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El Palacio de Gezer

Un equipo de arqueólogos ha descubierto un edificio palaciego que data de la época del rey Salomón, del siglo X a.C., en la ciudad de Gezer, sin evidencia de quién ocupaba este palacio o si fue utilizado por alguno de los reyes de Israel.

El descubrimiento por arqueólogos estadounidenses, que encontraron cerámica filistea entre los restos, apoyaría el relato bíblico, que señala que la ciudad fue filistea hasta ser conquistada por el rey David.

El complejo cuenta con un gran patio central, al igual que los edificios palaciegos contemporáneos que se han hallado en la zona. Aunque no se sabe quién gobernó desde ahí, si alguien lo hizo, el edificio es significativamente mayor que el tamaño de las casas normales de la época, explicó Steve Ortiz, director de la excavación, en representación del Museo Tandy del Seminario Teológico Bautista de Fort Worth, Texas.

Entre las características que no se encuentran en las estructuras domésticas habituales está la sillería -grandes piedras labradas monolíticas de forma rectangular- en las esquinas de las habitaciones. La característica principal es dos salas paralelas, largas o patios, rodeado por varias salas. El palacio tiene dos entradas desde el este y el oeste. La entrada desde el oeste también se conecta este edificio a la monumental puerta de seis cámaras asociadas por la mayoría de los estudiosos con Salomón, esta entrada está construida con más solidez que el resto del edificio.

Gezer con 6.000 años de historia, situada entre Jerusalén y Tel Aviv, es una ciudad con vistas a la llanura costera, y su historia se remonta bastantes siglos antes al rey Salomón. Según los arqueólogos, el sitio fue ocupado ya en el período calcolítico (IV milenio a.C.), y hace 3.400 años, su población Cananea estaba estrechamente vinculada con el lejano Egipto, como sabemos por los sellos del cilindro y una gran cartela descubierta del faraón Amenhotep III.

Las excavaciones han demostrado que la ciudad sufrió la destrucción violenta a manos de los egipcios. Tutmosis III registró su captura en las paredes del templo de Karnak.

Más tarde Gezer tuvo un papel prominente en las cartas de Amarna, mencionada por su nombre al menos nueve veces. El faraón Merneptah se jactó en su estela que él “tomó Gezer”. Según el Antiguo Testamento, la ciudad también se asoció con los filisteos en el tiempo de David, el rey rompió su poder “desde Geba hasta Gezer” (2 Samuel 5:25; 1 Crónicas 14:16).

Esta excavación ha demostrado el vínculo filisteo, al encontrar también los arqueólogos algunas piezas de cerámica con bicroma filisteo. Los arqueólogos también encontraron un fragmento revelador de un denominado “Ashdod” de cuello largo, una figurilla de aves con cara de mujer que muchos creen que representan una diosa egea. Este tipo de figurillas se han encontrado asociadas con los filisteos en otras excavaciones, como en Ashdod, Timna, Ecrón y Ascalón.

El equipo de excavación llama al edificio “Palacio de Salomón”, debido a la tradición bíblica de Salomón de construir grandes proyectos en Jatzor, Meguido y Gezer.

La Biblia dice que el poderoso monarca de Egipto entregó Gezer como dote a la mujer de Salomón, y que el rey de Israel reconstruyó la ciudad: Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer.

El rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, la quemó y dio muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dió en dote a su hija la mujer de Salomón. Restauró, pues, Salomón a Gezer…” (1 Reyes 9:15-17a). Las excavaciones han descubierto evidencias de que este pasaje bíblico se basa en hechos reales.

La ciudad fue destruida a finales de la Edad del Hierro I (alrededor de 1.200-1.000 a.C.). Sobre las ruinas se alzó una nueva ciudad con fortificaciones, el famoso complejo del portón, y un palacio que data de la segunda mitad del siglo X a.C. (época de Salomón). La magnitud y la artesanía del palacio muestra que sólo alguien con enormes recursos y una muy organizada plantilla de trabajadores cualificados podían permitirse la construcción de este complejo.

Fuente: http://protestantedigital.com/

 

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Orígenes de la lengua Española

Monasterios de San Millán. Suso (arriba) y Yuso (abajo).

El monasterio de San Millán, está considerado el lugar donde nació el castellano como lengua propia.

En la comunidad autónoma de La Rioja (España) entre las colinas cubiertas de los famosos viñedos, se encuentra el pequeño pueblo de San Millán de la Cogolla, con escasos 150 habitantes. Esta localidad no es muy diferente de otras muchas tranquilas villas del interior de España, sin embargo en ella se encuentra una joya de la época medieval, el monasterio de San Millán, considerado el lugar donde nació el castellano ya como lengua propia.

