatolia. El mayor éxodo de nogayos tuvo lugar en 1.860, cuando varios clanes yamboilucos y kubaneses bajaron de Ucrania, invernando en territorio de sus co-etnias en 1.859, más de 50.000 que vivían en Kubán y la región adyacente de Stávropol emigraron al Imperio turco en ese periodo. Estas migraciones indujeron a los nogayos de Crimea (quienes vivían en los distritos de Eupatoria, Perekop y norte de Simferópol) y del sur de Ucrania a emigrar también. Más de 300.000 tártaros crimeos (entre los que se incluían nogayos) abandonaron Crimea. Los nogayos dejaron de poblar el sur de Ucrania en 1.861. Otros clanes nogayos emigraron directamente del Cáucaso a Anatolia, junto con los circasianos. La religión de los nogayos es el Islam sunita.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Lenin