La piedra-altar Ara Pacis o Altar de la Salud de Cartagena, está datada en el primer tercio del siglo I de nuestra Era.

El descubrimiento del altar durante el siglo XVI en el Monte Sacro de Cartagena tuvo que ser muy celebrado. Incluso atrajo el interés del licenciado Cascales, quien en su obra “Discursos históricos sobre Murcia y su Reino” (1.621) propuso una de las primeras descripciones de la pieza. Con el tiempo se la conocería como la Ara de Espinardo, aunque nadie olvidó jamás que era de Cartagena.

Cascales recuerda que la piedra fue trasladada a Murcia por el obispo don Sancho Dávila en 1.594 y más tarde se instaló en el jardín de Alonso Fajardo, marqués de Espinardo (Murcia). Allí la encontraría el célebre arqueólogo Ivo de la Cortina, en 1.830 cuando paseaba por el jardín del palacio de los marqueses de Espinardo. El profesor quedó deslumbrado ante una pieza romana de tal belleza y se apresuró a comunicar el hallazgo a la Real Academia de Historia. Ya que su deseo era proteger y poner en valor la pieza, porque si en el futuro pasara a decorar algún museo extranjero, digan nuestros sucesores: “Ese es un robo hecho a nuestro patrimonio y a nuestro honor nacional”.

Cascales señalaba que el altar «no tiene letra ninguna; es piedra de mármol con jeroglíficos; en un costado tiene un timón, en otro la figura de Palas con un ramo de olivo, en el tercero una cornucopia, en el último un caduceo de Mercurio». El mármol de Carrara, representaba la era de paz que inauguró el emperador Augusto, aunque otros autores mantienen que la pieza estaba dedicada a los dioses Esculapio (Medicina) y Salus (Salud).

El altar embelleció el palacio del marqués de Espinardo hasta su muerte, luego sus herederos lo trasladaron a Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Concretamente, lo heredó Joaquín Escrivá de Romaní y Fernández de Córdoba, XIV marqués de Espinardo, V marqués de Aguilar de Ebro y XVI conde de Sástago.

La última parada en su periplo llevó la pieza hasta Monistrol, al pie del monasterio de Montserrat donde fue ubicada en otro palacete privado. Y es entonces, a comienzos de 1.940, cuando el Museo Arqueológico de Barcelona la adquirió para su colección.

La obra romana, en realidad, siempre estuvo localizada. García Bellido, en el libro “Esculturas romanas de España y Portugal” (1.950) la describe como «ara cuadrangular con relieves». Sin embargo, como tantas cosas en esta tierra, terminó olvidándose.

El 8 de julio de 1.997, el Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Cartagena impulsó con éxito las gestiones oportunas para el retorno de la pieza. La idea era conseguir una cesión temporal con motivo del 50º Congreso Nacional de Arqueología. La ara regresó a la ciudad portuaria; pero de visita. Hasta que el 8 de Julio de 2.005, se promovió una moción conjunta del Partido Popular en el Senado y el Gobierno regional para el retorno definitivo de la pieza.

El Senado debatió la moción el 10 de Octubre de 2.006. La defensa corrió a cargo de la senadora Belén Fernández-Delgado, quien advirtió de que la obra no era muy significativa para el patrimonio catalán, ya que no tiene nada que ver con el Museo Arqueológico de Barcelona. Además, subrayó la oportunidad de exponerla en el Museo Arqueológico de Cartagena, que debía inaugurarse en 2.007.

Los senadores del Partido Nacionalista Vasco apoyaron la moción, porque «debe ser justo que Murcia, en este caso, tenga el altar». Al final se aprobó la iniciativa, con 10 votos a favor y 9 en contra. El texto solo instaba al Gobierno Central a mediar ante el ejecutivo catalán en una futura negociación para recuperar la pieza.

La respuesta de la Generalitat de Catalunya, de la directora del museo barcelonés, Nuria Rufel, fue inmediata. «Con todos los respetos al Senado -declaró Rufel al diario La Verdad-, no son ellos los que tienen que decidir esto. El asunto debe ser tratado entre las dos comunidades, que son las que tienen las competencias exclusivas en materia cultural», y añadió «Nosotros tenemos el Ara Pacis en depósito gracias a una donación y, si llegara el momento, habría que estudiar de quién es la pieza y dilucidar su titularidad».

Lo que es probable que desconociera Rufel, como el resto de senadores, era la existencia de un documento que demuestra cómo el traslado del altar, si no fue un expolio, poco le faltó. Y que el interés de los murcianos por recuperar la pieza y exhibirla en un museo de la ciudad comenzó hace casi un siglo y medio. Así que hemos tenido tiempo de sobra para convertir el deseo en una realidad.

PETICIÓN DE FIRMAS PARA LA DEVOLUCIÓN DEL ARA PACIS A CARTAGENA.

https://www.change.org/p/president-de-la-generalitat-de-catalunya-que-el-ara-pacis-regrese-a-cartagena

Fuente:http://www.laverdad.es/murcia/v/20130113/murcia/sutil-expolio-espinardo-20130113.html

 

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