Antes que nada tenemos que conocer la situación lingüística en la Península Ibérica. Durante el Imperio Romano, el latín era la lengua que se extendió por toda Europa, usada en instancias administrativas, transacciones comerciales y la mayoría de las actividades cotidianas. Pero era un latín mayoritariamente vulgar, llevado por militares romanos y comerciantes, que se mezcló con las lenguas pre-romanas que existían antes de la conquista romana.

Tras el colapso del Imperio Romano de Occidente y las invasiones germanas, el latín se deformó y fue evolucionando de forma distinta que en otras partes del Viejo Continente, conformándose un proto-castellano aún difuso.

Las invasiones musulmanas arrinconaron a los cristianos de la Península en el norte del país, bajo la protección de las Marcas de Carlomagno, hasta que comienza la Reconquista. En medio de este larguísimo conflicto medieval, se logró expulsar a los moros de La Rioja y en la naciente San Millán de la Cogolla se decidió construir un monasterio que sería ampliado varias veces.

Bajo la protección de los reyes navarros, el lugar se convirtió en un foco cultural de primer orden de Europa, uno de esos lugares donde los monjes se recluían lejos del ajetreo cotidiano y se dedicaban a la contemplación y el rezo. Allí se construyó una scriptoria, una habitación dedicada a la escritura y copia de los bellos códices y la traducción de viejas obras grecorromanas. La importancia de este emplazamiento queda demostrado por el hecho de que a pesar de que San Millán no estaba dentro del Camino de Santiago, algunos peregrinos se desviaban muchos kilómetros para pasar por este lugar.

En el Monasterio, actualmente en manos de la Orden de los Recoletos, se conservan obras de valor incalculable, aunque la mayoría se encuentran en la Real Academia de Historia de Madrid. Entre ellos hay obras del remoto siglo X, libros de santos, salmos, misas, Biblias y valiosos códices, todos hechos a mano en una época muy anterior a la invención de la imprenta y decorados con delicados colores, imágenes y filigranas. Pero lo que hace único este lugar son las llamadas Glosas Emilianenses, un millar de anotaciones en un castellano muy arcaico que hacían los monjes en los márgenes de las páginas para entender y aclarar términos latinos difíciles. Se encuentran en el llamado Códice 60, una recopilación de homilías, también se conservan palabras en euskera, el idioma vasco. A través de ellos, se puede ver cómo era el lenguaje en el que se manejaban las personas de forma cotidiana, un castellano incipiente muy latinizado pero que ya empieza a diferenciarse. 

Una muestra de este arcaico castellano. Códice 60, pag. 72.

Con o aiutorio de nuestro dueño Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore et qual duenno tiene tela mantatione con o patre con o spiritu sancto en os sieculos de lo sieculos. Facanos Deus Omnipontes tal serbiio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus, Amen.

Este monasterio estaba lleno de decenas de monjes que trabajan a la luz de las velas entre polvorientos libros.

Su éxito fue tal, que al primer edificio llamado Monasterio de Yuso (Yuso significa “abajo” en Castellano antiguo) se le añadió una segunda construcción más amplia, el Monasterio de Suso (de “arriba”), situado a unos kilómetros de distancia. En él trabajó el célebre escritor medieval Gonzalo de Berceo, el primer poeta del castellano. Con el paso de los años, los códices fueron resguardados, pero sin despertar mayor interés, hasta que fueron redescubiertos en el siglo XX. El escritor y lingüista Dámaso Alonso lo consideró “el primer vagido de la lengua española”. Sin embargo, actualmente hay polémica con respecto a si realmente estas glosas son las primeras del castellano, ya que se hallaron documentos que podrían ser más antiguos. Es el caso de los Cartularios de Valpuesta o el curioso Documento de Kesos, un inventario de quesos del año 948. Pero San Millán se sigue considerando la cuna del idioma español, una lengua romance más de Europa como el francés, el italiano o el rumano.

Lo cierto es que es muy difícil establecer el nacimiento de un idioma, ya que siempre el aspecto oral, del que no queda registro, evoluciona antes que el escrito. Pero podemos decir que ya hacia el siglo X, se ha conformado un proto-español que con el paso de los siglos se irá diferenciando del latín y se hace complejo. Actualmente es el segundo idioma más hablado a nivel mundial, con 437 hispano hablantes en todas sus variantes, siendo la lengua romance la más extendida, en gran parte gracias a la expansión por América.

Fuentes:http://universoyrealidad.com/2017/09/27/el-alumbramiento-del-castellano/

https://lariojaturismo.com/comunidad/larioja/recurso/monasterios-de-yuso-y-suso-cuna-del-castellano/ae9e1cd3-53b6-4612-b199-db296db97d58

La Edad Oscura

El hundimiento de la civilización micénica inició la Edad oscura Griega. Ante la problemática que ofrecen las escasas fuentes para esclarecer las causas, se han propuesto diversas explicaciones, se tiende a considerar que fue producto de varios fenómenos interrelacionados.

El período oscuro transcurre desde el colapso del mundo micénico entre 1.200-1.100 a.C., hasta la época arcaica griega (siglo VIII a.C.), caracterizado por la escasez de fuentes que hagan referencia a la muy difícil reconstrucción de las realidades históricas.

Se ha asociado el inicio de la Edad Oscura con una oleada de invasiones de los Pueblos del Mar, a causa de la cercanía cronológica aproximada de la destrucción de los palacios micénicos con las invasiones documentadas en Egipto de estos pueblos. Algunas inscripciones de tablillas de lineal B de la época inmediatamente anterior a la destrucción del palacio de Pilos, sugieren que en esta ciudad se esperaba un ataque procedente del mar.

El origen de estas invasiones debe inscribirse en el contexto posterior a la caída del imperio Hitita que eliminó la fuente de estabilidad que había permitido la creación de redes de comercio a larga distancia y la prosperidad de las ciudades-estado del Levante durante la Edad del Bronce.

Sin una potencia dominante capaz de grandes campañas de represalia, muchos pueblos nómadas o semi-nomádas fueron capaces de atacar a las poblaciones más civilizadas. Aunque nunca ha estado claro por qué tantos pueblos se pusieran en marcha a la vez y por qué súbitamente todos ellos obtuvieron una ventaja militar tan grande contra civilizaciones que llevaban siglos de hegemonía. Otros problemas de esta teoría son que en la mayor parte de las islas del Egeo no se aprecian señales de destrucción, así como la constatación de que numerosas destrucciones de Grecia continental tuvieron lugar lejos de la costa.

Al parecer estos pueblos adoptaron una serie de armas nuevas (la espada larga y la jabalina) que les permitieron enfrentar con ventaja al arma por excelencia de las aristocracias que gobernaban las ciudades-estados: el carro con arqueros. Es probable que las guerras entre ciudades se hubiesen ritualizado (tal como ha sucedido muchas veces en la historia) y que ello, en combinación con las nuevas armas hubiera dado una gran ventaja a unos nómadas determinados y sanguinarios.

No se puede descartar que un fuerte terremoto colaboró en el proceso de desintegración de la próspera unidad económica que alimentó las culturas de la época micénica.

Como consecuencia de la inestabilidad y las invasiones, la agricultura de tipo mediterráneo colapsó, reduciéndose extraordinariamente la cantidad de población que podía mantener.

Es posible que alguna variación climática o el agotamiento de terrenos agrícolas por causa de una previa sobre explotación también ayudaran a la persistencia de la Edad Oscura durante 400 años. Aunque este cambio climático no ha sido suficientemente demostrado.

También se han propuesto causas por factores patológicos como la generalización de algunas epidemias o enfermedades, en base al estudio de restos de huesos de excavaciones en Lerna y Tirinto.

La leyenda cuenta que los dorios tomaron posesión de la península del Peloponeso (hacia 1.150 a.C.), es un hecho conocido como el Regreso de los Heráclidas. Los estudiosos de la época clásica lo vieron un hecho real que llamaron invasión dórica. El significado del concepto ha variado con el tiempo y tanto historiadores como filólogos y arqueólogos lo han utilizado para explicar las discontinuidades culturales que se encuentran en sus respectivos campos de estudio. El momento de la llegada de los dorios a Creta tampoco está claro, aunque los dorios conquistaron algunos lugares como Lato. A pesar de 200 años de investigación, la invasión dórica nunca ha sido establecida. Aunque ha permitido descartar otras posibilidades.

La antigua tradición cuenta que los descendientes de Heracles, exiliados después de su muerte, regresaron después de algunas generaciones, a fin de recuperar el dominio que su antepasado Heracles tenía en el Peloponeso. La Grecia a la que hacen referencia en el mito es la antigua civilización micénica.

La historia del regreso de los Heráclidas es considerada legendaria, ya que muchos detalles difieren de un autor de la época a otro, por lo que se supone que un clan dominante se declaró ser heredero del héroe griego Heracles para legitimar su poder.

Fuente:https://es.wikipedia.org/wiki/Edad_Oscura

Cultura ibérica (I)

La cultura íbera es el resultado de la sucesión de culturas desarrolladas en la Península ibérica desde la antigüedad, creándose como tal a partir de los primeros contactos con fenicios, etruscos, griegos y púnicos (s. X al VI a.C).

En el siglo V a.C. se puede hablar ya de una cultura completamente íbera, la influencia mediterránea es lo que da a la cultura íbera una cierta unidad cultural, pero la diferencian del resto de culturas mediterráneas por sus orígenes remotos en el neolítico, y a su vez en el paleolítico.

La lengua se cree que tuvo su origen en la cultura centroeuropea de Campos de Urnas, los análisis genéticos corroboran estas influencias, sin perder el sustrato lingüístico que habría antes de la llegada de estas gentes.

El desciframiento de la escritura ibérica, se inicia al menos 400 años atrás durante el Renacimiento. Entonces los estudiosos de la Antigüedad empezaron a interesarse por las monedas antiguas de Hispania, un buen número de las cuales llevaban leyendas escritas en unos signos que a diferencia de las griegas y latinas, no les eran comprensibles, lo que hoy llamamos escritura ibérica y que ellos denominaron «caracteres primitivos hispánicos».

Algunos vieron que ciertos signos de esta escritura ibérica presentaban semejanzas formales con las escrituras fenicia y griega, y eso propició algunos intentos de desciframiento. Quizás el primero en intentarlo fue Antonio Agustín, quien en 1.587 sugirió que la leyenda de una moneda hallada en Ampurias, que hoy leemos untikesken, significaba enporon, Ampurias en griego; Agustín lo adivinó a partir del parecido de los signos para la “n”, aunque no podía interpretar los demás. Con ese mismo método también identificó las letras s y ś. Después Vicencio Juan de Lastanosa hizo una importante recopilación numismática, el Museo de las medallas desconocidas españolas (1.645). A lo largo del siglo XVIII fueron varios los autores que se ocuparon de estos temas, haciendo aportaciones muy significativas. Luis José Velázquez, en un ensayo de 1.752, defendió el origen griego y fenicio de las antiguas escrituras hispánicas. Aunque su propuesta de desciframiento no era adecuada, al menos la vinculación con la escritura fenicia era correcta, pues hoy sabemos que en ella está el origen último de las antiguas escrituras hispánicas. Además, la semejanza formal con el griego y el fenicio le permitió identificar correctamente los signos ibéricos para los valores a, e, r y l.

El valenciano Gregorio Mayans Siscar, uno de los estudiosos más importantes de la epigrafía antigua de España, alardeaba en una carta que escribió a un amigo suyo en 1.759: «Vuestra merced no se canse de interpretar las monedas antiguas españolas, porque esa gloria la tiene Dios reservada para mí, cuando quiera emplear en ese estudio tres o cuatro meses». Sin embargo, en vez de tres o cuatro meses, habría que esperar más de 150 años para que la interpretación de las leyendas de esas monedas se hiciese realidad. También hubo autores que formularon hipótesis fantasiosas, como Juan Bautista de Erro, que en 1.806 rechazaba el origen griego y fenicio de la escritura ibérica y defendía lo contrario, que era la escritura griega la que procedía de la española antigua.

El estudioso francés Aloïss Heiss, en una obra de 1.870, incluía una tabla de leyendas de monedas en la que prácticamente todos los signos ibéricos estaban correctamente transcritos, pero fallaba una cosa: Heiss no se percató de que la escritura ibérica era una combinación de signos alfabéticos y silábicos, algo inesperado. Otro estudioso, el español Jacobo Zóbel, en un libro publicado en 1.880 descifró correctamente las vocales, varias consonantes (l, n, m, s y ś) e incluso algunos signos silábicos (ka, ke, ko y du). Por su parte, el alemán Emil Hübner, en la gran recopilación de inscripciones ibéricas que publicó en 1.893, afirmó que la escritura ibérica procedía de la fenicia y no de la griega, pero no tuvo en cuenta las propuestas de interpretación en clave silábica que ya habían puesto en circulación otros autores. Por otro lado, estudió las leyendas de las monedas siguiendo la estela de un autor anterior, Antonio Delgado. En su nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, publicado en tres tomos entre 1.871 y 1.879, Antonio Delgado había desarrollado la idea de que en muchos casos las monedas con leyendas ibéricas procedían de la misma ceca o lugar de emisión que otras monedas con leyendas latinas, puesto que presentaban el mismo tipo de imágenes y tenían un área de dispersión similar. Esto significaba que el nombre de la localidad que figuraba en las monedas debía ser el mismo. Todo este trabajo previo sirvió de base a los estudios del arqueólogo e historiador español Manuel Gómez-Moreno, quien comprendió que este hecho podía constituir la clave para progresar en la interpretación de la escritura ibérica. Comparando las leyendas de monedas ibéricas y latinas producidas en una misma ceca, elaboró un cuadro de equivalencias fonéticas entre los signos de las leyendas de monedas ibéricas y los valores que, de acuerdo con las leyendas latinas correspondientes, era probable que tuvieran.

En la década de 1940, Gómez-Moreno estableció los valores fonéticos del conjunto de los signos de la escritura, de manera que ahora sabemos como deben pronunciarse términos como ekusu y karkoskar. Desgraciadamente, nuestra ignorancia de la lengua ibérica nos impide comprender el significado de estas palabras y el de los numerosos textos ibéricos que se han localizado, inscritos en láminas de plomo, cerámicas, monedas y lápidas.

Por otro lado, Gómez-Moreno vio bien claro que existían al menos dos variedades de escritura diferentes, la que él denominaba “tartésica” y la que propiamente llamamos ibérica. En un artículo publicado en 1.943 realizó una comparación de la escritura ibérica con otras escrituras del Mediterráneo.

Hoy en día sabemos que no hubo un solo sistema de escritura en la Hispania antigua, es decir, no hubo una única escritura ibérica. La que descifró Gómez Moreno es la escritura ibérica levantina, empleada para escribir tanto la lengua ibérica como la celtibérica; en ella están escritas la mayor parte de las inscripciones paleohispánicas que conocemos hoy.Escritura Ibero levantina.

La gramática y el vocabulario de la lengua ibérica siguen siendo en su mayor parte un enigma. En el caso de las otras variedades de antiguas escrituras hispánicas, la hoy denominada meridional y la llamada escritura de las estelas del suroeste o tartésica para otros autores, subsisten todavía muchas dudas en cuanto a la interpretación de varios de sus signos.

Tampoco se puede asegurar que los signos encontrados sean autóctonos, ya que la península Ibérica siempre ha sido un “puente” intercontinental, lugar de paso, encuentro, asentamiento y mestizaje con otros pueblos. A pesar de que los pueblos íberos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. Los íberos fueron pueblos que evolucionaron desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de estructuras proto-estatales, viéndose ayudados por la influencia de los fenicios y luego de griegos y púnicos, que traerán consigo elementos como bienes de prestigio, que ayudarán a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.

Algunos estudiosos han sugerido la posibilidad de que los íberos podían tener su origen en el norte de África, pero los análisis genéticos de Igenea descartan por completo esta hipótesis. No existen por vía materna, los halogrupos U6 ni L de origen africano, en Igenea emparentan a los íberos con los celtas o incluso con los aquitanos.

Los iberos inicialmente se habrían asentado a lo largo de la costa oriental de España y más adelante se propagaron por la península ibérica. Los halogrupos más característicos de los íberos, son el R1b, H, T, U, V. Pudieron desplazarse hacia regiones que no ocupaban antiguamente, R1b y T son dos linajes con orígenes diferentes y ambos se considera que estaban en la Península en esa época, y también los maternos H, U y V, así como desaparecerían los I paternos y K maternos que en la antigüedad podrían haber sido los más comunes en el norte de la península.

No podemos conocer la composición genética de un íbero por los tests de Igenea. A lo sumo se puede intuir por los linajes directos que nos han llegado, pero los autosomas que es “la composición” aún no se puede completar. Según la publicación por Annals of Human Genetics, la composición genética de los íberos por vía materna era: H (52.9%); U (17.6%); J (11.8%); pre-HV (5.9%); K (5.9%); T (5.9%).

Se afirma que los íberos formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y fueron los creadores de la gran cultura megalítica que surge en toda esa zona, una teoría respaldada por estudios genéticos. Esos íberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente (según la interpretación más tradicional), los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones, en el siglo IX y el VII a.C. y se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el Ebro, donde se mezclaron con los íberos para conformar el grupo Celtíbero.

+INFO:https://cosmoecologos.wordpress.com/2013/09/09/pueblos-de-la-peninsula-iberica/

Fuentes:
http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5716/1/Lucentum_25_02.pdf
www.igenea.com
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-escritura-de-los-iberos_8742/6

Los orígenes de Lenin

Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), nació el 10 de abril de 1.870 en Simbirsk, la ciudad pasó a denominarse Uliánovsk en mayo de 1.924 en honor a Lenin. Su padre, un liberal partidario de las reformas del zar Alejandro II, era inspector escolar, cargo relativamente alto en el escalafón de la burocracia imperial que llevaba aparejado el título de “su excelencia” lo que lo equiparaba a la pequeña nobleza. Su ascenso en el funcionariado estatal lo había llevado a alcanzar la nobleza hereditaria en 1.874.

Nikolái Uliánov, el abuelo paterno de Lenin, hijo a su vez de un siervo de Astrakán, era en parte calmuco, pueblo de etnia mongol. Su abuelo materno Aleksandr Blank (hijo de Moishe Blank, un comerciante de Volinia), era un médico de origen judío convertido al cristianismo, casado con Ana Groschop de familia luterana alemana. Blank se enriqueció, llegó a ser consejero de Estado y en 1.847 se retiró a sus posesiones de Kokúshkino, en Kazán, hacienda donde Lenin pasó parte de su juventud. Su familia era una mezcla de las etnias y tradiciones religiosas que conformaban entonces el Imperio ruso. El mismo Vladímir, conocido de pequeño por su diminutivo Volodia, fue bautizado por el rito de la Iglesia ortodoxa rusa.

El fuerte de Simbirsk fue construido en 1.648 sobre una colina situada en la margen occidental del Volga, con el propósito de proteger el límite oriental del naciente Imperio ruso de las tribus nómadas nogayas.

Los nogayos o nogayes, nogay, en ocasiones también conocidos como “mongoles caucásicos”, son un pueblo túrquico y un importante grupo étnico en la región de Daguestán; hablan el nogayo, y descienden de los cumanos que se mezclaron con sus conquistadores mongoles y formaron la Horda de Nogay.

Nogayo es una palabra que se deriva de Nogai Khan, un general y dirigente mongol de la Horda de Oro descendiente de Gengis Khan.

Kan o jan, es en origen un título turco-mongol que significa ‘máximo gobernante’. Con frecuencia lo encontramos transcrito com khan, en turco moderno se escribe han.

Un kan controla un kanato (o jaganato). Un gran Kan equivaldría a emperador. Los más conocidos que han poseído el título de kan han sido Gengis Kan y su nieto Kublai Kan. El primero fundó el Imperio mongol y el segundo la dinastía Yuan en China. El último en utilizar el término fue el Bogd Khan, último emperador de Mongolia.

En Turquía, el término Khan todavía es escrito como Hanım en turco. Es también uno de los numerosos títulos usados por los sultanes otomanos, así como por los jefes de la Horda de Oro y sus descendientes. Entre los turcos selyúcidas era el título usado por los jefes de tribu, clan o nación, y estaba por debajo del rango de atabeg. Lo mismo ocurría entre los manchúes (que lo pronunciaban han). Los gobernantes ávaros y jázaros usaban el título jagan.

En Persia, Khan era el título nobiliario más importante y generalmente utilizado después del nombre. En la corte de Qajar era para aquellos que no pertenecían a la dinastía.

La Horda de Nogay apoyó al Kanato de Astrakán, hasta su caída a manos de los rusos en 1.556, fue entonces que pasó a ofrecer su lealtad al Kanato de Crimea. Los nogayos protegieron sus fronteras septentrionales y organizaron incursiones por la estepa a fin de evitar asentamientos eslavos. Durante ese tiempo, muchos nogayos emigraron a la península de Crimea para servir como soldados de caballería al kan. Una vez establecidos ahí, contribuyeron a la integración de los tártaros de Crimea. 

Sin embargo, los nogayos no solo eran buenos soldados, sus habilidades como agricultores también eran apreciables; tenían buenos conocimientos sobre el crecimiento de los granos y de irrigación de las áridas estepas que habitaban, también se dedicaban al cuidado de varios tipos de ganado.

A principios del s. XVII, los antepasados de los calmucos, los oiratos, emigraron de las estepas del sur de Siberia, a orillas del río Irtysh, a la región baja del Volga, a donde llegaron alrededor del año 1.630. Existen distintas propuestas sobre los motivos de esta migración, pero por lo general se cree que los calmucos abandonaron sus tierras en busca de mejores pastos para su ganado. Sin embargo, las tierras a las que llegaban estaban en el territorio nacional de la Horda de Nogay. Así pues, los calmucos las invadieron y expulsaron de la región a los nogayos, quienes huyeron hacia las llanuras al norte del Cáucaso y hacia el Kanato de Crimea, áreas bajo el control del Imperio Otomano, mientras que otros grupos buscaron la protección de la guarnición rusa de Astrakán. Y los remanentes de las tribus túrquicas que permanecieron en sus tierras pasaron a ser vasallos del Kan de los calmucos.

Tras la anexión rusa de Crimea, las tierras de los nogayos fueron confiscadas; sus tierras de pastoreo, ocupadas por colonos eslavos, posteriormente los rusos los obligaron a sedentarizarse. En 1.783, el general ruso Aleksander Suvórov masacró a varios miles de rebeldes nogayo-kubaneses. Muchas tribus nogayas se refugiaron entre los circasianos durante ese tiempo, y otros clanes comenzaron a emigrar hacia el Imperio turco otomano. Se estima que 7.000 nogayos, buyakos y yedisanos se instalaron en Dobruja antes de 1.860. La mayoría de estos nogayos volverían a emigrar más tarde hacia Anatolia. El mayor éxodo de nogayos tuvo lugar en 1.860, cuando varios clanes yamboilucos y kubaneses bajaron de Ucrania, invernando en territorio de sus co-etnias en 1.859, más de 50.000 que vivían en Kubán y la región adyacente de Stávropol emigraron al Imperio turco en ese periodo. Estas migraciones indujeron a los nogayos de Crimea (quienes vivían en los distritos de Eupatoria, Perekop y norte de Simferópol) y del sur de Ucrania a emigrar también. Más de 300.000 tártaros crimeos (entre los que se incluían nogayos) abandonaron Crimea. Los nogayos dejaron de poblar el sur de Ucrania en 1.861. Otros clanes nogayos emigraron directamente del Cáucaso a Anatolia, junto con los circasianos. La religión de los nogayos es el Islam sunita.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Lenin

Rutas de la Seda

           Ruta de la Seda (amarillo) Ruta de las Especias (azul)

El Próximo Oriente (Siria, Fenicia, Tierra Santa, Egipto, etc.), era la “última parada” de las mercancías orientales antes de su embarque final hacia los puertos europeos. Las cruzadas fueron en buena parte una maniobra europea para controlar el comercio de los puertos orientales.

Las rutas comenzaban en India y China y terminaban principalmente en el Imperio Bizantino y las repúblicas marítimas italianas. También se comprende la debacle que supuso para Europa que los turcos conquistasen Próximo Oriente. Las rutas desde China hacia el Índico pasan por las actuales Pakistán y Bangladesh, dos países que los británicos se preocuparon de separar del resto de India. Dicha división territorial tuvo por objetivo enfrentar irremisiblemente a China con India.

Gracias al Imperio Bizantino y a las cruzadas, Europa dominó durante mucho tiempo el Mediterráneo Oriental, mantuvo un pie en Asia y, en general, tenía gran protagonismo en Oriente. Esto cambió radicalmente con la irrupción de los otomanos en el siglo XV. Con la caída de Constantinopla y otras importantes plazas como Rodas y Alejandría, en manos de los turcos, Europa perdió su conexión con Asia.

Al heredar Mehmed II la corona, decidió que Constantinopla tenía que ser como prometía el Corán, arrebatada por fin a los infieles. De nada sirvió la resistencia heroica del último emperador Constantino XI, y de sus hombres. Durante el saqueo de la ciudad que duró varios días, fueron asesinados alrededor de 5.000 ciudadanos de todas las condiciones, y el resto de la población, casi 50.000 personas fueron reducidas a la esclavitud. Mehmed, para divertirse, compró a sus hombres los nobles bizantinos que no habían podido escapar y les mandó ejecutar en su presencia, para a continuación reunir sus cabezas sobre una mesa expuesta al escarnio público. Constantinopla se había convertido en Estambul, y el sultán, a partir de entonces, fue llamado Hunkar, lo que quiere decir “bebedor de sangre”.

El Imperio Otomano bloqueó la Ruta de la Seda y la Ruta de las Especias, tomando el control de las principales mercancías de Oriente y enriqueciéndose a pasos agigantados mientras Europa se iba empobreciendo. Las relaciones con el Este se vieron truncadas. Con la complicidad de Inglaterra, Holanda, Francia y los poderes protestantes y judíos en general, los otomanos establecieron bases esclavistas en todo el Magreb, sembraron la desolación incluso en las costas españolas y convirtieron el Mediterráneo en un infierno. Muchos consideraron durante aquella época que la caída de Roma estaba cerca y que la Cristiandad tenía los días contados. Este conjunto de desgraciados sucesos es lo que forzó a algunas potencias europeas a echarse al Atlántico como última opción, con la intención original de encontrar otra ruta para llegar a las “Indias Orientales”.

La ruta de la seda dejó de servir como ruta marítima alrededor de 1.453. Los gobernantes otomanos eran anti occidentales, luchando contra los cruzados y conscientes de la pérdida de Andalucía, por lo que expresaron su descontento embargando el comercio con el oeste. Las cosas se aliviaron un poco casi un siglo más tarde, cuando Venecia fue capaz de cortar un trato difícil con los otomanos, recobrando por un tiempo parte de su peso económico como intermediarios.

En los tratados de Tordesillas (1.494) y Zaragoza (1.529), españoles y portugueses se repartieron el mundo. Los españoles pondríamos rumbo a Occidente y enlazaríamos España con Filipinas a través de las Américas y el Pacífico, mientras que los portugueses, sin saberlo, crearon la primera ruta desde Portugal a Japón. El objetivo era llegar a Extremo Oriente sin tener que pasar por el Mediterráneo Oriental, controlado por el Imperio Otomano.

Este fue el principal factor que impulsó las exploraciones portuguesas del océano Índico, incluyendo el mar de China, dando lugar a la llegada del primer barco mercante europeo a las costas de China en 1.513, bajo el mando de Jorge Álvares y Rafael Perestrello, seguido por la misión diplomática y comercial de 1.517 encomendada a Fernão Pires de Andrade y Tomé Pires por Manuel I de Portugal, la cual inauguró formalmente las relaciones entre el Imperio portugués y la dinastía Ming durante el reinado del emperador Zhengde. La entrega de Macao a Portugal en 1.557 por el emperador de China (como recompensa por los servicios prestados contra los piratas que invadían el mar de China Meridional) dio lugar al primer puesto comercial y marítimo europeo permanente entre Europa y China. Otras potencias europeas seguirían su ejemplo en los próximos siglos provocando la eventual desaparición de la Ruta de la Seda.

Asimismo, el viaje de Cristóbal Colón en 1.492 tenía como objetivo buscar una ruta comercial alternativa a China, desde España, a través del Atlántico. Hasta unos años después del descubrimiento de América, se pensó que la expedición de Colón había llegado al continente asiático. No fue hasta el descubrimiento del océano Pacífico por el español Vasco Núñez de Balboa (tras cruzar el istmo de Panamá) en 1.513, que cartógrafos y navegantes supieron que América era un “Nuevo Mundo”, situado entre Europa y Asia.

La búsqueda de una ruta marítima a China se retomó unos años más tarde, con la expedición de Magallanes y Elcano de 1.519 a 1.522, la primera en cruzar el Pacífico y la primera en dar la vuelta al mundo. Con el descubrimiento del ‘tornaviaje’, o ruta de regreso de Filipinas a México a través del Pacífico, a cargo de Andrés de Urdaneta en 1.565, se estableció la ruta del Galeón de Manila, la primera en cruzar regularmente el Pacífico en ambas direcciones, concretamente entre la Capitanía General de Filipinas y la Nueva España. Esta ruta a su vez enlazaba por tierra (a través de México) con la ruta de las Flotas de Indias que unían América y España a través del Atlántico, creándose así una gran ruta combinada de alcance mundial, entre Asia y España, que duró desde 1.565 hasta principios del siglo XIX. Esta gran ruta española es también uno de los primeros ejemplos de mundialización o globalización.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ruta_de_la_seda

http://europasoberana.blogspot.com.es/2013/05/la-ruta-de-la-seda-el-collar-de-perlas.html

http://www.cervantesvirtual.com/portales/la_caida_de_constantinopla/#12

Jesús de Nazaret (el Cristo)

Ningún historiador serio duda de la existencia de Jesús de Nazaret. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencias de que existió Jesús que las que tenemos de famosos personajes históricos paganos.

También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier Palestino judío antes del 70 d.C.».

E.P. Sanders en «La figura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Judas el Galileo y otras figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar».

Y F.F. Bruce autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César.

La muerte en la cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús, señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron.

Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande, explica Guijarro en «El relato de la Pasión y la historia del cristianismo».

El historiador norteamericano John P. Meier, relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo en conversaciones con gente de la prensa y el libro (…) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: ¿puede usted probar que existió?. Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como: ¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús?. Entonces creo que, gracias a Flavio Josefo, la respuesta es sí.

Flavio Josefo (93 d.C.)

El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro Antigüedades judías (91-94) una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego, (Él era el Mesías) y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él). Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».

En Ant. 20.9.1. también hace referencia a Jesús, que es llamado Mesías, al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.

Tácito (116 d.C.)

El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a Cristo en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».

Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos.

Plinio, el Joven (112 d.C.)

Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo como a un dios: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios (Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem). Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».

Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.

Suetonio (120 d.C.)

El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».

La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «Áquila y Priscila acababan de llegar (a Corinto) desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».

Luciano (165 d.C.)

El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres… Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».

Mara Ben Sarapión (finales del siglo I)

Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino?. Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».

Celso (175 d.C.)

En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.

En el Talmud

El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s. XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado de Sanedrin 43a se menciona a Yeshú: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: “En la víspera de la pascua se colgó a Jesús”. Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: “Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo”. Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua».

Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica, considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico».

Fuente:http://www.abc.es/sociedad/20140417/abci-testimonios-cristianos-existencia-jesus-201403101319.html